Copio-pego el cuento que me sirvió para pasarme "de gratis" una semanita en El Escorial.Algunos ya lo conocéis, pero otros, como Carmen aún no lo han leído- ¡qué raro! Si lo llevo siempre encima, como las órdenes de alejamiento..´.-y nunca lo había colgado en un blog.El título era una palabra japonesa que yo dibujaba sobre papel de arroz en vertical y absolutamente inventada (como veréis no reparaba en efectos especiales) y la historia no está basada, como las películas de Antena Tres, en hechos reales: mi padre sigue feliz y contento y yo siento adoración por él, tanto que mis allegados me llaman Electra. En fín, que ni lo he corregido y lo escribí hace...¿cuatro años? Sé que está sobrecargado de imágenes, pero es q entonces escribía así, cocinaba almendras garrapiñadas, pero bueno, no lo destrozo más...que cada cual opine lo que quiera. Ahí va:
"Silenciosamente, la japonesa volvió a su jaula.
Desde mi sillón no se distinguía bien su rostro, pero creí que estaba más pálida que de costumbre y por eso no me extrañó cuando la escuché sollozar.
Mi padre encendió la televisión para que sus lamentos de pájaro no despertaran su conciencia y resoplando, se tumbó sobre el sofá. Jugueteaba con sus zapatos de muñeca mientras veía el fútbol y la sonrisa de triunfo que se le dibujaba me provocó náuseas.
Me fui a la cocina y pasé junto a la jaula, pero no quise mirar demasiado a Suki para que mi padre no sospechara nada. De reojo comprobé que seguía tumbada sobre el suelo de madera, escondida entre la seda de su kimono, llorando sobre sus pies descalzos.
No dudé: escogí el cuchillo más grande, uno que él también había traído de su último viaje a Asia y bebí un vaso de agua antes de regresar al salón. Mi padre se había quedado dormido con los brazos sobre los ojos. Me asustó pensar qué sucedería si se despertara.
Pero supe dónde debía apuntar cuando distinguí su gemido de geisha entre los gritos del locutor y los ronquidos de mi padre. Al llegar al corazón del viejo con el cuchillo, noté como su cuerpo se doblaba y el famoso empresario que me había dado el apellido hacía un abdominal último e imposible sobre sí mismo.
Me salpicó una sangre pegajosa y caliente y su mirada de montaña rusa clavada en mí. Pitaron el final de la primera parte del partido. Apagué la tele. No se oía nada. Recogí los zapatos del suelo y me acerqué a la estantería.
Suki me miraba, asustada y temblorosa, desde el otro lado de los barrotes. Abrí la jaula y puse los zapatos junto a la puerta.
Ella al principio no supo qué hacer, después, bajó la mirada, arregló su pelo negro y con pasos de colibrí anduvo hasta detenerse frente a mí.
Se calzó con una suavidad infinita, como si estuviera cubriéndose los pies con gasas y me miró.
Yo apenas respiraba.
Echó la vista atrás, despidiéndose de aquella jaula que había llenado de perfume de cerezo y con un susurro me ordenó: “Vámonos”.
No pude coger nada, ni ropa, ni dinero, ni fotografías...nada. Sólo a ella.
Se sentó en la palma de mi mano con la delicadeza de una mariposa y al salir a la calle llovía: la metí en el bolsillo de mi pantalón para que no se mojara, y de vez en cuando la veía sacar por allí la cabeza, dando grititos, como si cantara.
Y así me fui de casa, sin hacer ruído."
Desde mi sillón no se distinguía bien su rostro, pero creí que estaba más pálida que de costumbre y por eso no me extrañó cuando la escuché sollozar.
Mi padre encendió la televisión para que sus lamentos de pájaro no despertaran su conciencia y resoplando, se tumbó sobre el sofá. Jugueteaba con sus zapatos de muñeca mientras veía el fútbol y la sonrisa de triunfo que se le dibujaba me provocó náuseas.
