martes, 14 de julio de 2009

El veraneo: Daily Peñíscola




"Si pudiera elegir




sería el hombre más lento del mundo.



Ya tengo listo un traje nuevo para mi corazón.



Pondré mi mente al sol,



pondré mi mente al sol ..."



"Pondré mi mente al sol", El Niño Gusano 1996.






Toda una vida criticando a mi madre por esa obsesión suya de meter toda la casa en el coche y arrastrarnos diez kilómetros más allá (canario y plantas incluidos) para veranear en la playa y ahora yo caigo en lo mismo. Canario no tengo, pero estoy pensando en comprarme uno : que sea verde y cante pop. Le llamaré Bowie y si mi compañero de casa me deja, lo sacaré cada mañana al balcón. O a la terraza y tararearé "Absolute Beginners" -"Starman" o "Heroes" me cuesta más- para que se la aprenda. Bowie y yo, poniendo nuestra mente al sol.


El sábado comenzó mi operación traslado a Peñíscola. Hasta ese día se puede decir que había estado "picoteando": yendo a ratillos, observando a los vecinos, buscando la ruta más corta para llegar a casa, cronometrando cuántos minutos me separan de Benicàssim y de Castellón... pero el viernes decidí que debía dar ya el salto. Lo cierto es que cada movimiento, por pequeño y agradable que sea, a mí me da vértigo. Luego se me pasa, me olvido, disfruto y me vuelve a dar vértigo regresar a la rutina, pero debe ser que mi naturaleza tiende a estar disecada, porque en general me cuesta mucho arrancar. Así que el viernes pasé por las rebajas de Zara Home y de Casa y cogí cuatro cosas que me hicieran sentir cómoda en la casita.la motivación a través del consumismo compulsivo. Encontré algunos chollos que pensé, le darían un aire de "hogar". No os imaginéis que me he llevado el torito, la folclórica y el mantelito de ganchillo. Todo era muy azul, muy mediterráneo... y útil. No he despilfarrado mis ahorros, solo he comparado objetos que sean reciclables, para que cuando se acaben las vacaciones pueda quedarme algo del verano cerca. Mientras hacía cola en la última caja me dí cuenta de que había vuelto a repetir un gesto de mi madre: el de habitar los espacios prestados. Mi madre siempre ha tratado de convertir en un satélite de nuestra casa cualquier rincón al que nos desplazáramos: si viajábamos a una ciudad y nos quedábamos en un hotel equis días nos compraba flores y nos organizaba el armario como si no hubiéramos salido de nuestro pasillo de Castellón, lo más abrigado a la izquierda, lo más ligero a la derecha; si nos hemos ido de crucero (experiencia que a mí me marcó, por surrealista, pero q repetiría con ellos y con un cargamento de optalidón) se guardaba la fruta del postre y nos colocaba un pequeño bodegón al lado del ojo de buey. Toda la vida me he reído y burlado de esa costumbre de mi madre y ahora yo compro un marco de fotos de saldo y coloco a mis amigos en las esquinas de la casa. Freudiano. Aunque las dos lo neguemos en muchas cosas somos un calco, un enunciado teórico de las leyes genéticas. O de nature +culture.



Así que a la mañana siguiente, tras marujear por mi casa me despedí de Frida y de Justine que no se separaban de las bolsas de mi equipaje. Frida abría los ojos hasta llegar al polo Norte (en la mirada de Frida si te asomas se puede ver un glaciar derretido) y Justine movía la cabeza, como si negara la evidencia: "No es posible que me te vayas dejándonos solas. No. ¿Tú también, eva?" parecía decirme. Les expliqué que volvía en veinticuatro horas, que el cambio de residencia es meramente accidental- soy una veraneante accidental- y que quería someterlas al suplicio de acompañarme para que no se asustaran con el transportín, el nuevo territorio y los millones de tejados por los que se perderían en el pueblo. No resulté nada convincente, así que cerré la puerta antes de montar una escena abrazándome a ellas llorando, como Meryl Streep al despedirse de su hijo y de la habitación pintada con nubes en "Kramer contra Kramer". En el ascensor aún escuchaba los maullidos de Justine. Cerré los ojos e intenté cantarme por dentro.



