La historia de cómo conocí a Al- esa chica que pasa por aquí de vez en cuando para alegrarme el blog con sus comentarios- está ligada a uno de los momentos más importantes de mi vida, el del asesinato. Como no lo he ocultado nunca, ya sabeis que soy abogada, bueno que trabajo como abogada- entre ser y trabajar hay una pequeño matiz que para mí es esencial- y tal vez lo que no he dicho es que comencé a patearme los juzgados dedicándome (por influencia paterna, por delirios de Juana de Arco o por identificación con los perdedores, o por las tres cosas) al derecho penal, es decir, metiéndome de lleno en robos, hurtos de uso, algunas lesiones, un poco de delitos contra la salud pública (tráfico de drogas) malos tratos...y al final, un par de asesinatos. La primera vez que trabajé llevando un tema así estuve en la retaguardia, ayudando a mi padre que era el abogado del chico (se trataba de un chico que había matado a su novia) de oficio, cómo no. Mi padre es un idealista, un utópico, un defensor de las garantías hasta el final y confiaba plenamente en que la institución del jurado en España solucionaría muchos de los problemas que teníamos cada vez que nos enfrentábamos a un tribunal. Mi padre creía- sigue creyendo- en la madurez y honestidad de la gente normal y confiaba en su capacidad para emitir un juicio responsable y sereno.Pero no tenía en cuenta que no todo el mundo es igual y que el escepticismo y el miedo a perder el poder corrompe muchas cosas. Pese a lo vivido a lo largo de estos cinco años últimos- hemos tenido cuatro procedimientos más con jurado y las impresiones no pueden ser más decepcionantes- él sigue creyendo en el sistema, en este sistema, en la sociedad democrática, en los valores de justicia, igualdad y división de poderes del Estado. Yo no. Yo ya he perdido la fé. Comencé a perderla cuando viví de cerca el primer proceso de asesinato y me quedé desolada sin ella- si no creemos en la justicia, ¿qué nos queda?- cuando terminó el juicio en el que la abogada defensora del que se sentaba en el banquillo (jamás del presunto asesino, la presunción siempre es de inocencia, nunca de culpabilidad; matiz que también me pone enferma)era yo. Aquellos días cerca de mí estaba Al.
Al es procuradora y a la pobre le correspondió el mismo asunto que a mí también, cómo no, de oficio. Digo a la pobre porque yo llevé el tema con tanto celo que si en tres años que duró la instrucción Al no presentó cien escritos es que no presentó ninguno. Creo que por todo el trabajo que hizo (que fue una barbaridad) cobró cuarenta euros, pero no estoy segura de que llegara a cobrarlos, o de que los haya cobrado todavía. Yo tuve suerte: hace un año y medio el Estado me ingresó los trescientos ciencuenta euros que me correspondían. Cuando llegaron ya me los había gastado yéndome cinco días a Formentera después del juicio.Estaba tan destrozada que después del juicio, pese a la belleza de mi isla ni siquiera podía hablar. Había perdido cinco kilos, un par de mechones de pelo y la capacidad de ponerme una toga encima.He tardado dos años en volver a sentarme en un estrado con tranquilidad.
Nuestro cliente era un chico marroquí que vivía en España desde hacía algunos años. Compartía piso con su hermano esquizofrénico al que cuidaba y trabajaba en una pizzería. El piso en que vivían estaba alquilado a una señora viuda que apareció asesinada una tarde de noviembre, justo al día siguiente de que mi cliente le pagara el alquiler. Este hecho fue el dato que determinó el proceso. A las dos horas de encontrar el cadáver la policía ya había detenido a mi cliente. Fue una investigación ultrarrápida y sin ningún rigor. Lo digo ya sin miedo porque lo dije durante todo el tiempo que duró el asunto. Lo sufrí en primera persona desde la primera vez que me llamaron para ir a comisaría y asistir a la supuesta primera declaración del detenido.Eran las ocho de la tarde y pretendían que mi cliente declarara sin intérprete-¿para qué un intérprete si solo te acusan de asesinato y eres extranjero?- a mí me temblaban las piernas y la sangre se me licuó, pero con la voz más débil del mundo dije que no, que me negaba a pasar por ahí y que sin intérprete mi defendido no decía ni buenos días. Les planté cara. No esperaban algo así de una chica con aspecto de pardilla como yo. En ese momento comenzó la guerra, y no sé si yo estaba preparada pero ya no había marcha atrás. Yo solo quería ofrecerle a aquel desconocido lo mismo que hubiera pedido para mí si me hubieran detenido y acusado en Inglaterra- por ejemplo- un juicio justo. Y creo que no lo conseguí. Desgraciadamente sé que no lo conseguí.
