domingo, 27 de febrero de 2011

Ibertren

No se acaba el frío. Me he despertado pronto y tú ya andas por la casa, escondiendo las manos en los puños de la sudadera. Te encuentro en el sofá tumbado con las gatas, releyendo los periódicos de ayer. Has dejado tu taza en la mesa y la aparto con cuidado mientras me lanzo sobre tí. No huele a croissant, ni a café recién hecho, ni suena Paul Weller. Pero es domingo y me lo dicen tus brazos, el hueco que he encontrado en ellos desde el que me siento capaz de viajar a cualquier lugar. Comentas lo del pirateo a Álex de la Iglesia, mientras yo busco tus piernas para trenzarme contigo como si fuéramos escubidú. Hay páginas y páginas sobre el juicio de Mariluz Cortés y la intervención de Ana Rosa Quintana convertida en una operada Srta.Marple. Me besas en los ojos y propones planes para la mañana. Dar una vuelta en bici, acercarnos al voramar, arreglar las plantas de la terraza, estudiar un poco, preparar un arroz...Gruño. Gruño y ronroroneo, mezclando pistas en mi garganta. No sé cómo decirte a todo que no. Solo quiero quedarme aquí, que sea para otros este febrero en la playa, que convirtamos la chaize-longue en nuestro pequeño vagón y que empecemos a viajar. Como en aquella escena de "Carta a una desconocida" en la que pedías que el tren te llevara a Suiza o a Venecia y por la ventanilla distinguías el lago Como y los abetos, marchémonos ya los dos, tú y yo, sin maletas, con pijama, armados solo con el edredón.
Llévame a Londres. Cerremos los ojos y despertemos cerca de la estación de Paddington, sin nada que llevarnos de la nevera a la boca. Sin pasar por la ducha nos refugiaremos en las botas de agua, vaqueros y un plumas con entradas de un concierto que ya pasó en el bolsillo, iremos hasta la tienda de la esquina, compraremos el suplemento de algún periódico español, un par de pizzas congeladas y una caja de té. Nata y espaghetti, tomates y una botella de aceite italiano. También unas barritas de flake y con todo en una bolsa, buscaremos una mesa con ventana, tostadas, un poco de café.  Yo me desharé la coleta y volveré a hacérmela tres veces, hasta que las greñas del flequillo no me tapen los ojos, tú te quitarás el jersey de punto azul y nos acordaremos del sitio en el que te compraste esa camiseta gris que tanto me gusta. No podremos fumar. Pediré más mantequilla para mis tostadas y te morderé el labio con azúcar. Me quedaré ensimismada mirando tu piel, semitransparente, delicada y te diré que me gustas más que todos los cuadros de la Tate juntos. Te reirás y harás un falso riff de guitarra, para después cogerme por la nuca y morderme otra vez. Kate Middleton sonreirá desde la portada de "The sun".
O seamos turistas en Berlín, con ticket rojo entrada a todos los transportes, para todas las estaciones de metro. Nos subiremos en la parada de Zoologischer Garten: tú escucharás "When will you come home" en el ipod, mientras yo investigo en la guía audiovisual. Te apoyarás en el cristal y leerás el nombre de los barrios que dejamos atrás, moviendo las rodillas. Tus botas estarán manchadas de barro. El día anterior lo habremos pasado recorriendo el centro en bicicleta y nos habremos tumbado, pese al frío en Tiergarten. Ya, ya hemos estado dentro de una película de Wim Wenders. Ahora ya, después de querernos así, con tanto cine europeo entre los labios ya podremos separarnos con el mejor guión, seremos personajes de Isabel Coixet. Arrastraremos nuestros naufragios hasta la lavandería más próxima. Yo lloraré mientras leo a Silvia Plath y tú volverás a enamorarte de mi lánguida manera de agarrar el detergente, oh sí. Haremos esa promesa a la entrada del Pergamonmuseum. Nunca abandonaremos este limbo estético. Nunca dejaremos el flequillo ni las gafas de pasta. Siempre nos quedará este domingo en Berlín. El azul cobalto de las puertas de Babilonia atrapado en tu cámara reflex. Los posavasos de la cerveza guardados en la pestaña de mi moleskine. Oh sí, then we'll take Berlin.

No se acaba el frío. Han brotado diecisiete flores en la orquídea, junto al televisor. Una por cada película que me parece perfecta para este domingo. Zahara y Balmes pretenden colarse en la lista de reproducción. No estás en el sofá, ni en la ducha, tampoco huele a tu colonia inglesa la cocina, ni has dejado tus zapatillas de cuadros debajo de la mesa, junto al ordenador. He vuelto a soñarte. Un fantasma con chándal no es serio, ni fantasma. Un fantasma que se enamora de alquien que no quiere cumplir años, no es un fantasma, sino un personaje de "Amèlie". "Amélie" es- según siempre me dice un amigo, sir I.- una película trampa: un agujero para quedarnos dentro del infantilismo y no, no ver las ventajas de crecer, de hacerse adultos. Pero eso ya no es ni posibilidad, sino un juego con las cartas marcadas y a la vista. Ya somos mayores, más aún, ya descendemos laderas y laderas de madurez. Quedan lejos los sueños de amores adolescentes, los besos en Berlín, las mañanas en Londres. Quedan tan lejos como las canciones infantiles, dar migas de pan a las palomas, los jerseis de privata, el primer sorbo de vodka con limón y los años noventa. Son recuerdos, ensoñaciones desincronizadas con el adn que nos etiqueta, videoclips a los que nos agarramos para no pisar el presente.
El presente es domingo, este domingo, con frío y sol a ratos. El cansancio de la semana, los aperitivos en el Casino, algunos comentarios que te alegran, los amigos que siempre están, los años que nos unen, los proyectos y los miedos que chocan entre sí, dejando restos en la maqueta del Ibertren.
Me marcho a la playa, ha salido el sol.

Ps: Las imágenes, los vídeos que han dado pie a este post los he robado del blog de Viola, pensamientosdecolores.blogspot.com. Mil gracias por el atraco, Bea.

6 comentarios:

Araceli Esteves dijo...

Siempre podemos olvidar que las cartas están marcadas.

evamaring dijo...

Sí, lo podemos olvidar, pero como algo pasajero. El presente también tiene su gracia. Besillos Araceli!!!
eva

Bea dijo...

Hola Eva, yo encantada por el atraco :)

Hacía mucho que no veía carta a una desconocida y recordaba mucho la parte de ella pero no la de él.
La mejor película con fantasma que he visto es "El fantasma y la señora Muir". El domingo empece a ver Ariane pero no pude terminarla. Seguiré enamorandome en las películas Eva, eso no cambia.

Un beso muy fuerte.

evamaring dijo...

"El fantasma y la Sra.Muir" es una de mis películas favoritas. de hecho, creo q el "fantasma" del que tanto abuso en los últimos posts viene de ahí. Buff, se me ha puesto la carne de gallina recordándolo, así que, otra vez, gracias.
un abrazo, Viola
eva

Anónimo dijo...

Sonaba un vals imaginario mientras leía este sueño-post-tan real-que quema.

Y sí, yo, a veces también soy de esos que abusan de los "videoclips a los que nos agarramos para no pisar el presente".

Hermoso

El chico que...

evamaring dijo...

Un pequeño vals vienés, chicoque,
millones de besos
eva