viernes, 24 de julio de 2009

Ante la verja



"La masía se ha salvado. Los pinos no. Ánimo.Un beso!"
esemese recibido a la 1.44, Antonio.

"Anoche soñé que regresaba a Manderley,
me encontraba ante la verja
pero no podía entrar porque el camino
estaba cerrado
entonces,
[como todos los que sueñan]
me sentí poseída por
un poder sobrenatural
y atravesé como un espíritu la barrera
que se alzaba ante mí."

"Rebeca", Joan Fontaine. Extracto- con recortes y disculpas- del poemario de A.Fernández Mallo : "Joan Fontaine Odisea".


Amanece y aún siguen pasando aviones. Ayer cuando me acoste olía a quemado. No era fruto de mi imaginación ni que estuviera sugestionada por las últimas noticias. Es que se quemaba mi infancia. El paisaje de mis fantasías. El humo llegaba hasta mi terraza, impidiéndome dormir. Solo pensaba en mi madre, que pasó allí todos los veranos, que se aprovisionaba de libros de poesía y de novelones para pasar las tardes de agosto en la terraza y que anoche veía arder media vida. También imaginaba las lágrimas de mi abuela, por un edificio que tanto quiso y que era un símbolo de todo lo que había logrado su padre- mi bisabuelo- trabajando desde los doce años entre azulejos. Las partidas de la Galera, Abeller, Gaeta y parte de los términos de Onda y Alcora ardían desde primera hora de la tarde.
Ayer los telediarios ya anunciaban la alerta y el riesgo de incendios, pero nunca crees que las noticias te puedan pasar a tí. Sin embargo, sobre las seis me llamaron de casa para advertirme de lo que estaba sucediendo: "Hay un incendio cerca del pantano de MªCristina y puede que se queme la Masía". La voz de mi madre sonaba tranquila, el dolor queda mucho más adentro. Llamé Antonio pensando que él, como bombero del Ayuntamiento de Castellón, tendría más noticias. No pensé en que tal vez podría tener que irse para ayudar. Él está de vacaciones ahora, a él no le toca. Pero mi mejor amigo es comprometido hasta la médula, responsable y valiente entre otras muchas cosas. Hablé con su padre, Antonio ya iba para allí. Quise decirle que no fuera, le mandé ese recado, pero no le llegó o no hizo caso. Me decanto por la segunda opción. Sé cómo vive su trabajo, cómo es su sentido de la responsabilidad y de la ayuda.
Llegaban noticias sueltas a través de internet. Canal nou en el telediario de las nueve ni siquiera daba la información: así es mi comunidad. Ha sido así siempre, por mucha Ciudad de las Artes que ahora nos maquille de cara al extranjero. Entre nosotros nos preguntábamos por Antonio. Nos importaba él más que cualquier otra cosa. Mi madre me pidió que le llamara y que le dijera que se quedara en casa, pero Antonio ya estaba allí, con sus compañeros de su retén. Es su trabajo, más que eso, es su vocación. A las doce hablábamos. Él estaba bien, el incendio casi estaba controlado. Casi. Entonces ya me advirtió : "la montaña del repetidor- justo al lado de mi masía- se ha quemado". Y qué más dá, Toni, lo que me importa es que tú estés bien.
A medianoche sonó el teléfono. Era él de nuevo, estaba en la puerta, junto a la verja, en mitad de los rescoldos y en la oscuridad. No eran buenas noticias. El fuego se había detenido allí, pero se había llevado por delante nuestra casa, aunque no se podía ver el edificio de la pinada solo quedaban los restos. No olvidaré esa llamada, ese gesto en la vida. Por cosas así - me ha regalado tantas- tiene mi amor (mi amor fraternal) sin límites, mi amistad sin vértices, mi confianza absoluta, mi lealtad, mi cariño...Avisé a mi madre. No hubo lágrimas. Mi madre y yo, en determinadas situaciones, lloramos por dentro. Insistía en que Antonio se cuidara.La tranquilicé.
Me fuí a dormir con un sabor agridulce. Entre nanas y el olor a humo. Recordaba todos los juegos de pequeños, con mis primos, cuando aún éramos una familia. Las historias de los maquis, de los veranos que habían pasado mis abuelos allí, de la hija de mi tía María que murió de una picadura de escorpión en las escaleras...del régimen pantagrúelico que mi familia disfrutaba en la posguerra y que a mi padre y a mí nos indignaba- entre risas- cuando mi madre lo describía. Recordé los últimos años de mi abuela, aquella obsesión suya de volver a la masía cada domingo: con bastón, sin lucidez, en silla de ruedas, pero a la masía de su padre.
Nada queda ya de entonces, salvo los azulejos, el eco de nuestras risas infantiles, la sorpresa de Mar y juanito cuando encontraron un búho muerto en el comedor- "y a tí y a mí nos dió pena, justín" me dice Juanito de vez en cuando, con los mismos ojos achinados y lánguidos de mi abuela, antes de que yo me lo coma a besos- los libros que nadie quiso de mi bisabuelo y que él tuvo el cuidado de encuadernar con sus iniciales en el lomo, el cuadro de "El quijote" sobre el que pesa un enigma (¿por qué don quijote y sancho no cabalgan por el camino?) las lágrimas en vasos de agua cuando empezaron las peleas fraticidas, el desencanto cada domingo último en el que nos encontrábamos un mensaje dirigido a hacernos daño entre los objetos más queridos, los platos de Anibal Núñez - director de la Exposición Universal de Sevilla de 1929- regalo de bodas para mi abuela, los cinco duros que nos ofrecían a quien diera la vuelta a la masía al caer la noche...nada, solo los recuerdos y la fuerza de quien la levantó, de mi bisabuelo, una herencia que nadie me podrá arrebatar.
Siguen pasando los aviones. Espero que Antonio esté descansando, ayer fue un día duro, muy duro. Yo subo ahora a la masía con mi padre y mi hermano. Queremos comprobar los daños, ver el alcance de esta - para nosotros- tragedia. Estamos tranquilos. Afortunadamente no hay víctimas, eso es lo más importante. En segundo lugar nos preocupa la gente que ha perdido su casa, porque ardió ayer su columna vertebral. No sé cuántos se encontrarán en esta situación pero me imagino el dolor y la angustia. No sé cómo enviarles un abrazo de ánimo.
Mi madre no quiere venir con nosotros. Anoché soñó que volvía a Mayerling y que de pie, ante su verja, una fuerza sobrenatural le ayudaba a cruzar la barrera que se alzaba frente a nosotros.
Muchas gracias Antonio, a tí-por tanto- y a tus compañeros.

