y hueles mi cuello
antes de ponerme la blusa.
Y te sonrío con los ojos
y te muerdo los dedos porque los dos sabemos
que esta escena es repetida
que hace un tiempo
en otro cuarto,
tú agarraste otra cintura
y yo mordí otros dedos
y cada cual creía entonces
que no se podía ser más feliz"
"Déjà vu", Carmen Ruiz Fleta.
Duermes mientras yo desayuno y no me atrevo a poner la música para no despertarte. Anoche, mientras a mí se me doblaban los párpados tú corregías los últimos textos. Tenías las manos frías, se te congelaban los dedos y yo, mientras, hacía castillos de fuego debajo de las sábanas, moviendo los pies con calcetines hasta que me fundiera una corriente eléctrica, como cuando era pequeña. Después te quitaste las gafas, apagaste el ordenador y subiste al cuarto. Yo ya estaba dormida. Me miraste desde la puerta, la luz del baño encendida y pensaste en todas las noches que quedaban detrás. Te acordaste de tu habitación en casa de tus padres. De tus estanterías llenas de libros y tebeos. Yo tosí. Me preguntaste si quería un poco de agua y te sonreí. Balbuceé algo q no tenía mucho sentido y te dije que me abrazaras. Todavía te echo de menos aunque estés aquí. Mis huesos aún no se han sacudido la humedad. Escuché tus pasos, ví cómo te quitabas la sudadera, el grifo en el baño y luego tu beso que sabía a pasta de dientes. Tu cuerpo, mínimo, abrazado a mi cadera. La calma de tu respiración en mi nuca.
Y ahora duermes. Busco las braguitas en el cajón y llena de crema vuelvo a meterme en la cama, junto a tí. Me hueles y te ries con las pestañas cerradas.Te beso a sorbos. Con los ojos abiertos y la mañana colándose por las persianas. Aún no tenemos cortinas. Pero guardamos en la hucha del comedor más de cien monedas para el viaje de este verano. Dibujas una espiral en mi ombligo. Mi pelo que aún está mojado deja una senda en la almohada. Todos mis caminos llevan a tí. Muerdes el lóbulo de mi oreja y de repente veo que el despertador me aleja de tu abrazo. Suspiro, gruñes. Me tengo que ir.
No sé abrocharme la blusa. No encuentro los zapatos en el armario. Busco en el ropero junto a los bolsos y descalza tropiezo. Aúllo y miro al suelo. Tu maleta. Un escalofrío. Vuelvo al cuarto y te miro. Aún duermes. Por un segundo he pensado que antes no estabas y que tal vez hoy, cuando vuelva del trabajo, ya no estés. Que te seduzca la piel de tu equipaje y eches de menos la rutina de tu ciudad. Comienza a escucharse el rumor del tráfico en la calle. Con los zapatos en mi mano meto las llaves en el bolso, el pintalabios, la agenda y cierro la puerta con cuidado.
No puedo recordar qué había antes de hoy.

5 comentarios:
He notado que este relato me susurraba cada una de sus palabras. Delicioso, con momentos emocionantes: "Todavía te echo de menos aunque estés aquí" (ohhhh) "Todos mis caminos llevan a tí" (nunca tan pocas palabras dijeron tanto).
Adicto
el chico que...
Ronroneo de agradecimiento, chico que.
Un abrazo,
eva
¡Cómo me ha gustado!!!!
Hoy adoro la rutina,debe ser por que la echo de menos...jejeje.
Besos nocturnos
yo solo digo: el viernes me lo cuentas! ya te llamo antes de salir... qué delicia de post... tu vuelta a la rutina ha sido más agradable que la mía... llevo ya semana y media dando tumbos dentro de mi cabeza, y hasta me doy cuenta de que respiro mal!
Mañana nos vemos Nínive, pero poco te puedo contar. Mi rutina es muy diferente a la de este post.
Un abrazo!
eva
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