martes, 24 de abril de 2012

De paso



He vuelto de Madrid con la sensación de no haber estado. De haber cogido un tren, haberme despertado en la Mancha con el libro de Philipp Roth a medias y haberme vuelto a dormir, hasta que un móvil con sonidos de agua- los mensajes parecían monedas que caían en un vaso- de la chica que estaba sentada frente a mí me devolvió a la realidad y era domingo, ya de tarde y volvíamos a atravesar ese agujero espacio-tiempo que es la Mancha.  
Creo que fuimos al teatro María Guerrero el viernes a ver "La loba" con Núria Espert y dirección de Gerardo Malla y fue como si no la hubiéramos visto. Durante toda la obra el fantasma de Bette Davis se colocó al lado de la catalana y era imposible despegarse de su sombra. Si la Espert aullaba la Davis abría mucho los ojos y la desesperación se le colaba dentro. A cada paso, a cada gesto el fantasma de la Davis engullía al de nuestra actriz de teatro y era imposible dejar de relacionarlas. El propio título, las imágenes proyectadas sobre el telón y la construcción cinematográfica de algunos personajes (¿todas las negras del sur fueron Mami, la criada de Escarlata O' Hara?) tampoco nos dejaban alejarnos de la versión en blanco y negro.
Al día siguiente, según me cuentan, paseé por Malasaña, tomé el aperitivo en Condeduque, comí frente a la SGAE y fue como si nunca hubiera dejado de hacerlo. No miré el reloj ni dividí el tiempo en celdillas y citas, me dejé llevar por las risas pensando que me regalaban otra vida para pasarla allí, entre la gente a la que quiero y me espera con los balcones de su casa abiertos. No pensé en obligaciones, me dejé llevar. Habíamos programado una guía sentimental de nuestros rincones favoritos de Madrid (el Parque del Capricho- automátas incluídos- ciudad Pegaso para jugar a la petanca, el Iberia, el cartel de las Misioneras Clarisas donde se anuncia sobre la puerta "Un cachito de cielo", el salón japonés de L'hardy para desfajarnos como hizo Isabel II, la casa donde vivió el ratoncito Pérez, etc.) y llegado el momento no visitamos ninguno de esos sitios. Se nos hizo de noche, de día, de noche y otra vez de día entre palabras e historias, sin darnos cuenta.
Lo supe cuando desperté de la siesta ya en el tren. Tenía entre las manos "Doppelgänger" el libro de la editorial de zaragoza Jeky&Jill y doblados en el asiento, los dos primeros ejemplares de la revista Mongolia.Pensé que no era yo la que se había hecho con ellos, porque antes de dormirme estaba sufriendo con los enfermos de la polio en "Némesis" y de repente me despertaba sonriendo, con la risa floja.  Entonces me dí cuenta de que cada vez que viajo a Madrid mis fines de semana se convierten en estaciones de paso hacia un sitio al que no llego nunca. O que tal vez  este fin de semana fuera mi doble la que se perdiera en las glorietas de Bilbao y Quevedo y tardara mil minutos en alcanzar una de las mesas del Maracaná en la placita de Olavide. 

ps:Siguen en mi casa las revistas y los libros. Mongolia regalaba en su primer número un retrato de Camps para colorear: dios quiera que no tengamos que usarlo.


2 comentarios:

SONIA dijo...

Pues en tí no sé, pero en mí has logrado que me transporte en el tiempo y el espacio hasta Madrid, recorriendo tus lugares favoritos, esos que esta vez no pudiste visitar. He pasado por la Mancha sin enterarme, he volado hasta allí en cuestión de segundos. Qué gozada de viaje!

evamaring dijo...

:) te haré llegar una de nuestras guías sentimentales para cuando os escapéis Kike y tú, no lo dudes. Son sitios llenos de historias. Te gustarán.
Un abrazo
eva