miércoles, 26 de marzo de 2008

La tramontana

Sopla en Peñíscola un viento que pinta el cielo de un azul más intenso que en cualquier otro lugar de la costa. Los que viven allí -o los que han crecido entre los callejones que llevan al castillo- lo saben y lo respetan. Es más, diría yo que se sienten parte de él, y que es esta una sensación extraña, la de ser parte de un viento que va, viene, arrastra y azota.Pero tal vez sea porque la tramontana ha escogido lugares como Peñíscola para regresar siempre, y los que se sienten unidos al pueblo de Calabuig, los que cierran los ojos y escuchan el eco sordo de las olas rompiendo contra la esquina del Bufador, también saben que por muy lejos que viajen- Madrid, Hong-Kong, Saturno- sus raíces son de agua y están ancladas al Castillo del Papa Luna.Por eso su naturaleza es la misma que la de ese viento.
Paula y Migue han abierto hace unas semanas este local en Peñíscola. Apenas tuvieron dudas al elegir el nombre: la tramontana. En la calle del Sol- si mal no recuerdo), justo al doblar la esquina, han decidido compartir un trozo de su hueco con amigos. Paula inventa ensaladas, montaditos y otras delicias del libro de recetas de Hansel y Gretel, mientras Migue se escapa entre las mesas como un gato delincuente y siempre tiene una sonrisa, diez minutos, un recorte de mar para disfrutarlo con los que hasta allí se acercan.
Sopla la tramontana sobre el ismo y desaparecen los souvenirs de las aceras, las urbanizaciones mastodónticas que empañan los alrededores, los autobuses que descargan turistas como rebaños de borregos, las discotecas piramidales...sopla la tramontana y se lleva todo lo que nos impide ver a los extraños la belleza de ese pueblo.
Y al atardecer, como cualquier noche, a la Tramontana se acercan a cenar Sofía Loren y Charlton Heston.

5 comentarios:

towearin dijo...

siempre me ha parecido fascinante esa piedra ahí tirada, emergiendo bruscamente del mar...

y el azul impresionante desde algún recodo de los callejones, tras el verde de los pocos pinos que aún se aferran al empedrado del pavimento...

a ver cuándo me llevas a probar esas delicias de cuento :)

evamaring dijo...

Aunque la industria del turismo haya restado encanto al pueblo, sigue siendo uno de los lugares más bonitos de la costa. Te llevo antes de lo q tú te crees, y como muy tarde nos vamos en Mayo a una exposición de grabados de Pilar Edo en el castillo para la que me ha pedido un cuento (para el folleto de la exposición) y estoy súpercontenta.Así podremos ir a la Tramontana a celebrarlo.
Besos!

towearin dijo...

bieeeeeeeeeeeeeen

ahora que no nos leen... invitamos a todos los que entran y salen silenciosos en/de tu callejón a que nos acompañen en la cena ? o lo dejamos entre tú y yo?

besosssssss

ninive drake dijo...

Me ha recordado a L'empordà, la canción de Sopa de Cabra... "nascut entre Blanes i Cadaqués, molt tocat per la tramontana, d'una sola cosa pots estar segur, quan més vell més tocat de l'ala..." eso es lo que se me antoja Peníscola (en valencià), visitada infinitas veces siempre que volvíamos de Andorra... incluso unas Pascuas allí, deliciosos recuerdos... en invierno debe ser imponente, con menos gente contra la que luchar...

bona nit

evamaring dijo...

"Ès molt més bonic l'Empordá" Nínive: yo amaba esa canción.De hecho, es de la banda sonora de mi vida.Si te ha recordado en algo lo de la Tramontana, me siento súpercontenta.Y sí Peñíscola es maravillosa en invierno, incluso en pascua si el tiempo no es el de anticiclón. Dicen que no hay nada más perturbador que una tormenta- pero de las buenas- en el castillo, cuando las olas suben hasta los puntos más altos de la parte vieja.
Y es que está tan cerquita...
Toni, invitaremos a los que quieran venir, por supuesto.¿Cuándo nos hemos cerrado a nadie?Además es un sitio perfecto para ir con amigos.O para conocer a más gente, en serio.