Pero todo esto son carreteras secundarias para presentaros a Al. Ella era la procuradora de aquel asunto y en cuanto apareció por el despacho, con su melena hippie y su cartera, tan tímida pero tan risueña, nos hechizó a todos. Al y yo compartimos desde ese momento muchos ratos, muchas esperas en las puertas del juzgado. A mí me sorprendía su interés por el asunto- es la única procuradora que conozco que se lee todos los escritos que presenta y que le notifican, se sabe los temas mejor que yo- su calidez llena de silencio.A menudo hablábamos sobre cosas triviales: cómo llegó ella a Castellón, cuántos hijos tenía, si echaba de menos la Mancha...pero nunca intimamos demasiado. La toga impone una distancia absurda y feroz sobre los que la llevamos, una gilipollez más. Su forma de trabajar hizo que en cinco años en mi despacho todos quisiéramos que los asuntos los llevara ella: jamás se olvida de nada, siempre sonríe, no pone pegas, es lista, sabe cómo está todo...mi padre ultimamente la hace pasar a su despacho para comentarle cómo ha planteado o cómo quiere plantear un tema, necesita de su opinión. Ha conseguido ser imprescindible para nosotros.
Un día Al me trajo el libro de un amigo suyo para que lo leyera, ya que yo le había dicho que estaba metida en trajines relacionados con la literatura. Me sorprendió ese gesto (he de decir que se puso más que roja, granate, al darmelo) y me encantó que pensara en algo que a mí me gustaba tanto que me tuviera en cuenta.Pero tampoco me atreví a decírselo y eso que la veo todos los días laborables de la semana.Yo también soy tímida para muchas cosas.
En enero del año pasado comencé a escribir este blog y unos meses más tarde, en abril o mayo, sucedió. Un día Al nos dejó las notificaciones en el despacho y antes de cerrar la puerta, cuando ya nos despedíamos me lo dijo: "Que sepas que te leo, que he encontrado tu blog". Me quedé muerta, sin saber qué decir. Le dije que entrara otra vez. Se justificaba."Fue po casualidad...por la tarjeta, dando vueltas por internet...y ahora te leo siempre..." Casi se me llenan los ojos de lágrimas, no sabía qué responderle. Esa tarde Al dejó un comentario aquí con su nombre, Alfaro, lo de Al se lo he puesto yo para guiñarle el ojo. Le contesté. A la mañana siguiente en el despacho no comentamos nada.Era como si el blog perteneciera a otro mundo que no quisiéramos mezclar con la realidad. Seguimos trabajando juntas, de vez en cuando yo le preguntaba qué le había parecido algo y ella me contaba sus impresiones.Otras veces ella me hacía alusión a cosas que le habían gustado- se ha hecho seguidora de la Costa Brava y lee a Nínive, al Guaje -o a los comentarios que me habían dejado por aquí. Nos fuimos abriendo poco a poco y sorprendentemente tengo que reconocer que nos hemos hecho amigas a través del blog. Sin él yo no hubiera descubierto a la mujer que se esconde tras la sonrisa más tímida del mundo, y es todo un universo lo que oculta, la verdad, un universo al que cuanto más me acerco me parece un regalo mayor.
La historia de Al tuvo un momento cumbre a principios de esta semana, cuando estábamos juntas sentadas en el juzgado de familia, después de una vista por las medidas sobre hijos extramatrimoniales. La secretaria del juzgado pierde el acta en el ordenador. El juez, que apenas muestra ningún gesto, se impacienta. Mi cliente me mira como un pájaro asustado, no entiende qué pasa. El juez comienza a dictar de nuevo todo lo que ha sucedido durante el juicio (en esquema, el contenido queda registrado en un deuvedé) y en ese intervalo Al me susurra:
-Me he comprado el libro de "Canciones contadas"...
