martes, 17 de abril de 2012

Carnaval





En 1998 Marina Abramovic decidió emprender un último viaje junto a Ulay, su pareja. Habían trabajado juntos desde 1976 y decían que su historia nació de un flechazo. Casualmente su primera performance juntos se llamó "Relation in space" y tal vez, obedeciendo a esa primera piedra sobre la que construyeron su vida en común, el 30 de marzo de 1998 emprendieron cada uno el mismo recorrido desde los extremos opuestos de la Gran Muralla China. Jugando con los símbolos de masculino y femenino (se dice que la Gran Muralla tiene dos partes, una masculina y otra femenina, Abramovic salió de la primera- en el desierto de Gobi- mientras que Ulay comenzaba su viaje desde el lado femenino, en el Mar Amarillo) caminaron hasta que se encontraron el 3 de junio de 1998, dos mil kilómetros más tarde, para abrazarse y decirse adiós. Y algo tan sencillo como: "Lo nuestro ha terminado."
  Noventa días trazados en su mapa sentimental para llegar a pronunciar esa frase de "Hasta aquí hemos llegado". Ulay y Marina se abrazaron, bajaron juntos de la muralla y se separaron para siempre jamás. No podía ser de otra forma: lo que con performance empezó, en performance debía acabar.
Su círculo se había cerrado.
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Desde que leí acerca del estreno de "Vida y muerte de Marina Abramovic" en el Real veo performance en todo lo que me rodea.
Performance en algunos recuerdos propios, por ejemplo en desafortunadas rupturas.
Performance en los pasajeros del Balmoral que, cien años después de la tragedia, partieron el pasado martes de Southampton para repetir la travesía del Titanic y comieron los mismos menús, se adornaron con sombreros y plumas, tocaron noventa veces al piano la canción de la película de Leonardo di Caprio y debieron hacer cola para emular a Kate Winslet en plan Victoria Alada de Samotracia en la proa del trasatlántico.
Performance también en los últimos juegos de la familia real. Lo del rey no tiene explicación alguna. En mi opinión el subconsciente le ha tendido una trampa y ha dejado que materializara con su viaje a Botswuana su deseo escondido de abdicar (debe estar cansado el hombre, de tanto presidir entregas de premios, correr cortinillas de inauguraciones y viajes oficiales) Los elefantes han sido un símbolo. Una metáfora lorquiana. El rey se ha escapado en el momento en el que, como ejemplo de su cercanía con los españoles, más se valoraba su austeridad y se ha calzado la corona para ir de safari. Si él nos representaba- si ese es que era el valor de la corona- el viernes pasado en Botswuana, en viaje privado, con las zapatillas de estar  por casa, se desnudó de todos sus atributos y se puso a hacer el vaina.
En el fondo, una performance de lo que todos ya sabíamos. Aún así tiene su mérito, el rey ha conseguido poner a los españoles de acuerdo en algo que hasta hoy nos dividía. Majestad, tendremos que revisitar (palabreja cursi como bien señala JoseGC) "Amanece que no es poco" para responderle- con algunos cambios- aquello de :
"Alcalde, todos somos contingentes, pero tú ya no eres necesario".
Performance, por último, en las declaraciones de Kirchner anoche abriendo  el telediario:
"Esta Presidenta no va a contestar a ninguna amenaza, no va a responder a ningún exabrupto, no se va a hcer eco de la falta de respeto ni de frases insolentes, porque represento a los argentinos, soy una jefa de estado, no una patotera." 
A mí me gustó.Hay que ser valiente para defender ese papel.
Performance y vida pública, todo en la misma caja.
Vida privada y body art.
(Neruda en el Balmoral: "Todo en ti fue naufragio")
Me quedaré con las ganas de ver a William Dafoe en el Real, le darán el alta al Rey en un par de días y tendrá la cadera lista para nuevos saltos, se sabrá de las conversaciones entre Kirchner y Obama. Joanna Halloway seguirá siendo la mujer más deslumbrante de Mad Men. Llegará el Balmoral a la bahía de Nueva York y sus pasajeros comprarán llaveros con formas de iceberg. Elegiremos nuestra frase favorita de "Amanece que no es poco" en cualquier  sobremesa y la película, como nuestro nacional Rocky Horror, ganará al ser contada.
 Y de fondo, en las verbenas de los pueblos, seguirá cantando Celiz Cruz:

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