
La casa ayer giraba, aún olía todo- la ropa, la piel, las zapatillas, los ojos- a pino y a romero. La maleta se derretía por la escalera, ya a solas con mis gatas.
"Ha sido genial,
no,
fantástico,
no,
divino,
no, chulísimo..."
me cuestiono el epitafio del viaje.En mi familia acumulamos el récord de discusiones que no llevan a ninguna parte:
- Qué carreteras son mejores: las españolas o las francesas (no tomamos punto de referencia alguno, partimos de nuestra propia experiencia, los caminos que llevan al paté, a los castillos cercanos a un río, a Calais donde tomábamos el hovercraft para saltar hasta Dover)
- Qué planta has cogido: romero, timonet o rabo de gato (Mar, cinco años canta - y lo mejora- a Sidonie : "está cortando y sangra, está cortando y sangra, me ahoga el te quiero que jamás podré decir..").
La casa aún da vueltas hoy. Cae nieve de arroz y de repente entra el rumor del cauce del río Ara. La última noche parecía que el agua iba a entrar por el balcón e inundar el hotel. Juan- tres años- se aferra a su recién inaugurado diccionario de situaciones y palabras:
- El ascensor está macrilado (y a mí me toca subir por las escaleras).To macrilar: Acción típica de los ascensores caprichosos que se ponen a jugar cuando uno más los necesita. En palabras de la silla de ikea eMe verde de esta academia, "el ascensor está macrilado cuando se abre- se cierra- se abre-se cierra y no se mueve del sitio".
- Meniche: Tomen nota. Meniche es un término absoluto, una manera de entender la vida. Para Juan la abundancia, la multitud, el exceso se traduce en una cifra: sesenta. "Te quiero sesenta" "Habia sesenta bomberos"o "Me comería sesenta helados de fresa y chocolate". El meniche surge como respuesta a la duda que tiene Juan desde el mes de Junio y que me traslada cada vez q se marea en el coche:
- ¿Qué hay después de sesenta?
- Sesenta y uno, sesenta y dos, sesenta y siete, mil, doscientos cincuenta y tres, un millón...
- Ya. ¿Y después?
- [...]
Hasta que un día, de camino a los Pirineos Juan tropieza con el meniche y después de comerse un frigopié empezando por el talón me hace partícipe de su descubrimiento:
-Después del sesenta está el meniche.
- ¿El meniche?
- Sí.
- ¿Meniche uno, meniche dos, meniche tres...?
- No, solo meniche. Te quiero meniche.
Y esa frase le da sentido a todo.
Durante el viaje las canciones dan vueltas: de "Penélope "y"La del pirata cojo" a "Veinte de abril del noventa, hola chata cómo estás" . Los dijeis conducen, soy yo la que se cambia de sitio, pero nunca me he movido de este lugar: desde que tengo memoria me recuerdo ocupando el mismo asiento de pasajero, al que no solían llegar los cinturones de seguridad, en el centro, justo donde hay una pequeña elevación del suelo para que quepa el cenicero o salga el aire acondicionado. Con las piernas comprimidas, dobladas en ocho trozos y las manos en los reposacabezas de los asientos delanteros, si llego.
¿Recuerdas aquella noche en la taberna del Tubo?
El sábado, ya en casa, supercopa. No conozco a la mitad de los jugadores del Barça, salvo los mundialistas casi todos me parecen nuevos. Juego entre lineas y mi memoria, dando volteretas, se salta treinta y cinco párrafos hasta llegar a la calle Mayor de hace tiempo, hora de la merienda: prenatal, un niño rubio que corre entre el mostrador y los carritos para bebé. El tiempo le pone nombre y apellidos, Gaizka Mendieta. El niño rubio y yo somos iguales de altos. Él se aburre en la tienda de su madre y yo más en el despacho de mi padre, cinco pisos más arriba. A veces le veo cuando me dejan jugar en la farmacia de mi abuelo, justo en el portal de al lado. El niño rubio corre. Yo no le llamo Mendieta ni Gaizka. En mis recuerdos no le llamo, solo corro con él. Creo que después no he vuelto a correr en la vida, a lo mejor se llevó mis botas de nueve leguas. Pongo bocabajo mi recuerdo e imagino que ese niño rubio se llama Andrés Iniesta. Estoy sentada, quinto en mano, viendo un partido de fútbol del Barcelona cuando el Nou Camp ruge y ese niño rubio que corría entre las bolsas verdes de Prenatal salta al terreno de juego.