- Joder! Es fantástico- le contesto yo sin mirarla, como hablan las Meninas
- Es que a mí me gusta mucho la música..-dice Al ocultándose tras su melena.
- Lo sé, me he dado cuenta por tus comentarios...
- Soy muy ochentera, bueno..
- Y yo, yo también.. te encantarán los relatos, el de Sergio Algora es una maravilla y el de Fran...
- Qué ganas tengo de conocer a Fran Fernández...
- A ver si vienen algún día por Castellón
El juez nos mira levantando la ceja, como si estuviéramos en un examen, nos pide silencio, pero nosotras seguimos hablando, para qué pierden el acta, no hay que ser tan intransigente, si hablamos muy bajito...
- Bueno, el de Fernando Alfaro también es muy chulo- continuo yo
- Yo me lo cruzaba todos los días
- ¿Sí?
- Me encantaban sus letras.
- Es bueno el tío
- Si ya te digo... yo no sé vivir sin música
- Ni yo
- Es que, bueno...- enrojece y con la toga anuncia un momento stendhal, el rojo y el negro- el negocio de mi padre era una discoteca
Doy un salto en el estrado.¿Al, mi compañera más tímida, una discoteca? La miro con los ojos manga.
- ¿¿¿una discoteca????
- Sí...- se rie y su sonrisa es de vaqueros de campana- se llamaba el Rallye y tenía medio coche en la fachada
Se me salen los ojos de la viñeta
- Guauuuuuuuuu!!!- no puedo ser más elocuente
-Era la discoteca del pueblo y yo de pequeña me pasaba las horas allí...
Sin respiración le interrogo
-¿tenía bola de espejos?
¿sillones de eskay?
¿pista de baile?
Me contesta rauda y veloz, como si fuéramos espias pasándonos las contraseñas
- Sí, por supuesto
y zona oscura
y la hora de los lentos
miles de vinilos
pasaron por allí Fórmula V....
-Aggggggggg....-estoy al borde del desmayo; el juez me mira entre preocupado y mosqueado al verme en trance- cojo el boli y en el reverso del escrito de demanda le escribo: "eres mi ídolo"
Se rie ocultándose nuevamente tras su melena.Qué suerte tener cobertura. El juez se queda quieto, desafiante. Yo me incorporo y enderezo, con tanta emoción me había resbalado de la silla.
- ¿Cómo se escribía Rallye?
Lo anota en la demanda tal cual lo acabo de escribir yo.
- Agggg...¡me chifla!
Se imprime el acta. La secretaria del juzgado nos pide disculpas por el retraso.Yo estoy apunto de besarle en la frente, de dar un abrazo al ordenador: el momento que me acaba de regalar el programa Cicerón es impagable. Nos quitamos la toga y salimos de la sala.Volvemos a nuestras posiciones.Mi cliente me pregunta mi impresión sobre el juicio, se lo explico todo.Al aguarda a mi lado. Cuando termino le digo si tiene tiempo para tomarse un café. Me contesta que no, "tengo que pasar por el número...y después, voy pillada de tiempo...pero te enviaré un carta y te contaré la historia...". Yo me quedo como un niño sin globo y vuelvo a las escaleras, saludo a Maxi, el guardia civil de la puerta y regreso al despacho cantando "claro que sí, después de un balón siempre hay un niño". La repito cien veces como un mantra.
Dos días después en mi mail aparece una de las historias más bonitas que he leído ultimamente. Un cuento del estilo de "Cinema Paradiso" que describe el mundo de Al. Se me pone la carne de gallina al ir descenciendo línea a línea por la pantalla.
" Bravo por la música" lo titula ella.
Bravo por la música, Al.
Bravo por el turno de oficio.
Y viva la justicia poética que me acercó a tí.
11 comentarios:
Buff... Vuelves en tu mejor versión eva, hablando con las entrañas, con una historia absolutamente genial, ¡¡y cómo la cuentas!!
