
Se inundan las bocas de metro de la Plaza de España mientras yo sueño con refugiarme en uno de los portales de la calle Barquillo. El agua desborda los titulares del primer telediario y aquí solo una leve capa de bruma indica que está cambiando el tiempo. El olor a café de la Plaza de Canalejas me llega desde la cocina. Se me están quedando fríos los tobilllos, pienso al asomarme a la terraza y recuerdo cómo percibía todos estos pequeños cambios durante un otoño en Madrid.
Yo era la chica que se sentaba en una jardinera en Callao sin querer comprarse un plano de la ciudad. Los domingos eran días inmensamente vacíos donde solo podía refugiarme en la FNAC- entre el bosque de películas, discos, libros- o en el refugio de la compañía de algún amigo al que solía interrogar sobre mis miedos. La ciudad me engullía cada fin de semana. Me solía tomar de la mano en la calle Carretas o allá por la plaza de Santo Domingo y me convencía con secretos a media voz que iba colgando de balcón en balcón. Así cruzaba la Gran Vía que es un túnel del tiempo, un hombre de traje cruzado que ha viajado sin tener destino y que fabula la noche con leyendas de otra época. Después me perdía por Chueca o Malasaña, me fijaba en las tiendas de objetos irreproducibles, en los colmados que ahora han franquiciado los chinos y recalaba en restaurante pequeños que me descubrían. Una vez estuve sentada al lado de Luís Miguel Dominguín y soñé que yo era Ava Gardner.
Madrid era,es, un laberinto de pasiones y posibilidades. Era la ciudad donde aún sigue celebrando el mismo guateque Peter Sellers. Guarda en los adoquines de Huertas la sombra de Valle Inclán que no deja de vagar por la ciudad y se esconde bajo el sombrero de algún poeta que lanza versos en una esquina de Lavapiés.
Madrid es una herida que permanece abierta mientras la tienes lejos. Te desangras cuando la rehúyes, cuando tratas de olvidar la libertad de sus silencios llenos de gente. Es posesiva como un amante desquiciado y abierta como el espíritu musical de los setenta.Madrid es una forma geométrica llena de aristas, brillante y compleja. Un trozo de espejo que llevamos en el lado izquierdo del cuerpo los que nos hemos emborrachado de sus cielos.
La lluvia ha hecho que esta noche navegara la Cibeles. En los barcos de internet avisto la isla de esa ciudad y no llego al que es mi único puerto.
2 comentarios:
Me es muy familiar y cercano todo lo que se cuenta aquí.
Pero como dije por "ahí", Madrid me venció y dudo mucho que algún día le dé la vuelta a la historia
no dudes Guaje, tú eres de esas personas capaces de darle la vuelta a todo para encontrar su mejor ángulo. Madrid también lo tiene y cualquier día lo encontrarás. Te está esperando.
Besos !!!
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