sábado, 27 de septiembre de 2008

Moules Bouchot


- Al fondo tienen varias mesas libres. Sentimos no poder darles ninguna en la zona de fumadores, pero es que a estas horas...

- No se preocupe, no pasa nada. Muchas gracias.

Rosa sube los últimos peldaños delante de mí. Escoge una de las mesas pequeñas, pegada a la pared. Deja el bolso y la gabardina en una silla vacía. Yo ocupo la que hay junto a su asiento. Apenas hay gente en el comedor. Nos repartimos las cartas: "Elíge tú el vino", me dice. Los vasos de agua son distintos: uno rojo, otro naranja. Empieza a leer en alto y ante mis ojos van pasando una fila de bandejas con tesoros del mar: quisquillas, gambas rojas, navajas, cañaíllas, boquerón, ortigas...No puedo dejar de salivar.


-¿Qué te apetece?

-Todo- suplico.

-¿ Y si empezamos picando?

Nos interrumpe la voz de una mujer. A mi espalda una mujer dice con rotundidad:

-¿Y ahora me puedes explicar qué te ha pasado durante todo este tiempo?- la pregunta suena como un insulto, todas las palabras están cargadas de rabia- No he sabido nada de tí. Nada. Te pasé las notas sobre el informe, revisé los cálculos, dí paso a todos los trámites y mientras tanto tú...¿tú qué hacías? Nada. Tú has pasado...


Rosa se detiene. Alza la vista y por encima de mi hombro observa la situación. Baja los ojos hasta la carta otra vez y suspira moviendo la cabeza. Yo no puedo moverme. Ha sonado tan cerca que creía que me preguntaba a mí.


- No es tan fácil- responde un hombre; hace una pausa, traga-todo es más complejo. Yo me he pasado estos meses encerrado en casa.Ni siquiera he salido a bajar la basura...

La voz de él es anodina, imposible de recordar.Carece de tono, de matices. Es plana. No hay altibajos en las palabras, ni énfasis alguno. Es una voz comodín: igual sirve para disculparse por un retraso en la oficina, que para contestar a una de esas encuestas que te hacen a mediodia, por teléfono. No demuestra ningún interés, ni tampoco desagrado. Es una voz de cubeta farmacéutica.


- Ya...ni a bajar la basura- la mujer repite sus palabras sin preocuparse por el volumen; parece que desea que todo el mundo la escuche-y ahora, aHO-ORa, ahora te presentas Aquí, aquí y me llamas para comer juntos...


Rosa pega sus pestañas a las cejas. Aquí. Ahora. Dos realidades incuestionables. Hace diez minutos me ha recogido en la estación, hemos llegado al restaurante hace cinco, pensábamos celebrar su cumpleaños hace dos, habíamos comenzado a hablar del pasado hace uno, o de lo que está por venir-que es lo mismo, pero desde otro ángulo- y de un golpe de voz nos hemos colado en su "aquí y ahora". Hemos pisado el cepo de la ruptura. O de un desenlace con coordenadas muy próximas.


- ¿Qué hacemos con lo nuestro?


El sintagma se me clava en la nuca y casi me desplomo sobre el plato. Lo nuestro.Invocación al diablo sin pizca de gracia. Qué de recuerdos.Qué de cine de sobremesa. Rosa intenta liberarme del órdago que acaba de lanzar ella, pero yo ya he alcanzado un punto sin retorno y me siento dentro de la situación-desde ahora y aquí "lo nuestro" es cosa de tres, si insisten un poco será de cuatro y tal y como deletrean sus argumentos, en breve pasará al dominio de todo el restaurante, porque como siga así la conversación se engancha hasta la camarera y se dejan los coñás los que se acaban de acodar en la barra- pero yo me he caído en un pozo y como la niña rubita de Poltergeist doy vueltas dentro de la televisión. Rosa me coge la mano. Por un segundo regreso al mundo de los vivos. Se acerca la dueña del restaurante y yo no tengo voluntad ni sé para qué he venido a este sitio. Rosa se deja llevar- está contaminada por el virus-y pedimos navajas, gambas rojas, tortilla de patata con azafrán, lo que la chica quiere. Hasta delegamosen ella la elección del vino. Lo nuestro nos ha anulado. La voz femenina de mi espalda ataca con más fuerza:


- Sí.¿Has pensado qué quieres hacer con lo nuestro? Lo digo porque yo he venido con cinco preguntas que deberías contestarme antes de decir nada. Cinco dudas que debo resolver para adivinar si tiene algún sentido esta conversación...