11 comentarios:

encarnisabina dijo...

Un beso, Eva....

Isaac dijo...

Lo siento mucho, pero queda lo suficiente como para volver a empezar y que todos apreciéis -aún más si cabe- y ayudéis a que continúe ese legado tan valioso.

¿Sabes? Hasta hace pocos años, nunca había incendios por aquí, por Cádiz... puta burbuja y puto país que no sabe vivir de otra cosa...

Carlos Álvarez-Ossorio Fernández dijo...

Querida Eva: tu relato es tan sobrecogedor y directo al corazón, que cuesta reincorporarse a la realidad. La esterilidad de lo quemado por el fuego no alcanza a los recuerdos. Menos mal. Lo siento. Un beso.

reyes dijo...

Completamente de acuerdo con Carlos. Un beso enorme

. dijo...

Sobrecogedor. Qué pena de verdad. Un beso fuerte Eva. Ánimo Los recuerdos no se pueden quemar, aunque hoy parezca poco consuelo, lo es.

Muchos besos.

Ivan.

Anónimo dijo...

Sin palabras, no me queda más que el agradecimiento a Toni por ser como es....

Soony

Trinidad dijo...

Lo siento mucho, Eva, me puedo imaginar la angustia que habréis pasado... Te envío todos los ánimos del mundo y me ofrezco para echar una mano en lo que necesites.
Y como decís Sonia y tú, hay que agradecer enormemente los esfuerzos y la entrega de Toni y los demás bomberos, que han evitado que el desastre fuera mayor.
Un fuerte abrazo,
Trini

Pascual dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pascual dijo...

Un abrazo fuerte Eva (me ha emocionado mucho lo que has contado..).

Anónimo dijo...

Otro sábado con la piel de gallina...
Besos zaragozanos.

evamaring dijo...

q.Al,
q.Isaac,
q.Carlos,
q.Reyes,
q.Iván,
q.Soon Yi,
q.Trini,
q.Pascual,
q.anónimo de zaragoza

Una de las cosas q más me gustan (y aprecio) del mundo es escribir (y recibir) una carta.El viernes por la mañana, tras el último post, comenzaron a llegar vuestros comments a la blackberry. No he podido contestar hasta hoy porque he estado sin conexión durante el fin de semana y me hubiera gustado escribiros una carta a cada uno, porque mensaje tras mensaje - algunos llegaron tan rápido que me sorprendieron en la masía, entre las cenizas- me llegaba un abrazo. Un golpe de cariño. Y en la carta hubiera intentado- como ahora estoy haciendo- daros las gracias, porque en realidad lo que se queda, lo que permanece son este tipo de cosas. Que se queme un bosque de recuerdos y que a través de algo tan aparentemente superficial como es blogger un grupo de gente te llene el viernes de olor a pino.
Gracias a todos.
Un beso,
eva