Ya lo decía Raphael, a veces llegan cartas. Sobres acolchados, con murales de sellos: el rey, mariposas, capullos varios. Después mi nombre escrito con mayúsculas- yo siempre me firmo al revés, con minúsculas, considero q está feo hablar en grande de uno mismo- y el primer golpe: donde antes encontraba la señal de la tinta roja (él siempre me escribía con tinta roja, quería estar muy presente hasta en mis ojos, porque de todos es sabido que la tinta roja hace daño a la vista, pero nuestro amor era así de nocivo y de irracional) ahora encuentro una cortés tinta negra (ni azul le sirve y eso que sabe q es mi favorita, hay q joderse, toca la negra) y dentro del sobre, entre las burbujas infantiles del paquetito un libro como una colleja: "Irse a Madrid y otras columnas" de Manuel Jabois.
A veces llegan cartas- que insistía Raphael- y nos sorprenden en mitad de un lunes desastroso, como tantos, ves el remite y ya no te tiemblan las manos porque bastante palo te ha dado el lunes para reirse de esta manera de ti, con una carta de tu ex. Así que mantengo- mantuve la compostura y saqué el libro. Pero lo hice con prudencia, a distancia, como si esperara que me diera un mordisco (de los ex una nunca sabe que recibirá, pero según mi madre nada bueno) y después me lo fui acercando a la nariz, poco a poco, de la misma manera que hacen mis gatas cuando descubren un saltamontes en la terraza (y eso que suelen ser saltamontes olímpicos porque llegar hasta un séptimo sin signos de cansancio, es mucho saltar) con precaución, hasta que leí el extracto de la contraportada, me abracé a ese objeto que ahora tengo atado a mi muñeca y, como soy, más que animal, bestia de impulsos, le juré amor eterno.
Copio y pego de allí mismo:"[...] A veces pienso que en Madrid no deben de tener otra cosa que hacer que esperarme a mí. Pero luego compruebo que no es tanto cosa mía, sino del pueblo en general, que piensa que escribir es una actividad propia de Madrid. Si yo me presentase a la gente como médico nadie me mandaría a ninguna parte sino que me preguntarían qué cosas opero y a qué horas paso consulta. Las mujeres se me acercarían más, porque un hombre que trabaja en bata siempre llama mucho la atención y yo toda la vida he escrito en casa en calzoncillos, y si el artículo promete, a mitad de camino me los voy cambiando por unas bragas para cerrarlo a lo grande. Esas cosas extravagantes de los escritores a las mujeres no les gustan, por lo menos si se hacen en Pontevedra, porque en Madrid debe ser un rasgo de maldito.[...]"
El cartero pasa a eso de las once, antes del almuerzo en provincias y ayer, sin caer en chistes de película con Jessica Lange, me dió la mañana. Plazos, la agenda por cuadrar, teléfonos, divorcios, escritos y clientes que silban cuando les envío la minuta y en mitad de la niebla, rodeada de gorilas, llega esta carta de mi ex (¿son los ex relación familiar o sentimental?) que me trastorna. Si me hubiera mandado una cajita de Bloom con docenas de botellines de tónica y un ramillete de limones del caribe no me hubiera afectado tanto. Mi ex me conoce, aún sabe dónde pisa, y acierta al pensar que ante cualquier regalillo son fría y gélida, como una roca (juas, siempre tan sólida yo) y me ve capaz de tirarlo al contenedor sin ningún remordimiento. Pero a él tampoco se le escapa que con un libro así me voy a sentir igual de nerviosa que con una cita en el Empire State y no voy a decirle que no. De momento ayer me lo metí en el bolso, tomé aire y esperé a quedarme sola.
A las nueve llegaba a casa derrotada, autocompadeciéndome como si fuera un cachorro herido- pobrecilla evamarín , pobre evita, me decía mientras me acariciaba el pelo-y con ganas, una vez más, de mandarlo todo a la mierda, en plan Fernando Fernán Gómez. Pero el libro seguía ahí. Seís botellines de Ámbar en la nevera. Demasiadas coincidencias.
