A media mañana ha sonado el teléfono. Eva, mi compañera de despacho, me ha pasado la llamada a la velocidad de la luz : "¡¡¡Te llaman del Consejo General de la Abogacía!!!¿Qué querrán?¡¡Ponte!!". No sé si se hubiera emocionado tanto de haber sido Zapatero el que estaba al otro lado del teléfono para proponerme la cartera de Justicia. Yo, que vivo rodeada de remordimientos y dentro de una cápsula de culpa me he preguntado qué tipo de sanción podía poner el Consejo- órgano supremo entre los letrados, sumo sacerdote de los picapleitos- y ya no sabía si levantar el auricular o fingir avería, turbulencias o un tornado en Castellón para protegerme del ataque. Nada más lejos de la realidad: solo se trataba de una encuesta sobre el funcionamiento de la administración de justicia y del bonito gremio al que por trabajo, pertenezco.
Me he roto las medias, he subido las botas sobre la mesa y con mi pose más radical y mi lengua más punkarra he ido contestando una a una a todas esas preguntas que siempre he querido escuchar cuando llevo más de media hora en un juzgado y me siento al borde de la depresión. Esta mañana he resultado hasta graciosa, de una ironía tan punzante que el chico de la consultora debe estar pasando un mensaje a sus jefes en plan: "Hemos encontrado una yihaddista en mitad del sistema. Yo advertiría a los de la policía judicial por si quieren vigilarla". y mientras yo, largando por esta boquita: que no creo en la justicia, que los abogados somos los parias de los tribunales, que lo de la igualdad de partes es una broma de mal gusto, que los colegios profesionales sirven para poco o para menos, que cada vez hay menos gente honesta entre los que ejercemos la profesión, que duele hasta el tuétano ver cómo el ciudadano es víctima de la desigualdad y de nuestro descontento, que cuesta un huevo mantener un despacho y después te pasas todos los días del mes pensando "¿para qué?¿para qué?" y que el turno de oficio era bonito mientras duraba la ilusión de estar haciendo algo de forma desinteresada en favor de los más necesitados de la sociedad y luego era una decepción cuando comprobabas que nadie, ni siquiera tu propio cliente, agradecía tus dolores de cabeza ni tus lágrimas.
Aún se escuchaba el eco de mi discurso pseudoanarquista en el despacho cuando ha venido...¿?Magda, llamémosle Magda. Bien, pues Magda es una mujer de veintisiete años con un niño y un pasado de palizas violaciones y malos tratos. La había citado para hablar de su asunto e ir preparándolo.No hemos podido hacerlo. En cuanto he comenzado a preguntarle se ha derrumabdo, me ha contado su situación económica, laboral y personal y he sentido una arcada de impotencia y como los ojos se me estaban llenando de lágrimas. La he escuchado,e intentado animarla y cuando se ha ido me temblaban las piernas. Llevo catorce años en esto y he visto de todo o casi y sin embargo no consigo tener un estómago de acero, un "corazón de piedra", un ánimo de silextone. No puedo...
Cuando conozco a alguien y le cuento que me gusta escribir y que antes oslía hacerlo, siempre me encuentro con la misma suposición : "Siendo abogada tendrás muchos temas de que hablar, ¿no? Habrás oído mil historias, crímenes, robos..." Sé que si yo no hubiera trabajado en esto tanto tiempo podría pensar lo mismo, pero a estas altural cuando escucho esa frase se me tuerce la sonrisa. Intento explicar que el dolor que siente la gente me parece tan profundo y tan sangrante más que a menudo, que para mí sería una falta de respeto y un acto de pésimo gusto fabular sobre lo que he vivido con ellos.
Mi frustración me la guardo en las libretas que rayo en los pasillos de la Audiencia, o en la lentitud corrosiva de cada mañana cuando pienso que tengo que volver a esto y seguir luchando, aunque sea solo para que las estadísticas hablen de que mi fé en el Estado de derecho se ha muerto.
