Ayer estuve de guardia y como tuve tanto tiempo de esperas, entre declaración y declaración, había pensado escribir un post riéndome de mí misma- que me pasé el día maldiciendo mi vestido con escote y asombrada de lo esperpéntico que era mi papel en algunos momentos-así que guardé los tickets de la cafetería de los juzgados (por si me daba la vena Fernández Mallo y a partir del ticket, con mis consumiciones ,trazaba el esbozo de la jornada) y fuí anotando lo que hacía hora por hora. Tuve suerte y a mi intervención en comisaría le faltó un cameo de Cruz y Raya: el detenido era un señor mayor (muy mayor, setenta y largos, bien vestido y mejor peinado, como un veterano de guerra en Brighton) que se había llevado un cable que encontró por la calle - una tontería- y que indignado como estaba, mientras hablaba conmigo en el patio, perdió un diente que hizo una parábola perfecta ante mis ojos, a punto estuvo de caer en mi escote y por fín acabó en el suelo, yo creí que dentro de una trampilla de desagüe y él quería que lo buscáramos por mis pies. Con semejante argumento tenía el post medio escrito, así q mientras me retrasaban las declaraciones en el juzgado de guardia y en el de violencia, me senté en el pasillo y rayé cuatro hojas de moleskine. Me reía sola. Pasó durante ese rato uno de los agentes de la policía nacional que me había atendido con el almirante de la armada inglesa que había robado el cable y me informó del desenlace del misterio del diente.
- Lo hemos encontrado.- sonreía satisfecho.
- ¿Sí?- mohín de desagrado.
- Sí: hemos barrido la zona, nos hemos puesto guantes de látex y ha aparecido. Lo hemos cogido con unas pinzas y como si fuera una pieza de convicción lo hemos introducido en una bolsita y se lo hemos devuelto.
- Ay...- mi rostro no expresaba alegría, sino más bien asco- Él estaba preocupado por el diente. Decía que su mujer lo iba a matar.
- Pues ya lo ha recuperado.
Y se despidió con una sonrisa, como si yo fuera un mando. Me imaginé un capítulo entero de CSI Castellón en torno al misterio del diente expulsado: el bolígrafo echaba humo sobre la raya francesa.
A mediodía mientras seguía con el bricolaje en casa me volvieron a llamar. Destino de la tarde: guardia civil de un pueblo limítrofe con nuestro partido judicial. Ducha, vuelta al escote- qué impropia estuve, pordiossss- los talones del colegio de abogados, la ley de enjuiciamiento criminal...y en mi coche con la ventanilla bajada- se me ha estropeado el climatizador esto es un desastre- carretera comarcal arriba, carretera comarcal abajo. Como he recuperado mi maleta de casettes, ayer me pasé todo el viaje cantando antiguos éxitos: Los Planetas, Iván Ferreiro, Silvio Rodríguez, La buena vida, Rufus Wainwright....A la hora de la merienda el sol no había bajado un ápice y entre montes de olivos descubrí el "Todo por la patria".
En el interior me saludó un agente atentísimo que me presentó a mi cliente, Ricardo, al que le temblaba el labio.
- ¿Por qué está detenido?
- Robo con fuerza en las cosas.
Qué, cuándo, dónde, a qué hora, cómo. Por más preguntas que hagas y aunque amenaces con denunciarles a Garzón si no te enseñan el atestado, a las fuerzas de seguridad de ahí no los sacas. Las clases de procesal- el art.520 LECRim y el 24 CE- han pasado por ellos sin dejarles huella. Ricardo me mira asustado, tiene ojos de Bamby.
- Yo no lo he hecho. Tengo q decírselo, no lo he hecho.
Palmada en la mesa del sargento atentísimo que de repente debe haber notado una patada en los güevos y se le está indigestando el colacao.
- Pues no declares.- apuntillo, chincharabia.
Ahí yo meto la cuña clásica. Si no me dejan saber, si no puedo hablar con él antes de que declare, si solo voy a ser una marioneta, ya sé que lo mejor es q se calle (lo sé yo y casi te lo escriben al dorso cuando te dan el carnet de abogado) declarará ante el juez después de que lo veamos todo y sin que nadie le dicte.