Seguro que hay una chica de veintiaños que ha entrado en la página verde de Andrésiniesta y ha querido seguirle metiéndose en la máquina que transforma robots en andresitos con pullover ( http://www.andresiniesta.es/index_es.html). La chica se puede llamar Blanca, está casada y con dos niños. Este verano se ha ido de vacaciones a Almería y en la Playa de los Muertos ha recordado el minuto 116. Se le han saltado las lágrimas, los dos niños le saludaban desde el agua y su marido, al que le ha empezado a caer el pelo ha dejado de parecerse al chico que le ponía el mundo bocabajo cada vez que la saludaba en fiestas, cuando ella volvía a casa. Ahora viven en Madrid, bueno, cerca en una ciudad satélite y cuando se asoma a la ventana en verano cree que va a escuchar las chicharras que la acunaban en la Manchuela. No pudieron volver al pueblo el día de la final contra Holanda, pero su marido la abrazó cuando Andrés - Y un día yo le diré: Andrés, será tuyo todo lo que ves...este no es mi mundo- chutó y le pareció que intentaba quitarle algo que no podría ser suyo nunca. Se quedó quieta con esa sonrisa que solo tienen los que guardan secretos de estado y después siguió celebrándolo, como si nada hubiera sucedido.
Y es que no ha pasado nada: Blanca ha colocado su foto del colegio de Fuentealbilla sobre la pantalla, junto al robot, al lado de la máquina, se ha encendido la luz roja varias veces y Andrés le ha sonreído. Pero no como le sonreía a ella, sin secretos.
Blanca cierra la sesión.
La cama da vueltas.
Caen del techo pesadillas y me enredo con ellas. Los juegos reunidos del subconsciente que encriptan hasta el agua del grifo.
Casi se me acaban las vacaciones así que me aferro a esa bola de nieve que Juan se trajo de los Pirineos e intento tender el viaje al sol, para que se queden prendidas las voces de mi madre y mi tía entre las fotos de la Plaza del Pilar en Zaragoza y a mí no se me olvide la risa de Mar al descubrir una pequeña cascada para nosotros solos en un bosque de Ordesa.
En la pantalla de la blackberry los nombres se han quedado quietos, si la agito cae sobre ellos una fina capa de nieve- copos de arroz, sentencia Juan y él pone nombre a las cosas útiles- casi le damos la vuelta al verano.
Y a veces escuece, y a veces no.
"Pasan los días y los segundos
jamás son los primeros.
Buscas en vasos y en las heridas
tantas fiestas perdidas.
El comandante a la tripulación,
no fue ésta la partida.
Y en el silencio puedo escuchar
las voces que me guían."
"Perruca campeón", La Costa Brava.
El verano va cuesta abajo.
Cierra los ojos, sopla, pide un deseo: vamos a darle la vuelta.
13 comentarios:
A mí me encanta como lo cuentas.
qué delicia... "tus" niños son un amor de principio a fin... esta semana me he hecho amiga de Gaizka Mendieta en el face... mira tú, qué casualidad... siempre fuí su fan... aunque yo no le escribiera canciones... me has traído las montañas fresquitas hastaa quí... y eso ya es mucho y de mucho más agradecer... un beso preciosa.
Gracias Raúl. A mí me gusta que sonrías.
Gracias Ní, cómo me gusta verte por aquí. "Mis" niños son muy lindos, sí. Lo de Mendieta es casualidad, pero no sé hasta qué punto verídico, yo apenas me acuerdo.
Mil besos a los dos
eva
Como leí anoche tu actualización, creo que he soñado con una bola de nieve en la que había meniches, mendieta de pequeño, iniesta merendando en el bar de su abuelo y canciones inconexas que suenan como las maquinitas de las cajas de música.
Pensaba que debía contarlo
:-)
Gracias por contarlo Miss B. Espero q tu sueño no fuera una pesadilla. Me encantan las canciones en cajitas de música, ¿cuándo tendremos una en la que suene "treinta y tres" y en lugar de una bailarina, un muñequito vestido de chico indie mueva la cadera? Me encantaría tener cajas de música pop!!!
Miles de besos
eva
gracias a mi amiga la que quiere ser escandinava y rubia natural(y muchas otras cosas) he descubierto este blog y he de decir que se ha convertido en uno de mis preferidos...
con tu permiso añado el link a mi blog!
unbeso!
Esta crónica vacacional me ha parecido Meniche. Espero que mi sueño de hacerme con la RAE se cumpla y pueda contribuir al sueño de Juanito.
Me he sentido identificado con esa escena en el asiento de atrás del coche. Esa mezcla de inquietud e ilusión por la canción que ha de sonar a continuación. Ese manido "Sube la voz, sube la voz...". Esas miradas de reojo de los padres para cerciorarse que estás bien...
Bonita (y esclarecedora) frase la de "Los juegos reunidos del subconsciente".
Escuece, pero me gusta.
Gracias Vanesa! Me alegro de q hayas llegado aquí a través del blog de baldosas amarillas de miss Barberá, que es otro de mis lugares preferidos.
Mil besos
Y gracias Anónimo por estar siempre.
Nueve besos
Abrazo a los dos
eva
Qué de cosas Eva, me ha encantado, por estas cosas da gusto volver y que sea ya septiembre, además este verano escuece demasiado, para mi ya terminó, y es una alegría en parte.
Yo no decía te quiero sesenta como juan sino setenta :)
besos.
Gracias Viola, nos espera un otoño luminoso, así que olvidemos si el verano ha sido extraño. Démosle la vuelta, todo está por empezar!
Mil besos
eva
Tienes un don, lo sabías no?
Soony
andaya!!!!
besos
eva
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