lunes, 5 de septiembre de 2011

Ni tontos ni astronautas

Solo los tontos van deprisa. O eso me han dicho.
Only fools rush in,
Pero, ladies and gentleman, estamos flotando en el espacio.
O eso dice la canción. Música para astronautas.
Yo la sigo al pie de la letra, por mis antecedentes personales. Ahí va una muestra:
Suspendí el examen práctico de conducir seis veces. Seis. Cuesta confesarlo, pero aún así eso no fue lo peor.Tampoco lo fue  que mis compañeras de la autoescuela repetidoras ( en su mayoría gitanas y analfabetas, con puesto en el mercado e ilusión por llevar la furgoneta de su marío de pueblo en pueblo) me dijeran que si fallaba una vez más me iban a hacer el "examen de tonta" ( y no me lo decían para fastidiarme, sino absolutamente convencidas de que existía esa prueba. Mis compañeras me querían: la tarde que aprobé les llevé lionesas y lo celebramos entre lágrimas y cuadernillos de test llenos de marcas rojas. Parecía que nos despedíamos de haber hecho tres cursos en "Torres de Malory"). No cambió las cosas q yo me lo creyera ni que anduviera los cuatro días previos al último examen en estado de shock y sin decir una palabra. No. Mi profesor de prácticas confirmó que tenía una alumna gilipolllas pero simpática y no me hizo un certificado de imbécil porque me cogió cariño. Eso sí, al despedirse de mí me dió un consejo: "Espabila". Con todo, lo peor de aquella epopeya fue el resultado de las pruebas médicas.
Un señor con bata blanca escribió "tendencia a precipitarse" en mi certificado de aptitud y me cambió la vida. El muy cabrón, sin cruzar una palabra conmigo  había dado en el clavo. Cómo no iba a hacerlo si  casi le rompo la máquina que utilizan en las pruebas. No le giré el cuadro de revisión de la vista porque él mismo se interpuso. Cuando me fuí me miraba atónito: no solo carezco de coordinación (mis extremidades son repúblicas independientes) sino que además voy deprisa y hago cosas q no debo. Me precipitaba entonces y unos cuantos años más tarde los sigo haciendo, me desborda la inquietud.
Demasiado.
No mido mi velocidad de reacción, y por eso no consigo ser equilibrada: me cuesta tomar decisiones más que a una tortuga o me meto en una empresa sin apenas meditarlo, como el correcaminos pero sin coyote que me persiga por el desierto. Suelo ir acelerada casi siempre, pero además casi siempre que no corresponde, lo que multiplica mi inoportunidad por mil.
Así me va.
Estas reflexiones tan absurdas han sido una comezón constante durante los últimos días. Todo porque desde que regresé al trabajo he tenido la sensación de que mi mente iba muy lenta. Que no había manera de traducir las ideas a respuestas eficaces en la realidad ( es decir, que lo del examen de tonta hubiera sido la constatación de algo. Una signo inequívoco de inadaptación al medio) Así, el lunes pasado creía estar alunizando sobre la moqueta del despacho. Pisaba con la punta de las alpargatas de cuña y parecía que el suelo me impulsaba hacia arriba.
Tal vez esta lasitud se deba a la sobreexposición a la luz durante  las últimas semanas, o a la comodidad silenciosa de vivir sin reloj, o a la ausencia de obligaciones que en mi caso se ha materializado dando forma a una cápsula que me ha mantenido aislada del exterior y sintiéndome mitad alienígena.
De ahí que no deje de preguntarme por qué nunca quise ser astronauta y que lleve siete días hablando de eso. Cuando yo era pequeña, estaba aún vigente la guerra fría y los ovnis paseaban por la galaxia como un camión pegaso cargadito de naranjas lo hace ahora por la nacional trescientos cuarenta.  En aquel momento era normal que cualquier niño al que preguntaras quisiera trabajar en Star trek, ser Han solo o fichar en la NASA. Yo no. Hay q decir que princesa Leia sí q me hubiera gustado ser, pero no salía la plaza a concurso y lo de perderme en un agujero negro me asustaba.
 A mí lo de la carrera espacial nunca me atrajo. Quizás porque suponía que no podría pasarme más de dos días sola- me imagino en una misión Apolo de estas, justificando ante mis superiores del pentágono el importe de las llamadas telefónicas (o via satélite, ya encontraría yo la manera) a mi amiga Rosa, Alicante, Spain y me muero de vergüenza o condenada al destierro por la sangría q hubiera hecho- o porque no me creía capaz de superar los ratos de tristeza en mitad de la inmensidad (dejaría perdido el puente de mando con mis lagrimones) o porque sabría que en mi madurez no iba a destacar por mi inteligencia emocional , no al menos lo bastante para estar perdida en la órbita de saturno durante tres años y regresar a la tierra un poco desorientada, sin saber muy bién qué pasó la noche anterior, de resacón de la ingravidez.
 No lo sé.
Leí una novela hace mucho tiempo- vamos a seguir pasando apuro. Ahora toca el ramo "lecturas", he recordado el título "La muerte está en el camino" de Martín Vigil, que suena rancio-  que narraba la historia de un miembro de la División azul que regresaba a su casa y se encontraba con la sorpresa anunciada de que la vida había cambiado para él y para los suyos. En lugar de retomar el pasado allí donde lo dejaron, como amanecido en el castillo de "La Bella Durmiente", lo que el protagonista se encontraba es que su experiencia le alejaba tanto de su familia que se sentía extraño en su vida anterior, aislado, incapaz de entenderles y de hacerles comprender lo que sentía. Partiendo de aquella lectura y del desasosiego que siempre me ha producido Hal y "2001, odisea en el espacio" me he puesto a buscar libros, películas y canciones que hablen de eso precisamente, del regreso de los astronautas.
  Quiero creer que esta fascinación o fiebre q me ha entrado es porque a mí me cuesta mucho acostumbrarme a los cambios y les admiro.  O porque en el fondo envidio la idea de vivir una temporada con la sensación de imperturbabilidad que se ve en las fotografías de muchos de ellos, distanciarte de la tierra y quedarte desnudo con lo verdaderamente importante. Solo ellos parecen conseguirlo, dan la impresión de que están  hechos de otra pasta, como si no sufrieran o no tuvieran miedo.
  Y entre música, cine, documentales y libros de Isaac Asimov he encontrado un poema que me hace cerrar los ojos e imaginarme en el espacio. Lo transcribo, se llama "Houston, yo también tengo un poema" es de Isabel Bono y está inspirado en una canción de Love of lesbian. Con él cierro un post que no sé si tiene principio, ni ritmo ni horario que le ladre, porque lo he escrito a trozos, demasiado deprisa como solo sabemos hacer las cosas los tontos.