Nos han sacado aceitunas. Me atraganto. Salta el hueso. Las frases son castrenses. Como dardos van aproximándose al centro de la diana.


- ...¿por qué no viniste aquel sábado?¿por qué no me avisaste? ¿por qué me has llamado hoy?¿qué quieres?


Me he perdido la primera. Miro a Rosa extrañada.Ella tiene la aceituna en las manos. No ha podido llevársela a la boca. Me tranquiliza: si después de esta ráfaga de disparos la mujer despechada-eso lo tenemos claro, despechada está- se levanta para pegarnos Rosa puede sorprenderla tirándole una aceituna al ojo.Esa será la señal. Después , el campo de batalla.


Pero sufrimos más nosotras que él, al menos desde mi punto de vista- que es el del oído porque siguen sentados a mi espald- pues da la impresión de que siguen comiendo.De tan larga como se me hace la espera creo que le oigo rumiar.


- Sabía que me ibas a leer la cartilla- ni se acelera ni le pone un solo matiz a la respuesta. Su neutralidad es asombrosa- pero es que te falta perspectiva para entenderlo, así que tampoco esperaba nada. Yo creo que debemos hablar de esta situación y de cómo manejarla.El proyecto está casi terminado, hemos trabajado duro y no vamos a tirar la toalla ...


Dos capotazos y nos ha vuelto a confundir.¿Hablan de trabajo?¿Son amantes?¿Son trabajadores y se aman? ¿Qué ha sucedido?


- Obviamente- apostilla la mujer- los dos somos profesionales y hay muchos intereses ajenos en esta mesa. No podemos eludir nuestra responsabilidad.


Aparecen las gambas rojas. Rosa y yo las descabezamos en silencio.


- Por supuesto- prosigue él- yo no voy a permitir que nuestro proyecto se paralice. Tu colaboración es importante y yo estoy dispuesto a seguir con ella, a seguir trabajando.Podemos hablar de cualquier cosa, somos gente capaz, de hecho la prueba es que estamos hablando


Mi amiga se tranquiliza ante el giro que ha dado la conversación: parece que no hay drama sentimental. Me empieza a contar qué opina de la última película de Woody Allen.


- No me creo a Woody Allen en esta película. Me aburre el planteamiento, demasiado histrionismo español. No se lo ha currado nada.

- ¿Y Scarlett?

- Sosa, sosíma. Aunque él la ame, la ame a ella y a la otra americana.

- ¿Y Bardem?

- Pues con Penélope un poco más mayor y queriendo regresar a "Jamón, jamón" que por lo menos era auténtica: abusaba del españolismo sin pudor.


No puede continuar.La mujer, de un revés, nos rompe el servicio.


- Pero yo no puedo seguir así....- se queja agónica, parece deshecha- yo ya no soy la misma que al principio...


Una cazuela humeante acaba de aterrizar ante nuestros ojos.


- ¿Qué es esto?- pregunto.

- Mejillones- Rosa sentencia, como Carmen Maura y los ingredientes del gazpacho en "Mujeres al borde de un ataque de nervios"- Mejillones Bouchot.

- ...desde que te conocí mi vida es una mierda, no tiene sentido

- ¿bou qué?

- ...ya no puedo sufrir más, yo era estupenda y ahora esto es horrible...

- Bouchot- no pierde la calma- Están de muerte.

El hombre se ha levantado para ir al servicio. No se oye el llanto. Caen un montoncito de mejillones sobre el planto. Me viene a la cabeza un bolero: "Lágrimas negras".Me envuelve un aroma exquisito. Mitilicultura (del lat. "mitulus", almeja, mejillón, y "-cultura") f. Cría de mejillones. Diccionario María Moliner.

