martes, 23 de marzo de 2010

Me voy a marchar

Dublín, ocho de la mañana.
Nada, que no hay manera. Ni la primavera toma colacao ni tiene ganas de acercarse por estas tierras. Me despierto en fases- pongo el despertador a las seis de la mañana porque estoy convencida de que a esa hora me sacará de la cama el borrador de una novela fantástica- seis, siete y por fin las ocho, hecha una croqueta entre las sábanas y no se ve nada al otro lado del cristal.
El martes se ha vuelto yogur.
El mal tiempo se ha colado hasta en los minutos musicales, mirad si no el vídeo de ayer de Coque Malla. La Gran Via a punto de llover. Cómo me gustan esas azoteas, cómo las echo de menos.
El año que estuve yendo y viniendo de Madrid- creo que ya lo he contado alguna vez- apunte entre mi lista de objetivos ver la Gran Vía desde arriba. Así que un fin de semana de Mayo en el que tenía un poco más de liquidez me pillé una habitación en uno de los hoteles cercanos a Callao y pregunté si se podía subir a la azotea. El chico de recepción me miró con cara de "aquí cada cual tiene su filia, pero si no molesta..." y me indicó donde estaba la puerta mágica.
Subí al desván- como los dibujos de José Ramón Arévalo- y me encontré con una terraza enorme, como la de estos vídeos, debajo del reloj de telefónica (que es mi referente en Gotham city) desde la que se divisaba todo Madrid. Y cuando digo todo es que lo que desde allí no se veía o no existía o es que no era Madrid, de lo preciosa que era la vista.
La terraza estaba vacía. A todas horas. Lo digo con conocimiento de causa, porque como era Mayo y hacía un solazo estupendo- como en el vídeo de Tulsa- yo casi me pasé los dos días allí, con mi coca-cola en el suelo y la moleskine, escribiendo tonterías y sintiéndome la mujer más afortunada del mundo. Siempre se ha dicho que "De Madrid al cielo", ¿no? Pues yo acababa de entrar en la sección de perfumería y vistas del limbo.
Invité a mis amigos a que me visitaran en la torre. Solo Giorgio, que es viajero como Phileas Fogg se atrevió. Vimos anochecer desde allí y nos inventamos historias sobre nuestros vecinos de azoteas: " Aquellos del césped artificial son publicistas o tienen un gabinete de comunicación" "El piso de enfrente es de una señora que lo heredó de su madre y no ha cambiado los muebles" " Por esa ventana se asoma la mujer infiel de un banquero que acaba de ponerse botox y así no sufre cuando le sonríe con indiferencia"...El reloj de telefónica se puso rojo, de un rojo infierno y nos fuimos a la calle porque no estábamos de humor para soportar las rarezas de Batman.
A la mañana siguiente le propuse a Giorgio volver a la terraza, hacer un picnic en ella: "Si no hay nadie Giorgio, es toda nuestra. Te puedes traer el piano si quieres, no te van a molestar." Pero él con gran sensatez me dijo : "Evamaring, no. Hoy hay que volver a la tierra" Cuando Giorgio me llama evamaring suele tener razón y además de razón, aliña sus palabras con un tono hipnótico, así q yo le sigo como si fuera el flautista de Hamelín.
Aquella mañana también lo hice. Bajé a tierra y nos pasamos el día caminando por Madrid, como Forrest Gump pero en castizo. A la hora de cenar estábamos en Lavapiés y en el escaparate de una librería muy extraña vimos un cartel con la foto de una señora que decía que Dios le dictaba los libros.
-¿Ves Giorgio?, esta señora tiene línea directa sin necesidad de subirse a lo alto de un edificio.
- Si evamaring, ya lo veo. Pero a ella no quiero cogerla de los pies y tú, aunque has bebido demasiado bourbon con orquídeas, aún puedes vivir en la tierra.
Me convenció.
Giorgio me desarma con sus argumentos. Desde entonces cada vez que veo las azoteas de la Gran Vía pienso que estuve cerca de vivir allí. Si aquel fin de semana Giorgio me hubiera dejado, os escribiría desde lo alto del Meliá Gran Via.
Por eso cuando veo estos vídeos siento nostalgia.
Y ganas de irme volando.

