Las noticias este fin de semana han sido un banquete de crueldad. Bueno, no le echo la culpa a los medios: la realidad era una orgía de maldad, los informativos, a grandes rasgos, solo daban cuenta de ello, con mejor o peor estilo. Pero el mundo les brindaba carnaza- y cómo no- ellos y todos los demás la hemos devorado. Cruda y maloliente. Hasta los que no queríamos enterarnos de lo que pasaba hemos asistido a la celebración de este entierro fastuoso.
Primero fue Noruega, la isla de Utoya y la silenciosa matanza de Anders Behring Breivik. Digo "silenciosa" porque las imágenes que ofrecían los telediarios el sábado mostraban cuerpos tapados con sábanas por todo el perímetro de la isla, y ese cordón blanco aparecía en mi cabeza como un diálogo de cómic vacío. La ausencia de vida tiene ese ruido sordo que también se despliega en los incendios, y que en el oído resulta terrorífico.
Fue de uno en uno, comenzó por la chica más guapa, buscó la munición que causara mayor sufrimiento y realizó un anuncio velado de su hazaña en twitter. El orden es el inverso, pero en síntesis así sucedió. Hay que leer el blog de Khamshajiny Gunaratnam (el texto se encuentra traducido al inglés ) para hacerse una idea aproximada del dolor. Ella consiguió salvarse nadando y describio en su blog ese mismo día el infierno.
Hay un momento de su relato en el que cuenta cómo los disparos de Anders Behring Breivik no le alcanzaron. Y cómo su amigo Matti casi la sacó de allí.No me imagino la dosis de rabia y frustración que debió provocar en el asesino su fallo. Ni la dosis de ¿adrenalina?¿endorfina?(¿qué sustancia química placentera se expande por algunos cerebros cuando deciden inflingir dolor a sus congéneres?) que le reportaron sus prácticas de tiro.
Pero debió ser un chute incalculable. Aún supurará placer por sus poros.
Y es que, sinceramente, yo creo que hay algo (reacción química) que nos hace disfrutar del sufrimiento ajeno. Y no, no se trata de un desequilibrio de sustancias parecido al de la locura. Me da rabia que el comentario habitual cuando alguien comete un crimen sea "estaba loco" o "era un enfermo mental". Lamentablemente conozco a mucha gente que padece enfermedades mentales y nunca les he visto levantar la mano. También conozco, por mi trabajo, a algunas personas que mataron a otras (o que les causaron algún daño) y estaban perfectamente cuerdos. O no, que estaban tan desequilibrados como mucha de la gente que consideramos "normal", con la que convivimos. Y también he tratado de un tercer tipo, enfermos mentales que destrozan su vida y la de los otros, asesinos que habían perdido la razón y no sabían distinguir los límetes entre la realidad y el juego. Pero me indigna que siempre que sucede un hecho de esta naturaleza se eche la culpa a los enfermos mentales. Sí y no, a veces coincide, no siempre. Hay personas a las que la maldad les reporta un beneficio (químico, físico, monetario o social, del tipo que sea) y eligen libre, consciente y voluntariamente esa opción. No son enfermos mentales. Son terroristas, maltratadores, asesinos...cada uno escoge su etiqueta. Pero insisto, no todos los magnicidas cuyos nombres aparecen en los periódicos son enfermos mentales. Al menos esa es mi creencia.
Aunque es más cómodo pensar así, con esa reducción presente y no asumir nuestra cuota de responsabilidad, la que a cada uno nos corresponda. También es más sencillo decir que Amy Winehouse era una yonqui y pasar página. "Amy Winehouse abraza su destino" ese era el titular del ABC del domingo. Miré debajo y no encontré el nombre del ganador del ipod. Qué agudeza visual la del periodista. Hace un par de años, no sé si lo recordaréis, había una página en internet en la que la gente concursaba apostando la fecha de la muerte de Amy Winehouse. Lo cuenta estupendamente en su blog Eduardo Rodríguez. "Mea culpa". Y nuestra, como añadía Isaac, tan nuestra. Aunque nos cueste reconocerlo.
