Yo no sé si todo el mundo tenemos el mismo caos interior o si hay gente que aprende a dormirlo o que vive con este volcán en silencio. Sé que hay semanas, días en las que todo lo hago sobre el alambre: voy a trabajar con pértiga, cruzo la calle mayor a cuarenta metros del suelo mirando siempre al sur, para que el vértigo no me traicione; atiendo a los asuntos fijándome mucho en los detalles para no resbalarme y evitar la caída con catástrofe, rompiendo algo que protegen , destrozando un escaparate. Hay días en los que el mundo se convierte en una bola de cristal, de esas de tienda barata de souvenirs. De repente se agita, de repente todo se tambalea. Hasta mi propia habitación, de vez en cuando, se convierte en un trozo de océano y mi cama en un cayuco. En mitad de la noche hay olas de cuatro metros tratando de engullirnos y mis gatas y yo nos agazapamos entre las sábanas conteniendo la respiración, rezamos en voz baja como me enseñaron antes de dormir y esperamos a que amanezca y nuestra playa de azoteas nos reciba con una calma de hoja en blanco, de libreta por estrenar.
Pese a los años, hay temporadas en las que el epicentro del terremoto anida entre nuestras costillas y no es la crisis, ni el crack del 29, ni el desasosiego de estar retrasando una tarta que pone cuarenta años con la certeza de que no has cumplido ni uno solo de tus proyectos. No, no se trata de eso sino de la incertidumbre que aún se te agarra al estómago, preguntándote dónde vas a ir, quién quieres ser, quién eres. Las dudas que cantan a coro, como en un musical: "Te equivocas" y el ruido de guillotina de la cerradura de casa, cuando esperas que alguien te reciba con un abrazo. Y el ruido de la caja de seguridad de la cerradura de casa, cuando llegas corriendo y con ganas de darle al boton de "stop" para seguir viviendo pero un poco más despacio.
Es ese balanceo. Ese rumor en el gazpacho y en la sopa. Esas horas perdidas entre siestas y resacas. Esas llamadas que no haces. O las que haces y no reciben respuesta. Esas palabras que dijiste y que borrarías la mañana posterior. Esa milonga pegajosa que no puedes quitarte ni con el gel exfoliante. Ese exceso de luz que a veces confundes con la bruma.
Los días así yo solo sé hacer una cosa: escribir. Escribo sin sentido, sin buscar nada, sin miedo a lo q aparezca. Escribo los olores: magnolia, azufre, polvo, viejo. Las canciones a las que me agarro, una y otra vez "Banderas rojas". Las frases que solo tienen sentido para mí:los años hechos de baldosas amarillas, el discreto encanto de los chicos que no bailan...y escribo con cuidado, para que me salga muy buena letra. La caligrafía, los armarios ordenados, el dinero en el banco, cumplir los horarios de trenes, etc. son las barandillas que construyo para seguir andando. También los sitios bonitos en los que he estado y los q aún ni imagino. Cuelgo fotografías de ellos por la casa: desde la nevera, el espejo del baño y la parte trasera de la puerta.
Y sigo.
Me tropiezo.
Pero sigo andando. Soy una liquidadora en Fukushima.

6 comentarios:
No sé si todos, porque siempre hay "gente que p' tó" pero una holgada mayoría, te garantizo, que si tenemos esos momentos de vértigo en los que necesitamos de la ayuda de muletas para mantenernos en pie.
En tu caso, bienvenidos sean, si lo que te provocan son ganas de escribir, porque esos momentos de inspiración, son momentos de alegría para quienes te leemos con atención.
Soony
Pues discrepo en una cosa. No tienes que arrepenterirte de ser como eres. Nunca podrás ser de otra forma.
Y qué decir del post, otra vez pelos de punta. Tienes un duende
El chico que..
Totalmente legítimo, E. Con tal de no caerse o de caerse y no matarse, hasta escribir nos sirve de arnés.
:) tengo la suerte de q me léeis y me absolvéis todos los fines de semana (¿escribiré buscando la absolución?¿será eso? paralelismos ente esta ventana y la del confesionario: asomarse y no ver a nadie...)
pero ya debería ser hora de salir del caos..¿o es q no se acaba nunca?
muchos besos a los tres
e
Te leo (desde hace muy poquito) en silencio, en la sombra...
Me estremeces, me arrancas medias sonrisas (y carcajadas a veces), pucheros y llantos con hipo...
Gracias...por escribir lo que (yo también) siento!
Gracias a ti, mapi, por perder el tiempo conmigo. Yo es que, estas cosas no sé cómo agradecerlas, así q...me alegro de saludarte.
Un abrazo!
eva
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