Me fui a la cocina y pasé junto a la jaula, pero no quise mirar demasiado a Suki para que mi padre no sospechara nada. De reojo comprobé que seguía tumbada sobre el suelo de madera, escondida entre la seda de su kimono, llorando sobre sus pies descalzos.
No dudé: escogí el cuchillo más grande, uno que él también había traído de su último viaje a Asia y bebí un vaso de agua antes de regresar al salón. Mi padre se había quedado dormido con los brazos sobre los ojos. Me asustó pensar qué sucedería si se despertara.
Pero supe dónde debía apuntar cuando distinguí su gemido de geisha entre los gritos del locutor y los ronquidos de mi padre. Al llegar al corazón del viejo con el cuchillo, noté como su cuerpo se doblaba y el famoso empresario que me había dado el apellido hacía un abdominal último e imposible sobre sí mismo.
Me salpicó una sangre pegajosa y caliente y su mirada de montaña rusa clavada en mí. Pitaron el final de la primera parte del partido. Apagué la tele. No se oía nada. Recogí los zapatos del suelo y me acerqué a la estantería.
Suki me miraba, asustada y temblorosa, desde el otro lado de los barrotes. Abrí la jaula y puse los zapatos junto a la puerta.
Ella al principio no supo qué hacer, después, bajó la mirada, arregló su pelo negro y con pasos de colibrí anduvo hasta detenerse frente a mí.
Se calzó con una suavidad infinita, como si estuviera cubriéndose los pies con gasas y me miró.
Yo apenas respiraba.
Echó la vista atrás, despidiéndose de aquella jaula que había llenado de perfume de cerezo y con un susurro me ordenó: “Vámonos”.
No pude coger nada, ni ropa, ni dinero, ni fotografías...nada. Sólo a ella.
Se sentó en la palma de mi mano con la delicadeza de una mariposa y al salir a la calle llovía: la metí en el bolsillo de mi pantalón para que no se mojara, y de vez en cuando la veía sacar por allí la cabeza, dando grititos, como si cantara.
Y así me fui de casa, sin hacer ruído."
5 comentarios:
Está muy bien el cuento.
Muchísimas gracias.
Y bajo la cabeza ruborizada.
Un saludo
Viniendo de mí, no tendrías que ruborizarte demasiado...
No, en serio:
A mí lo que me gusta de lo que aquí leo es que parece que las palabras fluyen, se deslizan fácilmente.
(Llegué a tu blog, como supondrás, por el de Richi - LCB)
Cómo no ruborizarme: ayer me enganchó tanto tu blog que tuve q empezar a leerlo por el principio-junio 2006- y flipé.Disfruté muchísimo con tus post.Hacía tiempo que no encontraba a nadie que escribiera así, que escribiera tan bien.Lo de que las palabras fluyen, lo dejaremos...hubo un tiempo en que fluyeron, ahora se recuperan, tratan de dar algunos pasos con muletas, por eso estamos aquí ellas y yo.Para superar el bloqueo, bloggeo. Me alegro de q hayas llegado hasta aquí dese el blog de Richi, de él solo llegan cosas buenas.Me alegro también de haberte descubierto.Tu blog es una delicia.Así q no comenté por reciprocidad o coresía, sino q me tuve q atar las manos para no escribir más.Pero aplaudía en casa.
Un saludo
Lo que te digo, tienes una facilidad... excepcional, por eso entré aquí después de los comments que vas dejando en el blog de Richi.
Lo que también creo es que lo que escribes me transmite autenticidad, sinceridad, no le demos demasidas vueltas a las palabritas... Pero lo digo completamente en serio.
En cuanto al rubor, el mío, de verdad, aunque no quiero "decepcionarte". Cada vez me estiro menos escribiendo y no soy muy dado a lo de poner comments, salvo excepciones. Eso sí, cuenta con que te estaré leyendo... También en el de Richi (qué grande).
Un saludo
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