Porque todos apostábamos por la muerte de Amy. Y por la de Antonio Vega. Y por la de Ortega Cano (por la tarde, por favor y a ser posible mientras lo condenan en "Sálvame"). Y por la de Lady Di. Y por la de Omayra, aquella niña agarrada a un palito que el barro se tragó.
Y es que la muerte de Amy no escuece. Quien diga que sí, está mintiendo. Le dolerá a sus amigos- si aún los tenía- a sus padres, que deben estar luchando contra algún remordimiento y tal vez a la telefonista de la Universal que cogía el teléfono cuando ella llamaba y pedía pasta para crack, puede que ella le cogiera cariño. ¿Pero a nosotros? A nosotros nos fascinan este tipo de acontecimientos: el vómito de Jimmy Hendrix, la piscina de Brian Jones, la leyenda de ese mechero blanco que siempre aparece cuando un músico se une al Club de los 27 ... y las hipótesis sobre la soledad de Marilyn Monroe a la que también encontraron muerta en su apartamento al romperse el verano.
Nos fascina el sufrimiento.
A mí sí. Lo admito. Con unas cotas muchísimo más bajas que las de otros, pero yo también practico la crueldad para mis adentros. Es verdad, lo confieso. No me gusta admitirlo en público: veo telecinco, soy cotilla según qué ratos y paladeo la desgracia ajena y lejana- cuanto más lejana más gustosa- entre otros vicios que no quiero comentar.
No me enorgullezco de lo que acabo de escribir.
Sin embargo el sábado tenía un sapo enorme en la garganta.
Una sensación de vergüenza y horror que no sabía explicar. Los mensajes en el facebook- hay días en los que la página azul se viste de obituario- se sucedían y no, no tenía nada ninguna gracia.
Llegué a casa pronto y puse el canal 24 horas. Flores y botellas de vodka en Camden.
Imágenes del concierto de Belgrado.
Los tatuajes rotos.
El eyeliner corrido.
Solo podía repetirme lo viva que estaba hace tan solo cuatro años.
Lo recordaba el otro día al hablar del FIB: Amy Winehouse nos había enamorado. Era una muñeca de cristal, pero transmitía tanta belleza...Tal vez ese derroche de fragilidad y talento sea una mezcla insoportable.
Como ella, la mayoría somos adictos al dolor.
Nos gusta jugar sabiendo que perdemos todas las partidas.
Pero seguimos apostando.
Si alguien se acerca para darnos el alto, sugerirnos que no nos hagamos esto o abandonemos esta porqueriza, entonamos el estribillo de "Rehab":
No, no, no...
No sé por qué, pero hay que ver qué derroche de verano.

3 comentarios:
Estoy contigo en tu punto de vista respecto la facilidad con que catalogamos de enfermos mentales a quiens cometen atrocidades. Durante mi época de trabajo en los medios de comunicación entrevisté a miembros de AFDEM (ASOCIACION FAMILIARES PARA LOS DERECHOS DEL MENTAL), compuesta por padres y hermanos de enfermos mentales, y su mayor crítica, al margen de la falta de fondos públicos, era esa. En cuanto a disfrutar con el dolor ajeno y lejano, me cuesta reconocerlo, pero es posible que sea un aspecto generalizado en la mayoría de los humanos. Lo único que tú has sido valiente y no sólo lo has reconocido sino que lo has escrito (verba volant, script manent). Muchos besos. Me gustó verte ayer, vestida de mi color favorito y luciendo brillo en los ojos.
Soony
El tema de los enfermos mentales y las noticias es para indignarse de verdad. No sé qué esperan en la asociación de la prensa para pronunciarse al respecto.
No es valentía, es casi una milonga exculpatoria. Confieso q también tengo un lado oscuro, pero como la generalidad, creo. No tiene más merito.
Tú sí q lo tienes por muchas razones, Soon Yi. Un abrazo muy fuerte
Supongo que todos tenemos nuestro lado oscuro, y que a cada instante batallan en nuestro interior el doctor Jekyll y mister Hyde.
De todos modos coincido en que muchas veces fingimos un dolor extremo por personas famosas que mueren y que realmente no conocíamos. En parte será, porque su muerte significa que se van recuerdos que tenemos asociados a ellos (ese concierto, esa pelíucla en el cine, etc)
el chico que...
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