domingo, 1 de mayo de 2011

Carmesí entre campos de lavanda.

Un cliente con conversación.
Yo, si fuera puta- y no quiero ser frívola- sería lo primero que pediría: un cliente con buena conversación. Un hombre apasionado sin extralimitarse; tierno, sin tener las manos de flan; decidido, sin caer en la arrogancia; dulce, sin parecerme baboso, o resbaladizo; torpe sin tacharlo de inútil;  honesto, en la medida que no me regateara sus miedo, eso sí, capaz de asumir sus contradicciones. Yo, si fuera puta-y no quiero caer en los tópicos- lo último que pediría es enamorarme. De ahí que prefiera, según la temporada, asegurarme de incendios.
    La llama se prende en una escena del primer capítulo de "The Crimson petal and the White": Sugar y William se encuentran en un local de los barrios más pestilentes del Londres victoriano. A él le sobrepasa su vida, a ella le mantiene despierta la rabia. Velas, borrachos y el mismo sabor agrio de la desesperación en los labios de los dos. Una mesa. Un comentario absurdo de él sobre un escritor  provoca una respuesta más inteligente de ella. De repente  se produce ese click: los dos se escuchan al borde del encantamiento. Ella es prostituta y traduce sus miedos en reservas, él es rico y pusilánime, jamás podrá cambiar su condición.Los dos escriben:él sin norte, con más vanidad que destino; ella por pura supervivencia, porque no tiene sitio en su personaje. Los dos huyen de algo, los dos están atrapados en un callejón sin salida.
     Locura, campos de lavanda, miriñaques, tuberculosis, cuentos infantiles y poemas de Shakespeare entrelazan su historia. Una dirección artística sobresaliente (a veces recuerda a Tim Burton), música de contrarios que hipnotiza (un organillo o un piano, el viento presente en los espacios vacíos, melodías de bañeras) escenas de sexo sin satén, necesarias y explícitas, de esas a las que no se les puede encontrar un "pero" y actores que son el personaje. La palidez de los labios de Sugar está cargada de tanta humanidad que atrapa a cualquiera, de ahí que cuatro capítulos sean insuficientes, que termines la producción con ganas de acudir al libro y seguir a Romola Garai por toda Inglaterra.
   Fuegos artificiales o eternos en la pantalla del televisor. Debería pasarnos algo así más de una vez en la vida: deberíamos poder sentarnos en esa casa de alterne victoriano para borrar lo que nos rodea y ser una puta con su cliente. Que a partir de ahí solo importara aquello que el otro nos dice con la mirada. Que fueran las palabras de quien tenemos sentado frente a nosotros las que nos dieran fuerza, tacharan el día del calendario, las miserias de la rutina o el barro de las botas. Deberíamos arriesgarnos a caer en nuestras contradicciones al menos una sola vez y despertarnos en una cama temida para saber que no pasa nada, que los campos de lavanda siguen floreciendo.
   Que son nuestras contradicciones las que demuestran que hemos existido.

5 comentarios:

encarnisabina dijo...

Qué alegría leerte!!!!!

Un beso

evamaring dijo...

Por aquí ando, con más dudas que al principio, pero incapaz de permanecer callada mucho tiempo.
Gracias Al.
Mil besos
eva

Anónimo dijo...

Bien, has vuelto (nunca te fuiste, diría).

Me gusta esta faceta de cronista. Muy acertada esta frase final: "Que son nuestras contradicciones las que demuestran que hemos existido".

y genial el tema Puta. Sólo Extremoduro ha sabido tocar este tema antes

El chico que...

Anónimo dijo...

El poco tiempo libre de que dispongo, disfrutando de tu blog, sabe más y mejor.
Me alegra leerte de nuevo.
Perdida en un campo de lavanda....

Soony

evamaring dijo...

Gracias por volver, chico que, soon yi, en realidad nunca os fuisteis.
Abrazo,
eva