6 comentarios:

evamaring dijo...

No he corregido el post ni puedo hacerlo porque si no se me escapa el vídeo. Pido disculpas de antemano por la tipografía, las rimas internas, las repeticiones y las faltas que encontréis.
De hecho iba escribiendo sin pensar y he confundido el nombre del dibujante de Dabadabadá, José Ramón Sánchez, no Arévalo. Estaba pensando en el actor de "Azul oscuro casi negro" y se me han cruzado los apellidos.

Siento mi tendencia a precipitarme, pero si no lo hago así hay días q no escribiría en el blog, así q vayan por delante mil perdones y gracias por la paciencia.
Besos
eva

Raúl dijo...

Sonrío.
Normalmente, sonrío mientras te leo. Y eso me resulta de lo más curioso.
De un tiempo a esta parte (no sé qué película tendrá la culpa pero a buen seguro que hay una película detrás de ésta filia tan extendida) las azoteas resultan de lo más atractivas. Y también literarias. Digo yo que será, porque las cumbres de las montañas nos quedan muy lejanas, y el hombre actual es de un perezoso que asusta.
Otra cosa que me ha ocurrido hace un instante mientras leía tu entrada (hasta tu nostalgia se me hace simpática) es que me he descubierto tarareando ele stribillo de aquella serie infantil.
Sonrío, ya digo.

evamaring dijo...

¡Qué madrugador Raúl!
me alegra que sonrías incluso con mi nostalgia, porque no es una melancolía pegajosa, sino un "volveré, vuelvo pronto" fresquito, como limonada.
Tienes razón: hay mucha literatura en las azoteas. Y desde hace un tiempo muchos vídeos musicales.
Primero fueron los de Pata Negra con "pasa la vida" que nos metieron esa necesidad de tenerlos en frente cantando en "Bajarse al moro" y luego Ghost Dog de Jim Jarmusch, con las palomas.
Yo creo que sería posible vivir en ellas. Una vez empecé un cuento sobre un hombre dperimido al que el psicólogo le recomendaba mirar más al cielo y que cogía el colchón de su casa y se mudaba a la azotea. Allí empezaba a vivir, se enamoraba, bailaba entre las sábanas....no lo terminé. No quería que mi protagonista bajara de allí nunca.
Ah! Y precisamente en "Azul oscuro casi negro" hay otra azotea fantástica...
Bueno, que me he liado.
Gracias por la sonrisa
besos
eva

encarnisabina dijo...

Me ha gustado muchísimo, con repeticiones y todo, da igual, a mi también me atraen las azoteas de cualquier sitio del mundo y si es posible intento subir a lo más alto que se me ponga a tino ( pese a mi vértigo enfermizo) por que pienso que para conocer bien una ciudad hay que mirarla desde arriba, para medirla, para contemplarla, para pensar que está a tiro de piedra..me encanta, y la verdad es que casi todos los sitios que he visitado los he visto desde lo alto de una manera u otra....menos Madrid, con lo cual me anoto lo del Meliá Gran Vía....

Besos

evamaring dijo...

Yo no sé por qué razon me gustan tanto las azoteas, pero en las casas en las q he vivido siempre me ha gustado que tuvieran vistas a los terrados (?) de los demás. No sé...me parece otro mundo.
Me alegro de que te haya gustado Al y ¿vértigo? No dejas de sorprenderme. Mil besos
eva

Viola Tricolor dijo...

Qué bueno lo de la terraza del hotel jaja, no se si sabes que estas dos últimas navidades han abierto la terraza del círculo de bellas artes, yo siempre digo que en madrid falta un mirador, aunque sólo haya sido por un rato ya tuve mi tarde de altura porque es una maravilla esa terraza.
Un beso.