
"Donde él estaba, recuerda el hijo, ocurría la risa.De todas partes acudían a reirse, cuando él contaba y se agolpaba el gentío.En los velorios había que levantar el ataúd, para que cupieran todos- y así el muerto se ponía de pie para escuchar con el debido respeto aquellas cosas dichas con tanta gracia.
Y de todo lo que José Luis aprendió de su padre, esto fue lo principal:
-Lo importante es reir- le enseñó el viejo-. Y reir juntos"
"Celebración de la risa", Eduardo Galeano.
Mi abuela fue, ha sido, una de las personas más importantes de mi vida. Crecí enredada en las faldas de su mesa camilla, escuchando sus historias como quien asiste a una tertulia contínua. De ella jamás se me acaban los recuerdos: arrancan en la casa antigua, en cuyo patio plantó un castaño y terminan con la ternura de ayudar a lavarla, cuando ya anciana parecía una muñeca grande, que siempre olía a jabón de rosas o a polvos de talco. Mi abuela, fue, es, una de las mujeres que más admiro (las tres mujeres de mi vida son ella, mi madre y Rosa, mi mejor amiga) y que más me han influenciado. Cuando era pequeña me pasaba el día buscándole la risa, porque mi abuela era muy contenida y le costaba dejarse llevar en una carcajada de gaseosa y vino tinto. Sin embargo jamás perdió la amabilidad del gesto ni la sonrisa dibujada con rouge en sus labios. Ni siquiera la tarde antes de morir, cuando dormía renqueante y yo me agarraba a su mano para retrasar cuanto pudiera la despedida. Pocas personas he conocido en esta vida con su sentido del humor, con su agudeza, con su ironía, con su capacidad de darle la vuelta a los problemas que tuvo durante su vida y convertirlos en una anécdota divertida. Era una maestra en el arte de reirse de sí misma.
A veces me sorprendo hablando con ella. A veces me doy la paga los domingos, como hizo desde pequeña conmigo, o brindo por nuestros secretos con champán (aunque beba cava, porque antes todo nos sabía a lo mismo) o me hago un homenaje de vino con gaseosa, como ella y yo solíamos hacer a mediodia, cuando comíamos juntas. En más de una ocasión, sin saber hasta que punto llevamos impreso un código genético, he vivido una historia igual que la que ella me había contado o he sacado una fuerza desconocida (yo soy de las que se desbaratan cuando pierden un boli y que, por el contrario, se mantienen quietas en el azulejo del chotis cuando arrecia el temporal más fuerte) en la que reconozco todo lo que me enseñó ella.
Entre sus frases más comunes estaba la de "es de bien nacidos ser agradecidos". Con esta son ya doscientas las entradas que sin saber muy bien cómo han llegado a este blog. Empecé a escribir sin querer hacerlo, pero sin que pudiera evitarlo y han sido los comentarios, las visitas y los grandes descubrimientos (los amigos encontrados en la red y que son mucho más que un nick) los que me han traído hasta aquí. Quisiera daros las gracias por tanto- y no sabéis hasta qué punto-como me habéis ayudado. También quisiera dar un abrazo a los que me leen y no se atreven a escribir, o simplemente no han podido hacerlo por la configuración de los comentarios con la que me hice un lio y terminé en silla de ruedas (no sé porqué mi blog ponía la imagen de un paralítico cuando ibas a escribirme algo), o a los que no me lo cuentan. A los que me han linkeado en sus páginas por razones que ignoro pero que ligo al afecto que siempre es y será bien recibido en mi casa. A los que se esconden en el anonimato, por la razón que sea, pero al menos hablan y permiten que pueda escuchar y entender sus puntos de vista. A todos los que han pasado por aquí y se han aburrido. A los que se han quedado diez minutos o veinte días y alguna vez se han reido.
Y sobretodo quiero agradecerles a los que me han sabido leer y me han conocido a través de este disparate- los que se han atrevido a hacerlo- que me hayan acompañado durante casi un año de incontinencia verbal. Mi abuela me enseñó que conversar era una forma de celebrar la vida. De alguna manera me gustaría que estas doscientas entradas se convirtieran en las rosas (le encantaba jugar a ser vedette por un día y recibir ramos de flores)que más le gustaban y con las que sellábamos nuestros cumpleaños. Por darle una forma querida a todo lo que no pudimos contarnos.
Así que me quedo con la sonrisa que me pedía Toni ayer, y continúo escribiendo. Hay mucho que celebrar, tenemos mucho que vivir juntos todavía.
Gracias.
2 comentarios:
Dos expresiones:
Una, de la madre de mi novia, frecuentemente acusada de hablar mucho, demasiado:
"Pues sí, yo hablo mucho, porque a mi madre también le decían lo mismo y siempre respondía que hablando se entiende la gente, que lo malo es no hablar, que es entonces cuando se lían las cosas. Así que yo hablo".
MORALEJA: Sigue hablando.
Otra, de la abuela de un amigo:
"Para que haya listos, tiene que haber tontos".
MORALEJA: Las abuelas son geniales.
Me declaro fans absoluta de las abuelas, comenzando por las propias y siguiendo por las ajenas. Sus frases, sus gestos son sabiduria más pura que el agua japonesa.
Añado dos citas más a las tuyas- que apunto- de la misma abuela de uno de mis mejores amigos:
1. (esta ya la he comentado en el blog) Domingo, frente a un plato de paella cocinada por ella misma: "Y los domingos, en el extranjero ¿qué comen?".
2. Frente al desconcierto que nos producían las parejas(novios, as) de algunos amigos: "Ay hija...¡mira al palmero y verás a la bailaora!"
Por no hablar de la deliciosa historia que contó un nieto en su blog: su abuela le había regalado "crimen y castigo"...¡¡¡para qué seguir si son ellas las que deberían estar escribiendo!!!
¿Te imaginas que al menos por un día Isaac tomaran nuestros blogs nuestros abuelos?
Sería fantástico!!!
Mil besos,
eva
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