viernes, 9 de septiembre de 2011

Del giro de cadera.

Año 1983, patines de cuatro ruedas y cintas trenzadas sobre la frente. Travolta intenta mantener su velocidad con "Staying alive", chico de barrio- lo lleva en los genes, al igual q Jeremy Irons tenía inscrito un título nobiliario- que trata de sacar cabeza con el baile. Fracasa la película (otra vez con la misma copla, Johnny) pero se queda la escena final. Sorprendido mientras besa a la otra, Travolta se siente libre y hace un medio giro, sobre tres escalones, muy Gene Kelly. Ella le pregunta qué va a hacer y él, medio retórico, medio empalmado porque se gusta así dice:
"Strut!"
(Contonearse: Quiere decir q va a comerse el mundo)
Verdad revelada, dogma de fé.
Travolta sale a la calle. NY parece un barrio de Detroit cualquiera, empequeñece ante sus piernas musculosas. Las marquesinas de Broadway se convierten en retratos de familia mientras el héroe camina, avanza. Suenan los Bee Gees. Sonríe con el hoyito en la barbilla, levanta los hombros, la cámara no abandona el plano de su pantalón, parte trasera y delantera, Travolta - cómo no- ciñe culo y paquete.
   Sobrevivir, esa es la cuestión.
Han aumentado las ventas de chándals peligrosamente. No se trata de una tendencia, ni de que en septiembre todos nos lancemos sin pensarlo al gimnasio de la esquina (que también) sino de que la gente opta por quedarse en casa. Ya no sale. No hay dinero para cenas, copas ni regalos. Todo lo más para un cine, pura galantería demodé. Paradójicamente en cualquier barra de un país civilizado tienen al menos tres tipos de ginebra. Antes la mayoría torcía el gesto cuando te pedías un gin-tonic, ahora los mismos te examinan sobre los complementos: con té/pepino/ lima, qué tónica le pones (fiebre del sábado noche), por tu marca de ginebra te definirás (seagrams, tanqueray, beefeater, mombassa, hendricks...) Travolta seguro que se pedía Larios. No salimos de casa, pero cuando nos echamos a la calle quemamos los restos.
Nos pavoneamos.
Strut.
Tengo un amigo q sostiene una teoría de caza en los bares. Habla de animales cojos frente a depredadores. Desde que me la contó imagino la oscuridad de los sábados con la voz en off de Félix Rodríguez de la Fuente: el halcón se acerca a la gacela ingénua. O a la liebre torpe. Qué más dá. Siempre hay un cazador para un descosido. La invita a ginebra y se ríen. Después llegan los culebrones de las cuatro de la tarde- surtido variado: "Amar en tiempos revueltos" o las infidelidades de Julián Muñoz y Amador Mohedano en "Sálvame". Más de lo mismo. No hemos cambiado el guión desde los tiempos de don Benito (Pérez Galdós, I mean). Sí las formas: ahora ya no me paseo por el mercao para que me piropees, ahora me contoneo por el facebook para que me cuelgues un  "me gusta" del escote.
Sigue sumando ventas "El tiempo entre costuras". Yo avanzo por las páginas de Tetuán para saber qué tiene. De momento solo encuentro mucho pastiche y remake de escenas. Mi madre me dice que aguante, que no tenga prejuicios de intelectualilla británica. Porque lo dice mi madre persevero, pero a punto estoy de morir en una arcada cuando la protagonista (Sira) conoce al macarra que la pervierte (Ramiro Arribas) y se montan una escena eróticogastronómica en el Café Suizo. Qué delicado es escribir sobre sexo, qué difícil. Muchos piensan, de hecho lo mantienen, que es innecesario. Yo no. Yo creo q si la historia lo necesita hay q hacerlo, pero qué complicado meterse en la cama con quien te lee. Cada palabra es una primera cita: intentas ser fantástico, creativo, natural y casi todo huele a postizo, a polvo de boite. A la última noche de las fiestas del pueblo.  También de vez en cuando a programa chingón de telecinco,  "Mujeres, hombres y viceversa" por ejemplo. 
Dinero fácil, eso es lo q nos falta, cofidis sin retorno ni intereses. Literatura también y curiosidad, eso siempre. Que dejemos de wasapearnos para conocernos. Que mandemos a la mierda los leggings y regresemos al estilismo del Vogue. Que vuelvan las noches de restaurante y coche limpio en la puerta. Las citas que hagan tambalearse la rutina. Los stilettos que dejan surcos. Las maletas esperándonos en el taxi con destino desconocido, no con una carta de tu abogado.
Strut.
Qué ganas de que vuelvan a encenderse las calles.
O de que nos inventemos algo nuevo para superponer los colores al gris de tanta mediocridad.
Algo que nos haga mantener la ilusión.
Contonearnos, por ejemplo, aunque sea por pura supervivencia.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Brindo por esta frase: "que vuelvan a encenderse las calles".

Porque si dejamos de soñar y de encender, dejamos de vivir y emepzamos a morir de verdad

El chico que..

Anónimo dijo...

Jolines, acabo de perder el comentario que te había escrito....qué rabia.
En resumidas cuentas te decía que si bien es cierto que los tiempos de crisis dicen ser propicios para agudizar el ingenio, lo cierto es que la tristeza generalizada que envuelve a nuestro entorno más querido provoca que incluso aunque tú te puedas permitir salir de casa (cenar, copas, viajes....) sin que tu cuenta se vea resentida, te quedes en casa, bien por solidaridad con quien no puede, bien porque no tienes con quién salir. Y con esa decisión lo único que fomentamos es que la recuperación económica tarde más en llegar, y que la economía no se mueva. Ahora mismo acabo de hablar con una amiga que hasta hace muy poco formaba parte de la llamada clase media, y de un tiempo a esta parte no sólo ha pasado a engrosar, junto con su marido, la lista del desempleo sin prestación, sino que cada día 9 le sigue llegando la cuota de la hipoteca -precisamente me ha llamado porque hoy es día 9 y lleva dos recibos sin pagar y ha recurrido a sus amistades para evitar le quiten la vivienda- y además ahora empieza el curso escolar y tiene dos hijos con necesidades que apremian. En fin, que la tristeza generalizada se contagia y te impide salir con alegria, aunque puedas permitírtelo.

Strut! ojalá cambie pronto.

Soony

evamaring dijo...

Que se llenen de colores, chicoque. Qué ganas de verdad.
Besillox,


Era eso lo q intentaba con el post, Soon yi. Sabes q me da igual cenar en un chino, que de gourmet creativa o q preparar un taboulé en casa, q no se trata de eso, sino de la tristeza q nos rodea, q se está convirtiendo en pandemia. Casos como el que tú cuentas, el de tu amiga nos destrozan, nos dejan sin ganas de nada y eso, eso es lo peor porque nos convertimos en zombies. La amistad, el ingenio, la solidaridad son cualidades que se reavivan ante las dificultades- como tú bien dices- pero cuesta mantenerlas en pie cuando parece que estás en un túnel y no, no hay salida.
Por eso intenté reirme de cómo estaba influyendo la crisis en los usos y costumbres sentimentales. Para decir algo tan clásico como lo de "contigo pan y cebolla" pero si tenemos q ser cebolla, por favor, hagámoslo con cierta estética, como los macarras de barrio, como ese momento Travolta.
Con ganas y mucho orgullo.
Un besillo, preciosa
eva