De camino hacia la sierra de Irta- y con el maletero hasta los topes: ¿he cogido el sombrero?yo que nunca llevo sombreros;¿he cogido la lejía, el fairy, las latas de cerveza y cocacola? como si en Peñíscola no hubiera supermercados; ¿he ..?- escuché una cinta monográfica de mis canciones de "El niño gusano". Me detuve en algunas para elegir mi verso favorito de Sergio Algora, pero no sé ni supe quedarme con uno solo.Se solapaban frases con los besos redondos, que ruedan y ruedan de la Costa Brava y fragmentos deshilvanados de casi todos sus cuentos. Me ha resultado imposible elegir uno por encima de los demás, lo siento por la iniciativa de "tipos infames" - en el blog de Francisco Nixon aparecen todas las explicaciones- pero no he podido participar por indecisa. Aún así dudé mucho con "Pondré mi mente al sol", tanto que la repetí cuatro o cinco veces- rewind, play, rewind, play, rewind...- y mientras bramaba la letra como si fuera un himno me dí cuenta de que había empezado el verano. Un verano extraño en el que descubrí un nuevo fragmento de la población : el de la gente que hay en los arcenes de la autopista. Un goteo contínuo de grupos crepusculares: familias enteras detenidas en torno a un melón, mientras un chaleco amarillo camina hacia el puesto de aviso.s más cercano;furgonetas que regresarán de Marruecos, digo yo, por las cabezas cubiertas de ellas y la baca hasta los topes;abuelos sentados en sillas plegables; mujeres solitarias que se apoyan en el .......como si fuera un balcón. Parece que haya un tercer carril, situado más a la derecha, en el que la vida se haya detenido, donde no hay hipotecas y caben más de tres mil viviendas. Una ciudad lineal flanqueada por la velocidad de los coches que adelantamos, frenamos cuando avistamos signos de radar y volvemos a aumentar en las rectas prolongadas. Todo se detiene en el arcén: es la no-autopista. La rebelión contra el sentido de este tipo de vías. Pronto comenzarán a verse pequeñas tiendas, supermercados. Habitamos las grietas del sistema.Veranearemos aquí, entre Torreblanca y Alcocebre.


Aparqué en el puerto, frente a La Golondrina. Anunciaban viajes alrededor del castillo- visita del Bufador, escaleras del Papa Luna...- con banderines de colores colgados en la cubierta del barco. La Golondrina es una fiesta, me repetí yo, Paris ya no. Apenas había turistas, por lo que surgió la duda necesaria: quién hará los viajes, cuántas vueltas a la roca harán diariamente...Cada vez que iba al coche a por bolsas encontraba a la Golondrina en su sitio. Debía de ser un eterno desembarco. Imaginé que descendían por la plataforma el Corto Maltés y sra. con una maleta, que nosotros estábamos en el puerto esperándoles para recibirlos como si llegaran a Stromboli. No sé por qué relacioné esa imagen con un trozo de "Caro diario" de Moretti. Pero continué con mi traslado y dejé atrás la voz en off de auto de choque, cargada como los burros de Santorini, convirtiendo mis caderas en alforjas y sufriendo por el fantasma de Josep Plá. En los callejones del castillo apenas había gente: parecía un lugar distinto al que nos recibe de cara a la noche, que es una plaza alargada, convertida en un laberinto de verbenas. Durante el día los peñiscolanos sacan la silla de enea, la báscula romana (dos tinajas, un cordel, el precio anotado sobre un cartón) y los tomates o las patatas de su huerta. Esta es una costumbre de aquí, así cada dos o tres puertas te tropiezas con una abuelita de Heidi, sentada con las piernas en alto y con el delantal donde guarda el pañuelo al lado de los tomates. No atiende ella, porque apenas puede moverse, pero si le preguntas sale de detrás de la cortina (algunas son preciosas, basta con tener una red de pescador tupida para arreglar la entrada a la casa y protegerte de las moscas) una hija, nuera o sobrina, quién sabe, que es la que regenta el negocio. Los tomates parecen sacados de la última aventura de "Los cinco".


...........Interrumpimos la emisión porque he vuelto a Peñíscola cargada de trastos y ya busco en el armario ropa para un FIB feliz.No he podido cumplir mi propósito de escribir cada día un post desde allí, con las novedades y descubrimientos en mi vida de veraneante, pero volveré a intentarlo. Os cuento pronto.

............En la foto : panorámica de la terraza.




3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me estoy imaginando cómo ha quedado la casita de la calle del Engaño y me están entrando ganas de ir...

Habéis tenido muy buena idea en apostar por un veraneo en Peñíscola, máxime teniendo cerca LA TRAMONTANA.

En cuanto a tu propósito de escribir todos los días....por fi, Eva, en vacaciones déjate llevar, olvídate de imposiciones, aprovecha que no tienes plazos que cubrir para escuchar tu cuerpo y liberar tu mente.

Me ha hecho gracia lo que cuentas de tu madre....curiosamente, en mi caso, yo que tanto he criticado a mi padre, a medida que pasa el tiempo me sorprendo con actitudes, gestos, reacciones que no son más que propias de él y su herencia genética.......ya sabes, por donde hablarás, pasarás....así que en boca cerrada no entran moscas.

Disfruta, desconecta y libérateeeeee

Soony

ninive drake dijo...

ay, qué bonito tó!

evamaring dijo...

Soon Yi, ya sabes estamos encantados de estar con vosotros, así q cuando quieras coges a quique y os escapáis. En cuanto a lo de dejarse llevar, tienes toda la razón, hay q ir viviendo lo q llega, lo q surge.
Ní, qué ganas de verte again. Bonica tú!!!
Besos
eva