Me he roto las medias, he subido las botas sobre la mesa y con mi pose más radical y mi lengua más punkarra he ido contestando una a una a todas esas preguntas que siempre he querido escuchar cuando llevo más de media hora en un juzgado y me siento al borde de la depresión. Esta mañana he resultado hasta graciosa, de una ironía tan punzante que el chico de la consultora debe estar pasando un mensaje a sus jefes en plan: "Hemos encontrado una yihaddista en mitad del sistema. Yo advertiría a los de la policía judicial por si quieren vigilarla". y mientras yo, largando por esta boquita: que no creo en la justicia, que los abogados somos los parias de los tribunales, que lo de la igualdad de partes es una broma de mal gusto, que los colegios profesionales sirven para poco o para menos, que cada vez hay menos gente honesta entre los que ejercemos la profesión, que duele hasta el tuétano ver cómo el ciudadano es víctima de la desigualdad y de nuestro descontento, que cuesta un huevo mantener un despacho y después te pasas todos los días del mes pensando "¿para qué?¿para qué?" y que el turno de oficio era bonito mientras duraba la ilusión de estar haciendo algo de forma desinteresada en favor de los más necesitados de la sociedad y luego era una decepción cuando comprobabas que nadie, ni siquiera tu propio cliente, agradecía tus dolores de cabeza ni tus lágrimas.
Aún se escuchaba el eco de mi discurso pseudoanarquista en el despacho cuando ha venido...¿?Magda, llamémosle Magda. Bien, pues Magda es una mujer de veintisiete años con un niño y un pasado de palizas violaciones y malos tratos. La había citado para hablar de su asunto e ir preparándolo.No hemos podido hacerlo. En cuanto he comenzado a preguntarle se ha derrumabdo, me ha contado su situación económica, laboral y personal y he sentido una arcada de impotencia y como los ojos se me estaban llenando de lágrimas. La he escuchado,e intentado animarla y cuando se ha ido me temblaban las piernas. Llevo catorce años en esto y he visto de todo o casi y sin embargo no consigo tener un estómago de acero, un "corazón de piedra", un ánimo de silextone. No puedo...
Cuando conozco a alguien y le cuento que me gusta escribir y que antes oslía hacerlo, siempre me encuentro con la misma suposición : "Siendo abogada tendrás muchos temas de que hablar, ¿no? Habrás oído mil historias, crímenes, robos..." Sé que si yo no hubiera trabajado en esto tanto tiempo podría pensar lo mismo, pero a estas altural cuando escucho esa frase se me tuerce la sonrisa. Intento explicar que el dolor que siente la gente me parece tan profundo y tan sangrante más que a menudo, que para mí sería una falta de respeto y un acto de pésimo gusto fabular sobre lo que he vivido con ellos.
Mi frustración me la guardo en las libretas que rayo en los pasillos de la Audiencia, o en la lentitud corrosiva de cada mañana cuando pienso que tengo que volver a esto y seguir luchando, aunque sea solo para que las estadísticas hablen de que mi fé en el Estado de derecho se ha muerto.
2 comentarios:
Pues te va a parecer increíble pero hoy, me he sentido tan desencantada y cansada en el tranajo que le he comentado a N, tomarme un año sabático, por el bien de mi salud (física y sobretodo mental) a lo cual me ha respondido con una perorata de pagos, facturas, fin de mes, etc, etc... a lo cual le he dicho que ya trabajaría en otra cosa, que el problema no e strabajar, es hacerlo donde lo hago en una farmacia gigantesca y despersonalizada. Preferiría tener una tienda de botones o intercambio de cromos antes que hacer lo que hago (conseguir pelas a toda costa para tapar agujeros de las deudas de mi jefe, estamos conminados a ello, pocas veces puedo darme el placer de la atención delicada y atenta, que me encanta y es lo que me mola de la profesión). Ya ves, los trabajos vienen a ser como los matrimonios, hay crisis a los 2 años, a los 7, a los 10 etc, en la que te apetece echarlo todo por la borda y empezar de nuevo... en esos momentos te haces rebelde y anarca, te entiendo, te entiendo....
Y yo Nínive cuánto te entiendo.Lo del año sabático- más aún, lo de tener la posibilidad de cobrar el paro- a mí me parece una utopia, pero a veces lo dejaria todo por ese sueño.Pero hay q seguir, aunque solo sea por esa gente q agradecemos una atención delicada.
Un beso, wapa.
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