
La última vez que estuve en Madrid Magenta nos habló de Ciudad Pegaso:
- Tenemos que organizar una excursión con tiempo. Evamaringg, te va a encantar. Yo ya estoy practicando con la petanca, porque allí, en Ciudad Pegaso, la petanca es lo más.
Andábamos con el queso y el vermú en la mano, y a todos se nos pegaron los párpados a las cejas. Magenta sonrió moviendo la sonrisa con coquetería y ritmo, como hacían las marilynes que colgaban de los retrovisores en los coches, paladeando su noticia.
- Sí, sí, Ciudad Pegaso, me habéis oído bien. Queda cerca de mi casa y está lleno viejecitas vestidas de rosa que hacen pasteles de manzana. Allí sigue de alcalde Tierno, tienen más papel de pared que en casa de los Alcántara y sirven la limonada en vasos de duralex.
¿Limonada? Tal vez quiso decir tang, tang de naranja y siguió contando. Magenta es así: tiene frases para justificar todo un calendario zaragozano, anécdotas para siete películas con silla de David Trueba y un listado de paraísos de plástico a los que cualquiera querría viajar.También tiene un glampancracio de época, de la época en que sus amigos hacían cola para entrar en su casa y ver el novio que se había traído del Erasmus (en la escalera de aquel piso se hacía más cola que en el Prado los domingos). Ahora le ha dado por ser cuáquera y encuentra los mejores grupos del facebook- "zorrón y cuenta nueva" "los heteros no existen, son los padres"- además de coleccionar todos los de "señoras". Además Magenta escribe, lo hace muy bien por cierto; fue niña prodigio como Marisol en una editorial consagrada y cualquier día nos llama y nos dice que guarda una novela en la maleta. Nosotros, sus amigos, le abrimos la puerta y descubrimos que tenemos frente a nosotras a la reencarnación de Bulgakov.
Os hacéis una idea de cómo es Magenta, ¿no? Magenta no solo es diferente, es que además es especial. Magenta. Ayer me acordé de ella.
Por la mañana tuve que ir al cuartel de la guardia civil de Almazora, para asistir a dos detenidos y cuando terminé hacía tanto sol y yo había pasado unos días tan oscuros, que llamé a mi amigo Rodis. Como si estuvieramos en Niza y mi golf fuera un Aston Martin descapotable le dije: "Arréglate, nos vamos a desayunar".
Nos fuimos. Tenía yo mono de playa y él -además de la paciencia habitual- ganas de calle así que dirigimos el coche rumbo a ningún lugar. Si hubiéramos aterrizado en el comienzo de "París-Texas" ninguno de los dos nos hubiéramos extrañado.
Casi. Porque nos esperaba uno de esos lugares que enloquecen a Magenta: la playa de Los Ángeles en el año 2019 y no me refiero a Santa Mónica, sino a la mismísima ciudad de Bladerunner hecha resort. Si la visita a Marina d'Or- ciudad de aberraciones-hace algunos años ya me sublimó, el descubrimiento de este paraíso artificial a diez minutos de mi casa consiguió que se me pararan los pulsos.
- Ohhhh- apoyé las manos en mi mejilla, como las geishas, soltando el volante de pura emoción- Rodis, ¡¡¡esto es fantástico!!!
- Nena, qué dices- su piel mulata se degradó al escucharme- esto es horroroso, lo que pasa es que ultimamente tú estás sometida a mucha presión.
- ¡No Rodis!!!- le señalé el exterior con la palma plana, imitando a Julie Christie en un musical- Esto es divinoooo. No llueve, mira, no llueve...y fíjate en allí al fondo, ¡¡¡es el skyline de Los Ángeles en Bladerunner!!!
Unas torres grises laberínticas con ténues luces rojas se recortaban sobre la playa.Mi amigo cubano puso su mano sobre el volante. La emoción estaba a punto de sacarnos de la carretera.
