Mi padre me traía folios y lápices bicolores del despacho.Yo aún no sabía escribir pero pintaba filas de hormigas y las salpicaba de puntos. Así empezó todo. Desde entonces no he dejado de rayar cualquier cosa: desde los folios del juzgado hasta el cartón de las medias. Esto no se cura, así que lo mejor es vivir rodeada de letras.
2 comentarios:
Pues mantén las ganas para cuando me autoinvite por esa terraza tan inmobiliariamente odiosa ;)
Eso está hecho, Magenta.
Mil besos!!!
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