"es abril y tengo frío,
pero no sé lo que es el miedo

nunca sabre qué decirle
a un astronauta que tiembla"





3 comentarios:

Anónimo dijo...

Así que la torpeza está diagnosticada.. Vaya, habría pagado por ver esa escena.

A mí, los astronautas me ponen melancólico. Imagino a tipos solitarios, con mucho tiempo para meditar. Eso sí, cuando uno ha visto tantas veces ciertas escenas de "2001 Odisea en el Espacio" no puede dejar de pensar que un viaje espacial es tan animado como un vals o una polka

El chico que...

Anónimo dijo...

De todo el post, y obviando el tema de los astronautas porque no me atraen nada (todo lo contrario que los OVNI`S que me interesan muchísimo), me quedo con la sensación de creer por momentos que me estabas describiendo. Yo también aprobé el exámen práctico del carnet de conducir con no demasiada facilidad: a la cuarta!! y mis tiempos también van descompasados fruto de mi radicalidad y mis extremos. Yo he aprendido a quererme en mi esencia, y aunque sé que en cierto modo son conductas aprendidas que pudieran ser corregidas, no quiero hacerlo.

Soony

evamaring dijo...

siento el retrasoooo:

- torpeza diagnosticadísima, otro eurosol te la cuento con detalles ;)
- los astronautas son fascinantes, me acordé de ti al escribir el post. tengo una semana a Hal esperándome con los brazos abiertos y no me decido.Lo haré por ti y por la srta. Foster, me temo.
- soon yi,

lo0s ovnis eran chulísimos. El otro día mi hermano y yo nos quejábamos de lo poco q se pasean ultimamente, y él decía q la culpa la tenía el fin de la guerra fría.
La sensación de descontrol- matizada, falta de comtrol de impulsos dentro de la normalidad- es algo común, más frecuente de lo q creemos pero q pocos reconocen. Tú, como siempre eres honesta, te lanzas a hacerlo. Precisamente por eso te hace tan especial esa precipitación, porque está exenta de veneno.
Un abrazo, rubia.

mil besos para los dos!!!