Por cierto, no puedo más que decir -si se me permite- que después de esto soy fan de Al.
Un abrazo
Acuso y recibo tu abrazo, Guaje, y me alegro de que te guste el post.Lo de ser fan de Al es casi obligatorio cuando la conoces, aunque sea a través de una tercera, como yo.
un beso fuerte y mil galaxias de gracias
if
Yo también siempre digo que te conocí por "culpa" de un asesinato ¡qué cosas!... nunca sabemos dónde vamos a encontrar a personas que nos van a acompañar en muchos momentos de nuestras vidas.
Hoy no se qué decir, mi timidez al hablar ha contagiado a mi escritura que es mucho más valiente ... mil gracias, y hasta mañana que nos espera otro asunto de esos que creo que nos va a mantener "unidas" de por vida
(Guaje, otras mil gracias para ti)
Un beso fuerte Al, mañana le contamos la historia del Rallye al juez.Me alegro de la culpa.
Gracias a vosotras, menuda historia...
¡Blog de Al, ya!
Aunque intuyo que habrá muchas más y tan importantes como esa, solo por leer la génesis y evolución del Rallye ya merecería la pena abrir ese blog. Así que me uno a la plataforma de Guaje: blog de Al ya!!!
Besos
eva
anonadada me hallo, bendito internet que me permite conocer historias tan increíbles y bonitas!
un besazo!
Hola. Yo también me encontre con Al (para mi Encarni) por casualidad detrás de unas muletas que traía tras un robo de bolso (otro delito, otra coincidencia) Luego esas muletas dieron mucho juego aquel verano de 1995 y por supuesto con ellas cojo por una lesión "fusbolística" fuí a la Rallye ya en su última época. Y como dice sabina "..y contra prónostico han ido pasando los años.." y aún me aguanta como amigo, en fin un lujo.
Bueno eva (aunque no te conozco, sólo por lo que me cuenta Al) lo de tu blog, que visito de vez en cuando, me parece genial y leerlo es un desahogo, intentaré pasar más por aqui, un saludo a todos.
Hola Pascual, encantada de saludarte!!! Ya tenía ganas de ponerte nombre y de leerte... cuántas volteretas y coincidencias nos llevan hasta los amigos...espero q el hecho de que pases de vez en cuando por aquí también sea el comienzo de una historia brillante y llena de buenos momentos, como la de tu amistad con Al
Un beso muy muy fuerte
eva
Hola. Me llamo Álvaro y he llegado a este blog gracias a Al, mi querida procuradora. Como bloger que soy, me siento orgulloso de saber que ambas os embarcasteis en esta aventura de escribir para compartir así con los demás vuestras inquietudes y vivencias. Me apasiona la blogosfera, jamás dejará de hacerlo.
Eva, me ha emocionado la manera en que te diriges en este artículo a Al en todo momento. No me extraña. Hace unos días tuve la suerte, la enorme suerte, de poder conocerla en persona y es una mujer maravillosa. Esa tímida sonrisa que tiene te embelesa y es de lo más tierna.
Me ha encantado el momento en el que relatas con muchísima gracia vuestra conversación en mitad del pleito. Como dos niñas charlatanas en plena clase de matemáticas, donde el profe, en este caso el juez, las mira con detenimiento y a punto de reprenderlas.
Esta entrad me la he leído ya dos veces de lo mucho que me ha gustado. No dudo en leerla otra vez con el paso del tiempo, porque es muy pero que muy agradable.
Me siento afortunado de poder conocer a Al, y para mí sería ya un regalo del cielo conocer, una vez que empiece a ejercer como Procurador dentro de no mucho, a personas como vosotras en el entorno laboral. Sería espléndido poder vivir algo así con una compañera o compañero de profesión, sea letrado/a, procurador/a, funcionario/a...
Te seguiré leyendo, Eva. Gracias por compartir esta anécdota con todos nosotros. Veo que ya no escribes tanto en el blog como antes, espero que algún día retomes la costumbre.
Un fuerte abrazo.
Álvaro R.
www.anhelarium.com
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