Al hilo del comment anterior: esta foto es de hace un par de años. Son los locutorios de la cárcel. A través de esos teléfonos verde pistacho nosotros, los abogados, podemos hablar con nuestros clientes. Esta imagen está sacada desde el locutorio del juez de vigilancia penitenciaria, que tiene una mesa el doble de grande que las demás y dos sillas.Suele estar vacío y cerrado con llave, para que los abogados no entremos, no vaya a ser que rompamos algo o que utilicemos un lugar más cómodo que el de la celdilla que nos toca. Ahora todo está más viejo y más sucio. En aquel momento acababan de pintar los presos toda la zona de comunicaciones y claro, parecía otra cosa. Además al estar tomada de día no resulta tan truculenta la estancia. Deberíaís verla a mitad tarde: entre el ruido de rejas a un lado y a otro (trenes descarrilados) y la iluminación del siglo XIX parece el manicomio de "Alguien voló sobre el nido del cuco".
Pereza. Isaac me ha leído el pensamiento.
A mí me da mucha pereza subir a la cárcel. Cada vez que pido el permiso, dejo el móvil, espero que saquen- porque "los sacan", les avisan, acompañan y vigilan hasta que entran- a mi cliente y me tiro media hora inútil en estos pasillos no puedo evitar qué haría yo en el caso de estar al otro lado. Esa duda me dá vértigo. Sé que me volvería loca antes de que me asignaran un chabolo para dormir,que me daría pánico llevarme mal con mi compañera de celda. No querría dar vueltas por el patio. Me apuntaría a todas las clases de dentro. Fabricaría doscientas mil fregonas o gresite para veintiséis piscinas. Escribiría cartas larguísimas con un boli bic mordisqueado. Me prohibiría a mí misma ir en chándal- es lo que más se utiliza allí dentro- no miraría los días en el calendario. Echaría mucho de menos la música. La música por todos los rincones (como le pasaba a Björk en "Bailar en la oscuridad").
La verdad es que me da mucha pereza pensar en eso. De ahí que cuando preparo un juicio como el que ahora tengo entre manos- veintisiete años de cárcel en juego- me cueste tantísimo subir a la cárcel, poner buena cara, saludar a través del cristal sin que se me escapen los miedos y explicar al hombre que me interroga desde el otro lado que la justicia, desgraciadamente, no es como las matemáticas.
Dos y dos no son cuatro.
ps:Como ultimamente no puedo dejar de pensar- solo me atrapan los libros y ni siquiera eso- he leído un par de novelas en esta semana: "El callejón de las tiendas oscuras", un premio goncourt que me ha decepcionado y aburrido;"La soledad de los números primos" que es envidiable cómo te secuestra la tarde y "Justine" del Marqués de Sade, que no sé por qué motivo relaciono con el Lazarillo de Tormes. Ahora estoy entre los dos últimos, me los turno según tengo el rato, hasta que me pican los ojos y se me doblan las pestañas. Eso es todo. Ya está.
4 comentarios:
Ves? Pereza.
Sí. Del todo.
A mi me da angustia...o más bien claustrofobia..
Sí Al,tienes razón reducir a "pereza" todo lo que se siente ahí dentro es una frivolidad. Pero con tanta tensión necesitaba quitarle hierro al asunto y no había intención de ofender ni de perderle el respeto a las cosas serias al bromear.Un beso fuerte
eva
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