En la Bahía de Aiguillon, que cerca la Île de Ré y la Île de Oléron, y baña las costas de Charente-Maritime- la parte más al Norte de Francia- los pescadores han estado usando el método del poste para cultivar mejillones desde el siglo 13. Dejados solos, los mejillones crecen abundantemente en el suelo del mar en la zona intertidal de la mayoría de los océanos -cerca de la playa, donde el golpe de las olas produce un agua altamente oxigenada que los ayuda a criar unas gruesas conchas protectoras. El mejillón usa la madeja de proteínas llamada barba para aferrarse a las rocas del suelo del mar, donde recoge sedimentos y arena y puede incluso criar perlas.Pero en el continente en la cercana Esnandes (uno de los tres museos del mejillón de Francia), un náufrago irlandés, Patrick Walton, fue arrojado a las playas locales en el siglo 13 y, tratando de sobrevivir cazado aves marinas con redes, sin darse cuenta empezó a recoger mejillones en postes de madera. Todavía utilizan el método, prácticamente sin modificaciones, los productores modernos, porque produce unos mejillones llenos de sabor y sin sedimentos."Los mejillones en postes quedan expuestos al aire y al sol cuando según suba o baje la marea, en lugar de alimentarse todo el día como los mejillones que son criados con cuerdas en aguas profundas", dice Frédérique Derrey, un manager de márketing para Edulis, uno de los más grandes productores. "Crecen más lentamente y más cerca de la playa, así que en el sabor hay más influencias: el aire, el sol, el agua, incluso el suelo".Las moules blanchot son los más caros en los mercados franceses. Los recién designados mejillones de apelación controlada de Normandía se cultivan usando el mismo método: allá, los mejilloneros dicen que han estado usando bouchot desde el siglo nueve.