El sargento arruga la nariz. Ricardo firma las hojas de los derechos con las esposas. Ocho en total. Yo le sigo y mientras hago mi garabato leo en su firma: richard. De repente la realidad da una voltereta y me pongo a imaginar en qué momento Ricardo, ese ricardo-bamby al que le tiembla el labio, decidió que le pegaba más Richard y se vió a sí mismo, fuerte y capaz, viviendo en una película americana. Imagino los gestos de Richard, encendiéndose un cigarro, en la puerta de la disco apoyado en un renault fuego y me paro en sus muñecas, ahora enrojecidas por las esposas.
- Lleva muy apretadas las esposas, ¿no cree?
El sargento estira el cuello y comienza a echar tierra hacia atrás con el pie derecho.Menos mal que el suelo es de gresite, que si no me embiste.
- Ahora se las aflojaremos, cuando termine la diligencia. ¿Quiere usté hablar con el detenido?
- Yo sí- grita Richard.
Nos llevan a un cuarto pequeño y húmedo que deben utilizar como centralita porque no deja de sonar el teléfono. Cierran la puerta, se meten en otra habitación y a mí me entra en ese momento una neura extraña: si Ricardo no es Richard, el chico de la discoteca, si es un aprendiz de la mafia yugoslava y quiere escaparse porque se le vienen encima cuatro robos en varias casas, ahora lo tiene muy fácil, me coge del cuello- asfixiándome con las esposas- sale conmigo como rehén, coge mi coche y ya está: Letrada imbécil con escote facilita la fuga de un detenido. Tengo que dejar de ver series de la Fox.
Pero Ricardo es Richard y solo quiere que llame a su chica que está embarazada, que la tranquilice. Me cuenta que tiene miedo porque le han dicho que le bajarán a los juzgados dentro de dos días si no "colabora" y él no quiere comerse un marrón que no le pertenece. Le digo que ya veremos, pero por decirle algo, porque luego cómo demuestras que no era necesario tenerlo retenido todo ese tiempo, si parecen artesanos cuando les interesa.
Salimos del humedal. Me despido del sargento con un apretón de manos. Cuando llego al coche compruebo que me he olvidado de señar mi talón del colegio de abogados, así que retrocedo. Me encuentro la misma escena que he presenciado al llegar: una habitación con dos mesas, dos agentes de la guardia civil, tres sillas al otro lado y en una de ellas, con las esposas, Richard.
- ¿No tienen otra sala? - le pregunto.
- No. Ni calabozos.- Me contesta el sargento a punto de ponerme el sello en la frente.
- Las esposas.
Ricardo me sonríe. Le han colocado su silla cara a la pared, como si fuera un niño revoltoso en el rincón de pensar. Imagino lo que será allí el resto de la tarde.
-¿Cuándo lo van a pasar al juzgado?
- Cuando podamos...- resopla el agente.
- Espero que no tarden, esto no debe ser tan complicado.
Me lanza una mirada furibunda y yo, con mucha calma, decido que ese es el mejor momento para convertirme en Carrie Bradshow, así que sonrío, ladeo la cabeza, cojo el talón y celebro mi escote, el vuelo de mi vestido y el repiqueteo de mis taconesse pierde por el patio de la benemérita.
La carretera está practicamente vacía a la vuelta. Intento hacerle los coros a Jota en "Corrientes circulares" pero la realidad me ha secuestrado la voz.
3 comentarios:
La vida misma, querida mía,... como la vida misma.
Compañero de trinchera, tú lo has dicho, la vida.
Muchos besos
eva
Richard pasa a ser uno de mis nuevo ídolos. alguien tendría que dedicarle una banda sonora.
En cuanto al "veterano de guerra en Brighton", supongo que al menos le habrán dejado ver un cacho de Quadrophenia. Lo contrario me parecería una tropelía y una falta de modales.
Espero que tengas más guardias evamarin y que escribas un libro tipo "Diario de una abogada de Downtown".
Mr. A
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