
Hay días que se despiertan oliendo a mantequilla de cacahuete. Mañanas ligeras, un pelín dulces, pero sin que puedas pedirles más. Hoy es uno de esos días. Ha vuelto a llenarse el barrio y en unas semanas escucharemos las canciones que las monjas de la Consolación ponen para que los alumnos entren en clase. No puedo dejar de pensar en ovejas al escuchar los hits de misa por megafonía. Es un tópico, lo sé, pero hay gestos que despiertan tópicos igual que olores que dejan un rastro de mantequilla de cacahuete.
En el despacho ya ha empezado septiembre. Suena a noticia absurda del telediario, pero han llegado las consultas para separaciones y divorcios. Un clásico del final del verano (y de la resaca navideña) con el tiempo libre y la convivencia las grietas se llenan de humedad. Al final el álbum de la boda acaba haciendo aguas.
Yo, como cualquier otro abogado, salto de reforma en reforma. Del divorcio express a la ley de guarda y custodia compartida y de ahí a la suspensión impuesta por el Constitucional. Ellos siguen preguntando lo mismo verano tras verano: "¿Y si me voy de casa es delito? ¿No abandono a mi familia?". Hay normas que tienen un calado mayor que otro y lo del abandono de familia debió llegar a muchos al tuétano. Para preguntas así pongo voz de Gemma Nierga en mitad de la noche, no sé por qué pero tranquiliza. Lo importante en este tipo de consultas es quitarles el miedo a hacer algo irreparable, muy gordo. No animarles en la decisión, sino esterilizar los riesgos.
Algunos se llevan el ordenador, otros cuatro camisas y el coche. Ellas son más organizadas y hacen listas. Aunque tampoco se puede generalizar, que hay hombres que cuentan hasta los trapos de cocina y mujeres que solo se suben a unos zapatos rojos. La semana pasada, de camino al despacho, me crucé con un señor de unos cincuenta años que arrastraba una maleta y un ventilador de pie. Tal vez la felicidad del último verano estaba escondida en el aire que le proporcionaban sus aspas. Puede que solo lo hubiera cogido por joder y que así su mujer ardiera en los remordimientos de este comienzo de curso. No tengo ni idea, pero prefiero pensar que hay objetos a los que nos aferramos porque simbolizan nuestra pequeña parcela de felicidad.
Igual que hay mañanas que no tienen prisa, como de mantequilla de cacahuete.
3 comentarios:
Sí, ya huele a vuelta al colegio. Y sí, el amor y el odio siguen siendo los motores de (casi) todo
El chico que..
A mi la entrada en el mes de septiembre, y por ende el final del verano, me la recuerda la luz....Este mes tiene una luz distinta a la del resto de los meses del año, y me encanta.
Por otra parte la mantequilla de cacahuete nunca puede traerme recuerdos de situaciones dulces porque me recuerda a mi estancia en EEUU y como los motivos no fueron gratos, cada vez que huelo a mantequilla de cacahuete, frunzo el ceño.
Soony
Real como la vida misma...jejeje.
¡Me han encantado tus reflexiones!!!
Mil besos
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