Gugelar:El hombre ha vuelto del baño.Es un chico de treinta y tantos, con un polo azul mario y el pelo graso. Anda lentamente pero no consigo verle la cara.
- ¿Qué hacemos con lo nuestro?- ahora es él quien reta.
- No sé...¿tú qué opinas?
- No lo sé. Tal vez podríamos seguir viéndonos, hablando...
- Yo solo hablo de temas intelectuales contigo- lloriquea ella
-¿Conmigo?
¿Con él? La cazuela ya no echa humo. Yo hago barquitos de pan en la salsa.Rosa insiste con "Vicky, Cristina Barcelona" por pura fuerza de voluntad
- Penélope está de Vallecas, como es ella...
- Contigo- ahora es una niña pequeña- no he encontrado una persona de la que pudiera hablar de las cosas intelectuales, como hago contigo
-¿ Ni con tu madre?- pregunta él.Se está riendo de ella, seguro.¿Por qué con su madre y no con su padre, o con los dos? Es un diálogo del absurdo.
- ¡¡¡Mi madre!!! Mi madre solo me habla de Isabel Preysler...
Por primera vez en todo lo que llevan de conversación él emite un sonido diferente: se rie. Pero la suya es una risa hueca de ruido.Es una carcajada de viñeta:ja, ja.Se lee. Dos letras.
- ¿Y tu hija?- ella se ha vuelto tierna de repente.
Rosa me mira con un negro azabache. La escena se refleja sobre la cáscara del mejillón.
- Sí,tu hija...¿quién le da el biberón tú o ella?
Él contesta en voz baja.Ella ni le escucha, no le da tiempo. Ha formulado una falsa pregunta, prosigue:
- Yo no voy a tener hijos.
-¿Por qué? ¿Cómo puedes decir eso con treinta y tres años?
- Porque mis óvulos están secos.
Hay un oleaje amarillento en la cazuela.Los bouchot, acostumbrados a abrazarse a la estaca, se han atrincherado formando pequeños diques.Rosa dá un trago largo al vino y antes de servirnos de nuevo, me mira y me dice:
- ¡A la mierda "Vicky Cristina Barcelona"!Woody allen es un aburrido.
Brindamos por Madàme Bovary, Laddy Chaterley, Fortunata y Jacinta. La literatura son solo apuntes de la realidad
- Mi marido es bueno, pero es un aburrido. Sí,yo le quiero, somos amigos, me dá tranquilidad, pero ya no soy la misma. No me veo saliendo por ahí una noche y bueno,...yo no he hecho nada así nunca
- Yo tampoco- aclara él
- No soy capaz de hacer eso
- Ni yo .
- Ya, pero tú tienes una hija...no sé.¿Qué propones?
- Te llamaré
- ¿Cuando? no me has llamado ni siquiera una vez al mes
- Te llamaré entonces una vez al mes.
- Pero...es que yo no he aprendido nada de todo esto, solo se que no volvería a hacerlo si empezara
-Entonces está todo dicho. Nada. No hay nada de qué hablar.
-¿Sabes qué me molesta de tí? Que eres un Peter Pan...
Él no contesta. Nos hemos terminado la botella de rioja.La tortilla de patatas se está quedando fría. Rosa y yo parecemos sordomudas. No nos esforzamos en disimular.
-... y yo no sé quién es Campanilla.Además eres de pueblo.Se nota que no eres como yo, de ciudad. Los de pueblo nunca decís lo que queréis, siempre esperáis que los demás lo adivinen. Yo, sin embargo, soy clara.
- Sí. Tú no haces nunca nada mal- se percibe cierta ironía dentro del gris del habla de él.
- No, esto lo he hecho mal. Yo no sirvo para una relación extraoficial.
- ¿Quieres postre o pedimos la cuenta?
- Pedimos la cuenta...pero, ojo, ni se te ocurra invitarme después de todo.
Los mejillones se abrazan a una estaca durante meses. Sobre cáscara pasan las estaciones, la lluvia, el frío. Se exponen a la vida. Hay algunas zonas del norte de Francia en las que los pescadores lo colocan rodeando el poste, como una guirnalda.Parece, al verlos, que haya fiesta en un bosque marino.Después los disponen sobre fuentes redondas de madera, en círculo. Así llegan hasta la orilla donde son la base de la alimentación. Con nata, vino blanco, agujas de pino... los mejillones vuelven al árbol de donde partieron.Olvidan el sol y la brisa.
- Qué caro, ¿no?- dice ella, con una risa nerviosa- ¿sabes lo que vamos a hacer? Esta comida la paga la empresa. Sí. La empresa. Y bueno, si te pregunta Álvaro ya sabes, tú y yo no nos hemos visto,¿vale?.
- Sin problema
Rosa se tapa la cara con las manos. El comedor está casi vacío. La camarera va y viene.
- Y ahora, ¿qué hacemos?- persite él.
- No sé...- hay un silencio espeso, de bruma. Rosa mira y me señala la mano. Ella le ha cogido la mano, me contará después- ¿amos a algún sitio?¿tomamos algo?
- Perfecto- responde él sin convicción.
Hay un ruído de sillas. Él sale primero, con su pelo grasiento. Ella aparece ante mí por primera vez: es una chica morena, delgada, con vaqueros y una camisa de puntillas. Bajan y se alejan.
Coincidimos las dos en la idea,no sé si en la expresión: estos se van a follar.
Y hablábamos de Woody Allen.Del histrionismo. Un amigo mío suele decir que los mejillones tienen un defecto: que son baratos. Si fueran caros, explica mi amigo, estaríamos locos por ellos, pero al ser baratos no los apreciamos en profundidad.Antes de irnos le hago prometer a Rosa que escribirá una lista de expresiones que jamás se deben decir cuando se acaba una relación con alguien. Jamás. Le digo que lo apunte en su moleskine. Que empiece por Peterpan. O no, no...que ponga como encabezamiento "lo nuestro". Que lo ponga bien grande y en cursiva.
Salimos abrazadas del restaurante. Hay gente que permanece inmóvil ante cualquier situación, en la vida. Otros somos mejillones. Al fondo se ve el mar.

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