- Tú has bebido, nena- y se bajó las gafas de sol para mirarme a lo detective de los noventa, un poco Tubbs.-Esto es horrible y además aquello es la refinería.
- Que no, Rodito, que no- me cogí al coche como si pilotara una lanzadera espacial- que estás equivocado ¿Tú no ves que es la metrópoli de los replicantes?
A Rodis se le debió de dilatar la pupila, porque al oir replicante empezó a vislumbrar la irrealidad de la mañana. Paramos en una heladería. Nos hubiera gustado acercarnos al edificio Tyrell, para pedirnos unos noodles en el bar, pero eran las once y nadie desayuna fideos, salvo en Corea, claro. Pero centrémonos, no estábamos allí: estábamos a punto de cruzar las fronteras de Blade Runner. Así que nos pareció muy acertada la heladería y nos pedimos unas tostadas con aceite y sal mientras divagábamos acerca de los androides y su falta de sensibilidad.
- Con la sensibilidad se nace, no se hace- dijo Rodis.
Y yo me manché la camiseta de rayas al escuchar su sentencia. Oh. Aquel paraje era casi tan delicioso como el cielo de Ciudad Pegaso. Solo con aproximarte ya te ponías a ver naves más allá de Orión. Rodis y yo, por miedo a aficionarnos a los desayunos Voight-Kampff, permanecimos una hora al sol, embelesados con nuestra imagen de postal. Le dejé en casa un poco más moreno y quedamos que pronto volveríamos en busca de Harrison Ford.
- Pero nos llevamos bocadillos de casa, ¿vale?- Me relamí; los bocadillos que hacen Rodis y su marido José son de merienda de los Cinco.
Así cerramos la excursión. Pensaba guardarla en secreto- si la gente se entera llenaran nuestro paisaje de chiringuitos y camas balinesas y destrozaran su encanto- pero me he acordado de Magenta y de Ciudad Pegaso. De ahí que haya querido contarlo, en exclusividilla- como anunciaba ayer Rosa Benito- para que venga pronto y traiga una novela dentro de su maleta.
9 comentarios:
Este relato me ha transportado, y he visualizado varias escenas en color cyan y con texturas de Plastidecor. También me he imaginado que todo formaba parte de una película en la que evamarrings "was playing as herself". Quiero decir, que esa escena del coche es perfecta para ser llevada al cine, con tu voz en off de fondo.
Ah, y odio a Bunbury. Y también a Carlinhos Brown. Y a muchos más. Odio, luego existo.
Y sí, sigo enganchado a tu blog.
El Señor Anónimo
Gracias Sr. Anónimo, me encanta lo de evamarrings playing as herself. Muy divertido.
Yo a Bunbury lo tolero a ratos, pero un mal desayuno lo tiene cualquiera.
Besos
eva
Al final has pasado la guadaña al hilo de Bunbury. ¿Por qué? Es que soy un tipo muy racional y necesito entender las motivos.
Gracias
El Señor Anónimo
Sr. Anónimo,
Me va a costar explicar esto porque basicamente soy lo contrario a Ud., es decir me confieso poco racional (con el tiempo mejoro bastante) y con el blog se intensifican mis dificultades con el control de impulsos. Esta mañana he amanecido con Bunbury y ha saltado el post. Al rato me parecía demasiado triste y no me gustaba. Le he dado varias vueltas y he visto el comentario de Raúl, que me frenaba a quitarlo, pero aún así me costaba mantener ese baúl.
Me pasa a menudo: si me aguanta ya se acostumbrará.
Un beso
eva
Ya veo, ciclotimia
Algo así...
algo así...um. No te preocupes, seguiré desgranando poemas de MH
Besets y sonríe!
Uff, qué comentar. Que gracias. Mil gracias.
Y queda pendiente esa excursión a Blade Runner y el picnic en Ciudad Pegaso
De nada Magenta. Cuando nos vayamos a Ciudad Pegaso llamamos a los de Babelia y q nos vuelvan a regalar una página en El País.
Besos
eva
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