-¿Así que es cierto? ¿Quieres ser doctora? Yo creía que...
- Claro que no, seré profeta, pero es mejor que no lo sepan.
Quería ser la justicia, el amor y la cólera de Dios en una."
"Persépolis", Marjane Satrapi
Siempre llego tarde a todo: a las citas, al tren, a la música, al cine, a las personas... Creo que soy una persona observadora, atenta y la realidad me demuestra día a día justo lo contrario: que pasan por delante de mí las oportunidades, vestidas como actrices de revista en las Ramblas y yo ni las veo. Una es así, torpe hasta en lo importante.
Por eso no es de extrañar que un año después de su estreno en cine yo descubriera ayer "Persépolis" de Marjane Satrapi. Tenía, tengo, el libro en casa, desde hace más de dos años, ya que lo encontré por casualidad una noche en "El bandido doblemente armado"y me fascinaron sus dibujos. Aquella primera vez no me lo llevé porque seguía la noche por Malasaña y no tenía mucho dinero ni muchas fuerzas para transportarlo (trescientas cincuenta y seis páginas de novela gráfica pesan lo suyo), pero la siguiente vez que me tropecé con la Satrapi sobre el rojo ya no pude rehuir su mirada y me la traje a casa. Pese a ello hasta ayer no me había metido en su universo. Anoche llegaba a casa maldiciendo mi soledad provinciana, tras acudir a la presentación de una niña, de la que soy comadre en el culto gitano (la iglesia evangélica) y me tumbé en el sofá para viajar a Irán, como si la televisión un sábado fuera una alfombra voladora.Una alfombra persa, claro está.
Me conmovió la película. Me hizo reir, llorar y me dió auténtico miedo. Me asustan los fanatismos, las cuestiones de fé, los extremos que se pueden llegar a justificar a través de ellos. Mis padres y mi hermano acaban de regresar de una peregrinación a Israel. Yo no quise acompañarles por dos razones: no comulgo con la Iglesia Católica y me duele terriblemente Jerusalén. Una de las personas que más admiro y aprecio nació allí, nació jordano- creo q no me equivoco- y desde que salió de su ciudad para estudiar en Europa no ha podido regresar. Le arrebataron su familia, su país y sus raíces. Jamás le despojarán de su dignidad.Ni el fantamismo ni la injusticia pueden con eso. Durante la última semana en mi casa se ha hablado mucho sobre religiones y conflicto. Mis padres venían impresionados del viaje, pero satisfechos por haber visitado los lugares que para ellos son santos. Mi hermano en cambio, estaba impresionado por la situación que se vive en Israel, sobretodo por el modo en que son tratados los musulmanes. "Es imposible que se resuelva el conflicto- me contaba- Jerusalén es una ciudad dividida por las religiones, pero una comunidad tiene el poder y eso se nota. Las otras carecen de derechos y a los musulmanes nadie se los reconoce". A mis padres no les hace ninguna gracia oir eso, y argumentaban en su defensa que tampoco los cristianos podían practicar su religión libremente.
Anoche viendo "Persépolis" seguía dándole vueltas a mi descreimiento. Ya no tengo fé. No creo en nada. Es más, a menudo cuando escucho los postulados de cualquier religión me asusto. Todas las religiones se construyen en torno a la idea del miedo, todas se basan en la culpa, en la justificación del dolor. Para mí es imposible vivir con miedo. Yo rechazo la vida así, con una espada justiciera en la nuca dispuesta a caer sobre nosotros cada vez que tomemos una decisión.
