jueves, 16 de septiembre de 2010

Cocina para imbéciles.

Esto de cocinar y beber whisky- aunque sea de centeno, Mr.Draper- no puede ser bueno. El aceite salta en la sarten y yo estoy a punto de presenciar el incendio de mi vitrocerámica con la pasión stendhaliana con la que Rita Barberá moquea el último día de fallas.
Esto de arrancar recetas en la salita de la estheticiene no debe ser bueno. Una señora de La Coruña comparte con otras lectoras un truquito fantástico sobre una curiosa, original y chispeante manera de rebozar las pechugas de pollo. Mi mano derecha, movida por un relámpago, da tirón: la receta coruñesa palpita en mi bolso. Al cabo de unos minutos abandono el gabinete de depilación como si hubiera pegado un palo en Tiffany's. Los ojos me brillan.
Esto de invitar a tus amigos a cenar puede ser peligroso. En capítulos anteriores- ver microdrama del huevo de codorniz, julio 2008- asistimos a un espectáculo bochornoso de la resuelta mujer del siglo XXI que quiere ser aprendiz de chef. Ese trauma aún no ha sido superado y por eso, cada vez que me acerco al especiero y contemplo con horror que hasta las hierbas provenzales han caducado, salta la chispa en mi cortex y recuerdo aquella noche en la que mi barra de trabajo se convirtió en el campo de Atlanta tras la batalla: yemas de codornices desangrándose por la encimera, sobrasada por todas partes y mi rostro, ennegrecido por el humo, pidiendo que se me apareciera Rhett Buttler para salir de allí. Si durante dos años he olvidado cualquier gesto relacionado con la cocina por algo será. No creo que haya sido una buena idea tratar de enevenenar a mis amigos un miércoles.
Esto de los gusanitos Risi y la clara de huevo tiene que ser una broma pesada de una tipa de la Coruña que fuma marihuana. Lo adivino al abrir el paquete y tras haberme rebozado en polvo amarillo. Parece que haya destripado al muppet de Blas junto al fregadero. Sin perder la calma tomo con el tenedor una tira de pechuga y con la serenidad y exquisitez que me caracteriza la paso por huevo y después salto con ella dentro de la espuma de los gusanitos. Como el proceso se endurece, antes de que mis gatas decidan tomar parte en esta batalla abro la botella de whisky y me pongo dos deditos- soy un as con las medidas- en un vaso de bola. Sí, vaso de bola, han leído bien. Si hay copas de balón también hay vasos de bola, que se repliegan como los bichos de idem, que se parecen en tamaño y forma a los quesos de lo mismo. Terminología y trago de whisky.

Esto de aprender a cocinar es una coña, ¿no? ¿Es necesario sufrir tanto? me enciendo un lucky strike y me siento en el suelo de la cocina. Los restos de Blas gritan desde la sarten. La salsa Worceshire que he comprado para la ensalada ni me mira. Cole Porter me anima desde spotify : you're the top!. Mi delantal se arruga, se me echa el tiempo encima y yo, como una imbécil, suspiro en el suelo de mi cocina mientras sueño que en otra vida, en lugar de inquietudes, me darán talento para los fogones.
Así escribiré un libro de cocina creativa y no un manual de autoayuda .

6 comentarios:

Raúl dijo...

Éste es el motivo por el que tú y yo quedamos a comer en un restaurante y no en tu casa, bonita.

Anónimo dijo...

Jajaja, Raúl, me parece que por ese mismo motivo también quedas conmigo en un restaurante. Sabes que lo mío no es la cocina. Y por ese mismo motivo todavía no he invitado a nadie a comer/cenar en casa. Me da pánico enfrentarme a los fogones. Eso de tener tan cerca a mi madre es la ventaja más grande que tiene....creo que 10 años después todavía no he estrenado la vitrocerámica, ni el lavavajillas, ni....sólo el microondas.
Cuando nació Carla, Kike y yo nos dijimos: ésta es nuestra oportunidad para empezar a hacer nuestros pinitos culinarios.....pues Carla tiene 7 meses y aún no hemos empezado.
Ya me pasarás la receta, bombón...tiene una pinta increíble y Paula dice que estaba ESPECTACULARMENTE rica.

Soony

PD Qué pena que no nos veamos esta nocheeeee

evamaring dijo...

Ay Raúl , el blogger es un fingidor...pero sí, prefiero quedar en un restaurante y celebrar el arrocito al horno.

Sonia,
hay q ponerse. O no. Es una cosa más para hacerte la vida agradable, pero tampoco es imprescindible. Fiona Polanco decía que no pensaba aprender nunca y mírala vive feliz y tan ricamente. Y la mayoría de nuestros padres solo han sabido, en el mejor de los casos, preparar paella.
Así que...cuando queráis quedamos y hacemos una cena de primerizas/os!!!
Besos
eva

Anónimo dijo...

Me pregunto si el resultado hubiero sido el mismo si en lugar de gusanitos hubieras optado por los ganchitos. Epi en lugar de Blas. (Aprovecho para decir que siempre he odiado a Blas. cuántos veces he soñado ser latin king por un día con él como oscuro objeto de golpeo).

Imagino la escena del robo de la receta. Ojos a la izquierda, ojos a la derecha, un par de 'pestañeos' y para el bolso.

y el momento Lucky Strike me parece muy gráfico.

El chico que se ha reído mucho con este post

Anónimo dijo...

Perdón, al que odio de veras es a EPI

evamaring dijo...

Yo creo q no hubiera sido los mismo.Los ganchitos tienen un sabor más fuerte y no los veo con la mezcla del mango, pero no sé, tal vez esté rico. Todo es cuestión de probarlo.
Eso sí, con Epi no se mete nadie. Amo a Epi. Me siento muy identificada con él, por lo pesado q es, lo ansioso etc...
besos,