Rubén está nervioso. Me espera en la puerta y no quiere ni mirarme cuando le estrecho la mano. Está más delgado, le ha crecido el pelo, pero no se lo digo porque no quiero que se sienta observado. En el pasillo me busca y se aleja de su hermano y de su madre para explicarme algo: No es verdad- me dice-no es verdad lo que cuentan . Él vive con nosotros y yo no puedo seguir allí. Un día discutiremos y él me matará. O le mataré yo. Ahora parece calmado, pero me busca...
Sus ojos son los de un pájaro. Levanto la mirada y tras el hombro de Rubén les encuentro a ellos, abatidos, sentados en un banco con la cabeza agachada. Como si se hubieran pasado la vida castigados. La madre lleva las gafas rotas desde que la conocí. El hijo mayor ha crecido en la cárcel. Rubén tiembla.
Me he desvelado. A las cinco daba vueltas por la terraza. He intentado fumar pero me mareaba. El expediente de Rubén estaba sobre la mesa. Cualquier solución era injusta. No hay férula que arregle su mundo. He buscado jurisprudencia: eximentes completas e incompletas, caballitos de tiovivo, concepto de lesión, un camión de bomberos, menor entidad, un tippi donde duermen los apaches, arma blanca, la feria.
De repente suena mi móvil. Lo saco del bolso y lo apago, para que no nos moleste. Rubén sonríe.
- Cómo mola- lo observa con los ojos muy abiertos- Yo quiero uno así. Cuando trabaje me compraré uno de esos. ¿Qué tiene?
Le explico las cuatro funciones que más uso y asiente con la cabeza. Me siento un vendedor parlanchín de esos que van de pueblo en pueblo con el baúl lleno de productos de humo. Pero a Rubén mi blackberry parece haberle alegrado el día.
- Cuando trabaje me compraré uno así.- Repite- He pintado una casa. También soy carpintero. Y lo arreglo todo. Si algún día se te estropea el móvil me llamas y te lo arreglo, ya verás. Soy muy bueno arreglando cosas.
Su madre se ha acercado arrastrando los pies e interviene en la conversación.
- Es verdad, lo arregla todo- dice muy despacio, como si quisiera pasarle la mano por el pelo- es el mejor de casa. Arregla cualquier cosa.
Menguo.
Me encojo.
Desaparezco entre los pliegues de la toga.
Apenas respiro.
Rubén mira a su madre. Después a su hermano mayor que espera dos pasos más atrás con los hombros caídos.Cómo arreglo yo esto. Se supone que debiera tener la eficacia de Harvey Keytel : "Soy Lobo. Soluciono problemas" y sin embargo no puedo arreglar este enfrentamiento. Tiovivo de artículos del Código Penal en la cabeza.
Me levanto. Necesito aire.
Llega mi compañero y nos avisan desde la Sala para que pasemos a hablar con la fiscal. Nos ofrece un pacto de esparadrapo. Doy vueltas en el metro que me separa del banco de los acusados, sumo y resto, paso páginas y me muerdo el labio. Cómo se arreglan los mundos tan pequeños. Cómo evitamos la próxima pelea. Cómo lo hacemos para que Rubén no se deshaga en la cárcel. Cómo para que su hermano deje de soñar con rejas.
La conversación es breve: mi compañero economiza en gestos, la Fiscal da tres pautas y yo sigo pensando en la nariz de Harvey Keytel. Cómo soluciona problemas.
Tratamiento.
Esa es la palabra. Tratamiento médico.
Tratamiento.
La busco entre las opciones y aparece. Sale un puente de la nada. Azar y puentes. Tratamiento para Rubén en lugar de condena. Es una pasarela de cartón sobre los cristales, pero sirve para pasar a otro lado. Movimiento. Hay que seguir buscando la carretera.
Salimos y les explicamos la propuesta. Los hermanos discuten. La madre calla, me mira y espera. Hay ordenes de alejamiento para los dos. La madre entiende y por eso aguanta mientras ellos se echan las culpas. Al final acceden.
Entramos en sala.
Al salir Rubén me dice que tiene miedo.
- Cualquier día me mata ya verás- se adelanta conmigo, me saca dos cabezas- pero si se acerca te puedo llamar, ¿no?
No hay puentes para los mundos pequeños. No hay salidas de incendios. Sonrío y le digo que sí, apretándole el brazo. La madre nos da las gracias y se limpia las lágrimas que guardan los cristales rotos.
Finjo que ha sonado el móvil para escaparme y me despido. Hablo con nadie y pido un café con hielo en el bar de los juzgados. Tardan unos minutos en servírmelo y cuando me llevo la taza hasta una mesa me tropiezo con Rubén.
- Hemos venido a desayunar.- Sigue dormido- Después me voy al médico.
Y quien está pagando en la barra es su hermano mayor.
No hay derecho que sirva para arreglar relojes rotos.
PS: Hay problemas que a veces funcionan como traje de amianto para protegernos de la tristeza interior.
5 comentarios:
Es una historia complicada, sin arreglo, por desgracia..los lazos familiares aunque sean mortales o en el mejor de los casos dañinos, son de nudo complicado, si no se desatan se tiene que cortar po lo sano y eso es muy muy difícil, y así es como están ellos, atados de por vida...
Un beso
Te odio, porque me conmueves. Me emociona ese drama familiar y a la vez me fascina el personaje del Señor Lobo.
Me ha enternecido el momento Blackberry, la inocencia con la que anhela ese maldito aparato que ojalá se hubiera inventado 100 años más tarde.
El chico que...
Ayer Al, en un curso de violencia contra la mujer, nos decían q no fuéramos pesimistas, que cuando solucionabas un tema complejo compensaba todos los malos tragos anteriores. Sin embargo no me convencieron con lo de "solucionar": es tan difícil a veces.
Besillos,
No me odies chico que.
Con la blacberry estábamos encantados los dos, él y yo.Y gracias, una vez más.
Abrazo fuerte
eva
Ufff, piel de gallina. Me he metido totalmente en la historia. Siempre lo consigues. Estoy loca porque escribas YA un libro.
Soony
Gracias Soon Yi, me gusta que te guste, pero me temo q para el libro tendrás q esperar. Besos
eva
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