
Hace unos días Nínive hablaba de montar una mercería. Al leer su comentario recordé este correo que escribí hace unos años y que guardé, precisamente, por mi fascinación ante el mundo de los botones (soy alérgica a los botones, me dan mucha grima y no sé porqué) y de las burbujas. ¿Qué relación existe entre las burbujas y los botones? Realmente no lo sé, pero dejo el texto, para quien guste:
"Estoy esperando q la dependienta de la mercería me traiga unas medias de rejilla de mi talla.Como me aburro y la señorita en cuestión no parece haber recibido una beca fullbright de esas, los minutos vacios se hacen allí dentro moscas de insoportable zumbido.De repente oigo sus tacones detrás de la cortina (las mercerías se componen fundamentalmente de dos estancias: pasillo primero, con mostrador y señora adicta al petitpoint a la que se le han acabado las reproducciones de Rembrandt para regalar a los sobrinos- en el que me desasosiego yo- y pasillo secreto, paraíso de los botones nacarados de colores lisérgicos en el que la dueña y única empleada de la mercería, y ocasionalmente corsetería, dejaba que su novio le tocara por debajo de la falda siempre que no sonara el xilofón chino que tiene colgado en la entrada y que tiene la melodía de campanitas del lugar, que sino qué van a pensar, Juanfran, qué van a pensar...) y la observo acercarse con el cartoncito en la mano a ritmo de látigo fustigador-pam, pam, aquí mando yo, pam, pam- y a un metro de distancia dedicarme un mohín de rancio desagrado, de esos que se mueven en vertical, de arriba a abajo y de abajo hasta tus abuelos, y así sucesivamente. Entonces me pregunto qué coño le he hecho yo a esta mujer para qué me brinde ese gesto.
Es ese interrogante, esa palmada de amargada y devota de Santanarosaquintana, ese jardín secreto de botones y lanas, esos lirios de Van Gogh a punto de cruz enmarcados de madera noble, ese olor a nafatlina, todo eso o cualquiera de ellos , el más absurdo de todos, se convierte en el motor que desencadena la ansiedad de los cuentos.
Y entonces te subes a la noria.Pónte el cinturón y sujétate, por favor.
Lo de escribir es algo casi esquizofrénico, te asalta en cualquier momento y te llena la mente, el estómago, la rutina y hasta los sueños.De repente te asaltan las vidas de otros que nunca existieron, y que ni siquiera sabes si llegarán a cobrar una entidad propia, pero que están ahí, inquietantes, brumosos, hablándote, tomándose cafés, embarcándose en situaciones q ni siquiera tú misma sabes si llegarán a buen puerto.Y mientras todas esas historias se tejen y deslabazan en tu cabeza sientes que la realidad pasa por delante de tí como una moviola, y tú la miras impasible, desde tu burbuja, porque aunque te muevas no darás ni un paso en el mundo de los señores o señoras y ni siquiera tus amigos podrán oir tus palabras, ni mucho menos entender tus miedos porque tú ya estás, ya has pasado al otro lado y los contemplas desde detrás del espejo.
Así siento yo la soledad del que escribe, o así percibo yo mi soledad al escribir.Como verás se trata de un aislamiento lleno de personas pero muerto de voces, un vacio escondido en mi esófago, detrás de mi frente, entre mis orejas..un hueco, sin más..."
Es ese interrogante, esa palmada de amargada y devota de Santanarosaquintana, ese jardín secreto de botones y lanas, esos lirios de Van Gogh a punto de cruz enmarcados de madera noble, ese olor a nafatlina, todo eso o cualquiera de ellos , el más absurdo de todos, se convierte en el motor que desencadena la ansiedad de los cuentos.
Y entonces te subes a la noria.Pónte el cinturón y sujétate, por favor.
Lo de escribir es algo casi esquizofrénico, te asalta en cualquier momento y te llena la mente, el estómago, la rutina y hasta los sueños.De repente te asaltan las vidas de otros que nunca existieron, y que ni siquiera sabes si llegarán a cobrar una entidad propia, pero que están ahí, inquietantes, brumosos, hablándote, tomándose cafés, embarcándose en situaciones q ni siquiera tú misma sabes si llegarán a buen puerto.Y mientras todas esas historias se tejen y deslabazan en tu cabeza sientes que la realidad pasa por delante de tí como una moviola, y tú la miras impasible, desde tu burbuja, porque aunque te muevas no darás ni un paso en el mundo de los señores o señoras y ni siquiera tus amigos podrán oir tus palabras, ni mucho menos entender tus miedos porque tú ya estás, ya has pasado al otro lado y los contemplas desde detrás del espejo.
Así siento yo la soledad del que escribe, o así percibo yo mi soledad al escribir.Como verás se trata de un aislamiento lleno de personas pero muerto de voces, un vacio escondido en mi esófago, detrás de mi frente, entre mis orejas..un hueco, sin más..."
4 comentarios:
A mí si me gustan los botones, aunque menos que de pequeña, básicamente porque ahora me imagino cada recoveco, cada agujerito y cada resalte siendo el feliz y caldeado hogar de multitud de bacterias, ácaros y sus primos de Mierdiz y claro! a una le da un ataque de pulcritud y de lavado de manos bestial! No te lo vas a creer, pero el edificio al ladito del mío tiene unos bajos comerciales: una consultoría de abogados, una grow shop y una tienda de lanas y botones y merceria y ropa y qué se yo, porque ni la dueña misma sabe lo que tiene de la cantidad y lo apelotonado que está todo, es como si metieras todo el Corte Inglés en una tienda de campaña, hasta los escaparates sirven de tope a todas las cajas apiladas de fajas y medias... cuando paso siempre miro para adentro por si veo a la dueña, pero ni por esas, andará camuflada entre ovillos, chándals y coderas adhesivas con calor, es un misterio, un agujero negro...
sigue publicando relatos, son deliciosos.
Una pregunta...¿una growshop es lo mismo que una grogshop? es decir..¿es una tienda de licores?Te lo pregunto desde la ignorancia, no de coña, q en castellón todo llega siete años más tarde.
A mí los botones me dan grima desde el colegio, por culpa del babero q nos obligaban a llevar las monjas.Había niñas q se ponían nerviosas cuando las sacaban a la pizarra y chupaban los botones del babi para calmar la ansiedad.Es ver un botón y venirme a la cabeza ese gesto, que no se yo porqué me dá tanto yuyu. Pero las mercerías me parecen unas tiendas fantásticas, un reducto del pasado y un paraíso de la imaginación.Has acertado al llamar a la de al lado de tu casa "agujero negro".Es que son así: carne de expediente iker.
Qué alegría compartir afición por los establecimientos fantasma..besillos!!!
Una grow shop y "el arte del growin'" es cultivar plantas de marihuana, te venden las semillas, la tierra, los fertilizantes, sistemas de riego, camisetas, chapas, fin, en fin, ese mundillo...
Miedfo alas monjas, jajajajajaj, compartimos las fobias también, las de mi niñez más que a la pizarra nos sacaba a un trozo de pared, al lado de la puerta, era "el paredón", qué estrés y qué ansiedad, creo que si me llegaran a salir canas por eso, hubiera sido una niña canosa, suerte que tenía buena retentiva y nunca he sido mala estudiante, porque me he librado de algún que otro capón.
saludossssssssss
Qué vergüenza después de la pregunta. Enrojecida hasta las canas confrimo q sigo viviendo en Fraguelrock..
Publicar un comentario