El hermano de Waldemar me quita el sueño. Waldemar tenía un don: hacía raíces cuadradas de cinco cifras sin mover las pestañas. Con seis años, un pantalón de pana y diez dedos gordezuelos como morcillas de arroz, Waldemar se convertía en el ministro de economía y hacienda todas las tardes, a eso de las siete y media. El hermano de Waldemar- dos días intentando recordar su nombre sin éxito- era mayor y por eso llevaba la voz cantante. Pero se equivocaba un poco. Cuando Jesús Vázquez, vestido con un peto vaquero y camiseta ceñida blanca, les acercaba el micro, a Waldemar le subía la fiebre y se le ponían los ojos vidriosos, mientras que a su hermano le entraba la incontinencia discursiva. El mayor hablaba, el pequeño fijaba su manita con los dedos doblados hacia dentro, clavándolos en los surcos de la pana y esperaba que le pusieran a prueba.
Eran los mejores de "Hablando se entiende la basca". Ni Rayito, con su guitarra flamenca, los podía destronar.
Pero sobresalían gracias a Waldemar, que no decía ni una palabra pero tenía su cabeza hecha de fichas de cálculos matemáticos y unos dedos más fiables que cualquier unidad informática. Cada vez que le ponían una operación (un combo de suma, resta, enésima potencia y raíz cuadrada sazonada con integrales) Waldemar se mordía el labio inferior- sabía que la cámara le enfocaba- se destrozaba las pupas que le salían del subidón de fiebre y bailaba con los dedos. Sus mejillas se volvían pequeñas manzanas de las de hacer pasteles, el resto de los invitados al programa suspiraba, su hermano ponía los ojos en blanco y de repente él, con voz de villancico daba el resultado exacto.
El teatro se desbordaba.No cabían más aplausos.
Contaba el hermano de Waldemar que a su padre le gustaban mucho las matemáticas. Yo me los imaginaba volviendo de la escuela a casa, en un pueblo rodeado de trigo cerca de Albacete- no sé por qué los situaba allí, en un lugar del que tampoco sé, cómo voy a saber, el nombre- con sus carteras de cuero gastado y cierre de pastilla en la espalda, sin hablar demasiado. Les veía haciendo los deberes en una mesa de la cocina a la que le faltan azulejos, y con una madre gordita y risueña, como Waldemar cuando acertaba. Creía que apenas veían la tele y que después de cenar el padre jugaba con ellos a las matemáticas de los piñones y las castañas en la mesa de un brasero.
Llevo tres días preguntándome qué habrá sido de Waldemar y cómo se llamaba su hermano. Si no hubiera crisis tal vez Waldemar hubiera llegado a ser un teórico de las matemáticas, de esos que asesoran a los mercados y sus deditos gordezuelos estarían llevando las riendas de nuestra economía. Pero como están las cosas, y con las pocas posibilidades que existen ahora para despegar, puede que Waldemar sea administrativo en una bodega de la zona de Utiel Requena,con suerte.
Puede que siga llegando a casa pronto, que haya cambiado los cuadernos rubio por los sudokus y que se le pongan brillantes los ojos cuando haga economías con el sueldo para llegar a fin de mes. Que tenga un bote de canicas de colores guardado de aquella época y las cintas en vhs de los programas a los que fueron él y su hermano.
También puede que conserve una fotografía presidiendo el comedor con su hermano y Jesús Vázquez delante de la propaganda de Cheiw.
O que cada veinte días se pregunte si no hubiera sido mejor marcharse del pueblo -con su hermano, cómo no-y estar trabajando ahora en Madrid, en una sucursal de Bankia en Manoteras.
No lo sé.
Pero hay carreteras y tardes de trabajo con fiebre que hacen que eche de menos las meriendas con Waldemar.
Eran los mejores de "Hablando se entiende la basca". Ni Rayito, con su guitarra flamenca, los podía destronar.
Pero sobresalían gracias a Waldemar, que no decía ni una palabra pero tenía su cabeza hecha de fichas de cálculos matemáticos y unos dedos más fiables que cualquier unidad informática. Cada vez que le ponían una operación (un combo de suma, resta, enésima potencia y raíz cuadrada sazonada con integrales) Waldemar se mordía el labio inferior- sabía que la cámara le enfocaba- se destrozaba las pupas que le salían del subidón de fiebre y bailaba con los dedos. Sus mejillas se volvían pequeñas manzanas de las de hacer pasteles, el resto de los invitados al programa suspiraba, su hermano ponía los ojos en blanco y de repente él, con voz de villancico daba el resultado exacto.
El teatro se desbordaba.No cabían más aplausos.
Contaba el hermano de Waldemar que a su padre le gustaban mucho las matemáticas. Yo me los imaginaba volviendo de la escuela a casa, en un pueblo rodeado de trigo cerca de Albacete- no sé por qué los situaba allí, en un lugar del que tampoco sé, cómo voy a saber, el nombre- con sus carteras de cuero gastado y cierre de pastilla en la espalda, sin hablar demasiado. Les veía haciendo los deberes en una mesa de la cocina a la que le faltan azulejos, y con una madre gordita y risueña, como Waldemar cuando acertaba. Creía que apenas veían la tele y que después de cenar el padre jugaba con ellos a las matemáticas de los piñones y las castañas en la mesa de un brasero.
Llevo tres días preguntándome qué habrá sido de Waldemar y cómo se llamaba su hermano. Si no hubiera crisis tal vez Waldemar hubiera llegado a ser un teórico de las matemáticas, de esos que asesoran a los mercados y sus deditos gordezuelos estarían llevando las riendas de nuestra economía. Pero como están las cosas, y con las pocas posibilidades que existen ahora para despegar, puede que Waldemar sea administrativo en una bodega de la zona de Utiel Requena,con suerte.
Puede que siga llegando a casa pronto, que haya cambiado los cuadernos rubio por los sudokus y que se le pongan brillantes los ojos cuando haga economías con el sueldo para llegar a fin de mes. Que tenga un bote de canicas de colores guardado de aquella época y las cintas en vhs de los programas a los que fueron él y su hermano.
También puede que conserve una fotografía presidiendo el comedor con su hermano y Jesús Vázquez delante de la propaganda de Cheiw.
O que cada veinte días se pregunte si no hubiera sido mejor marcharse del pueblo -con su hermano, cómo no-y estar trabajando ahora en Madrid, en una sucursal de Bankia en Manoteras.
No lo sé.
Pero hay carreteras y tardes de trabajo con fiebre que hacen que eche de menos las meriendas con Waldemar.
ps: No he encontrado ninguna imagen ni vídeo en youtube de Waldemar. Si alguien sabe algo, por favor, que me envíe el enlace. Gracias.

2 comentarios:
Nunca vi "HABLANDO SE ENTIENDE LA BASCA", qué pena que comentes que no hay vídeos en youtube de Waldemar, me encantaría ponerle cara, tanto a él como a su hermano, aunque no hace falta, has logrado que yo también los imagine tal cual tú los imaginabas. Tienes entre otras esa gran virtud.....consigues con tus relatos llevarme a donde quieras.
Soony
Waldemar era uno de nuestros personajes favoritos en la universidad. Merendábamos viendo "Hablando se entiende la basca" y flipábamos con él. Ahora es una broma nuestra,cuando tenemos q organizar algo o hablamos de los sueldos siempre pensamos en él. No sé por qué la última vez q hablé con Rosa- antes de este post- surgió esta escena y me puse a divagar. Solo era eso.
Pero me gusta q imagines a Waldemar.
Un beso, Sonia.
Publicar un comentario