Me duché y respiré como te enseñan los psicólogos tratando de hinchar bolsas ficticias de mercadona (desde que las venden yo voy con mi carro a la compra, que se jodan) me embadurné de crema por todas partes para resbalarme y me senté en el sofá con el libro sin estrenar, tan bonito, tan reluciente, tan tranquilo sobre la mesa. El sobre a unos centímetros. La nota que lo acompañaba junto al televisor. Los alfileres para la magia negra pensaba comprarlos hoy.
También se me ocurrió para no caer en la trampa de mi ex llamar a alguien, preparar la cena, hacer el primer sudoku de mi vida o irme al cine- mis camisones podrían pasar por playeritos escuetos, no tendría ni que cambiarme- que yo soy muy de cartelera chunga, todo por no seguir allí, al ladito de las columnas de Jabois, las mismas que le habían endulzado el verano a mi ex y a su actual novia (aquí Jabois, aquí una leche merengada con mi novia) algo que me jodió un poquillo.
Hasta que decidí olvidar el drama y enfangarme una vez más. Cogí el libro y salí corriendo escaleras arriba, previo paso por la nevera y avituallamiento de cerveza; abrí el botellín de ámbar en la tumbona y celebré que no había luna (no estaba todo perdido) me tapé los pies con una manta de rayas de ikea que a él le encantaba (ja! ¿a qué fastidia, eh?) y me centré en el otro Don Manuel de Galicia (uno es Fraga Iribarne, este es insigne también pero se le entiende lo que dice, Jabois, Manuel Jabois).
Se han escuchado mis carcajadas hasta las 2.57 horas de la mañana. Hoy si me encuentro con mi vecina en el ascensor seguro que me va a mirar las ojeras con cara de reprobación, pensando que ayer tuve un amante bandido que me abandonó de madrugada. Infeliz, si ella supiera, que a veces, qué pesado era Raphael, solo llegan cartas.
Hay "ex" que te envían flores, otros que te mandan lejos, algunos que te piden que te cuides, los menos- los muy cabrones- que esperan a que adelgaces, y los hay incluso más retorcidos, del tipo del mío, que te empujan en los brazos de un escritor adictivo para que recuerdes lo q son las burbujas de la cocacola, ese cosquilleo en el estómago que sentiste al conocerle y así, como quien no quiere la cosa, escribas.
Hay que joderse con los ex, sobretodo si son fans de Raphael, porque entonces, no hay escapatoria, a veces llegan cartas y entonces estás perdida.
Así que Ex, una vez más, mil gracias.
ps2: El libro y la prosa de Jabois es exquisita. El libro engancha y sabe a poco de ahí que sea necesario pasar por su blog y por la revista Jotdown en la que colabora. Ahí va el link: http://www.manueljabois.com/
ps1: Y para la reseña de autor y libro bien hecha, y para quedarse allí a vivir, leer todos los días algo inteligente y enamorarse de su autor, busquen y disfruten el post de Sergio del Molino:Un señor de provincias. No se puede (otro) escribir mejor.

9 comentarios:
:-)
Menos mal que estoy sola en la oficina
Risas de primera hora
Bien!
Este era el link q intentaba pasarte!
Ojalá acabemos el día igual, riéndonos.
eva
Hay que joderse con los ex, sí. Ya podían ser todos iguales y regalar mi libro.
Bicos, Eva.
Si fueran iguales serían incontrolables M. Para echarse a temblar, ni los Gremlins inaugurando pantanos ( en modo Fraga).
Un abrazo de yonqui,
eva
A mi chiquitilla le encantó el boli...y me acordé de los lápices de colores que te regalaban.
Incorregible.com, ja
El chico que
Me gusta mucho como escribes :)
Gracias José luís, chicoque, paula. Perdonad por el retraso. Ultimamente estoy muy perra (y muy malhablada, será la edad que me deslengua).
Un abrazo
eva
El post me ha encantado, lo que te motivó a escribirlo no sé si tanto.
Soony
Publicar un comentario