Estuve en el culto por la tarde. Una amiga gitana me hizo madrina- testigo de la presentación de su hija ante la Iglesia Evangélica- de su hija. Antes de decidirlo me preguntó si tenía algún reparo ante su elección, le contesté que el único inconveniente que veía es que yo no era creyente y que me parecía contradictorio participar en un acto con significado religioso pensando así. Ella - y su madre, a la que adoro- me explicó que era un acto sentimental, que para ellos yo era de su familia y que querían demostrármelo. La ceremonia fue extraña. En la iglesia no había símbolos- me sorprendió- únicamente un atril al que se subía el pastor y una fotografía enorme que cubría toda la pared del fondo con un bosque lleno de chopos. Yo llegué tarde- cómo no- pero eso no parecía tener importancia allí, porque la gente entraba y salía constantemente. Los niños jugaban, comían doritos, bailaban. La música era fantástica, eso sí, flamenco en vena: dos guitarras, un violín, una batería, un cajón y tres mujeres en las voces. El pastor exhortaba a gritar a la comunidad: "¿verdad que creéis en Dios?" Y entre las sillas saltaban las voces de los aleluyas: " Síiiíii!" "Amén!!! ". El pastor les reñía por no gritarlo suficientemente alto. Las voces se apelotonaban.El pastor incidía : "Pero...¿Leeís la biblia? Levantad la mano los que leáis la Biblia..." Muchos las alzaban timidamente. El pastor miraba los rizos oscuros de las primeras filas: "¡¡¡Las mujeres debéis leerla también!!!" Ellas encorsetadas y con el perfume roneándolas, se reían tapándose la boca.
Las mujeres en el Islam, en el cristanismo, en cualquier religión...las culpables de todo.Las hijas de Lilith- de quien nunca se habla- las herederas maltrechas de la curiosidad más castigada de todos los tiempos, la de Eva. Eva, que quiso saber y a la que se castigó a conocer el sufrimiento.
Una de las escenas más bellas de "Persépolis" se corresponde con la de la imagen que he elegido para el post. El tío de Marjane es liberado tras la caída del Sha y durante su libertad le cuenta a su sobrina su historia, la historia de su lucha por la justicia, la historia de su familia para que nunca olvide de dónde procede. Con el nuevo régimen el tío es encarcelado otra vez y solo tiene derecho a una visita en prisión: decide que quien le visite sea Marjane. Cuando ella entra en la celda él comienza a bailar con ella, le dice lo guapa que está, lo bonito que es su vestido y le regala algo que él mismo ha hecho, un cisne de miga de pan.
Ese cisne que Marjane recibe es la promesa del futuro. Es el rechazo al miedo, a los que lo utilizan para imponernos su presencia (pues carecen de ideas) es elegir la serenidad frente al fanatismo.
Por eso, aunque llegue tarde, aunque sea por otras razones, me gusta que relacionen las palabras con miguitas de pan. En realidad, las palabras son un instrumento para no perdernos.

4 comentarios:
¿Y no te pareció un poco fuera de lugar que, a estas alturas, presentaran el comunismo como algo edénico? A mí me rompió un poco las pelotas...
Por cierto, a ver cuándo le dices al mundo que tú inventaste las RSS.
Pues sí, la verdad, esa parte me aburre bastante- la dicotomia que parece inevitable- pero conseguí obviarla. Me fijé más en las restricciones de derechos y en el fanatismo, no sé porqué. Debo tener la semana mística o algo parecido.El comunismo como solución a estas alturas me agota (si me lee mi hermano escribir así de Marx me mata, pero bueno...)la dualidad es insoportable a veces.
Y las RSS???
Estoy densa Isaac...¿a qué te refieres?
Mil besos,
eva
Yo no entro en tu blos a ver si has actualizado. Yo estoy suscrito a tus RSS. Esto es, cuando actualizas me llega un aviso. Esta semana se me han acumulado 7 actualizaciones porque últimamente ando algo ocupadillo. Sólo eso. Si no sabes cómo funciona, no tienes más que preguntar (me).
Uy, pues sí, Isaac...mil gracias.No sé cómo funciona la mitad de las cosas del blog. Yo en esto soy como Ana O'Sullivan: que haya conseguido escribir en linea recta ya es todo un milagro, así que te escribo con mis dudas y si tienes tiempo y no te importa me harás un favor enorme.Muchas gracias por la explicación, y por el tiempo.
Mercí!!!
eva
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