sábado, 15 de agosto de 2009

Daily Peñíscola: De balcón en balcón



Estoy atrapada por el verano. Así como lo cuento. Secuestrada en una jaula con barrotes de regaliz. Entro y salgo de "Verano azul" cada tres días: hay mañanas en las que me paso por la tienda para ver a Pancho y tardes debajo del toldo con los padres de Bea y Tito. El síndrome de Estocolmo con mi trastorno de este verano no tiene ni punto de comparación. Vivo en un estado de regresión contínua, no sin vivir en mí sino paseándome por dentro todo el tiempo y voy dándole al rewind y al forward contínuamente. Mi vida de veraneante es así, un salto desde al pasado al futuro, pasando por el presente contínuo, un ir y venir de balcón en balcón.
La Roca- cómo me gusta esta forma de llamar al castillo- se ha convertido en un diván con efectos psicoanalíticos. Un diván con vistas al Mediterráneo, de un rojo púrpura intenso, mucho más cómodo que el sillón Voltaire desde el que escribía sus memorias el pobre Martín Romaña, su vida exagerada que le regaló Donalfredobryce. Yo me paso mirando el mar semana tras semana, desde mi diván púrpura, porque aquí hasta los lunes son días de vino y rosas.
La rutina es la de la dolce vita: me despierto con las campanas de Santa María, me desperezo con las pisadas de los habitantes del pueblo sobre los callejones empedrados y salto de la cama. En la terraza, si desayuno en el castillo, mojo rosquilletas en el café con leche y dejo que el sol me mime como a los gatos. Si me pilla en día de despilfarro o con Antonio despierto nos lanzamos a la búsqueda del batido de melón o del sorbete de sandía o comenzamos el taller de "La buena vida" con Migue y Paula y sus brunch en la Torre. Así comienza un día en el d'Tapeo
- Un pincho de tortilla y un café con leche, por favor- dice Paula con las pestañas aún llenas de mariposas.
- Unas tostadas y un zumo de naranja- se sube al columpio Antonio.
- ¿Pincho de tortilla y café con leche?- pregunto yo conmocionada.
- Es lo mejor del mundo- me responde Miguel con nueve olas - la mejor forma de empezar el día. ¿Te he contado aquel que...?
Comienzan las risas. Formamos expedición y fila india hasta la playa. Montamos el mercadillo de toallas, sillas y bolsas en la arena o nos acoplamos a la sombrilla familiar. La mayor parte del tiempo hay bandera verde, pero si son rojas también nos bañamos. No tanto como los de Zaragoza, eso sí, pero somos constantes. Los habitantes de Zaragoza son raza aparte- marineros del Ebro- en cuanto llegan al mar se van de safari de olas y no se quieren perder una. Los hay que las esperan de frente, para unirse a ellas cuando rompen, como si fueran vaquillas marinas; las hay que las toman en diagonal, surcándolas como sirenas o delfines llegados tras un largo viaje transoceánico. Los habitantes de costa observamos a los de Zaragoza desde la toalla:
- Cómo se lo pasan- y algo de envidia se nos queda en la sonrisa.
Alguno de ellos nos ha confesado sentirse como un niño saharaui tras un verano español: sin ganas de volver, deslumbrado. A nosotros nos encanta que nos digan cosas así, nos gusta buscar sus salacots entre las olas. Media Peñíscola es de Zaragoza: bebe Ambar, juega a las cartas, viaja en autobús y son majicos. Tal vez de esa alegría del Cierzo esté contaminada nuestra playa.
No hay banderas azules para expresarlo.
Las banderas de Zaragoza siempre son, como canta Nixon, banderas rojas (eso sí, con finales felices).
Sin horario de mediodia cuando sopla otro viento cruzamos una vez más hasta los chiringuitos de la Torre. La Torre es nuestro Chrysler, nuestro edificio de Telefónica en Peñíscola. La vida gira en torno a ella: desde el primer desayuno hasta el café o la cañita del final de la tarde, todo pasa por sus bajos. La Torre es Torre Hirta- con hache, ya veis- un edificio de apartamentos de los primeros que se levantaron en Peñíscola, setentero, con catorce pisos y un hechizo entoldado del que hablaré otro día porque merece un post aparte. La Torre es el apartamento al que llegaron los Bisbal- nuestros amigos anfitriones en Peñíscola- y la familia de Paula hace...treinta años?. Ahora es nuestro ombligo, nuestro centro de comunicaciones. Mi amiga Carmen (Bisbal 2) me hablaba de ella durante años y yo la escuchaba como si fuera García Márquez describiendo Macondo. Ahora me paseo descalza entre los Buendía y no quiero salir de esta ciudad fantástica. Una jaula en la que las japonesas llevan hawaianas.
A mediodia el cesped de la Torre está más lleno que la plaza de la Paja en Madrid un sábado, se sirven más cervezas que en todo el barrio de la Latina. Entonces surgen las dudas:
- ¿Dónde comemos?
Hay tres opciones: Jesús (Bar La Torre), D'Tapeo y Cabo Wabo.
Si me preguntan a mí- y hay sitio- la respuesta está clara: gana el d'Tapeo. Fideuà y calamarets muy hechos regados con tinto de verano (más cargados los de Bea, más dulces- y no es por hacer la pelota, las caidas de ojos las regalo porque me apetecen- los de Roberto). Eso si no es viernes, porque los viernes son los días de confidencias y croquetas en el Cabo Wabo, que también llevan Carlos y Roberto (los del d'tapeo) pero que aún guarda el fantasma del Hook entre sus barriles. El Hook era el bar al que iban los chicos de d'Tapeo y los del grupo "Nosalimosdelatorre" cada verano. El bar en el que trabajaba Paula. Aún se ven algunas camisetas del Hook por la Torre y están más valoradas que el guante de lentejuelas de Michael Jackson. A mí el Hook me suena a Carmen (bisbal2) siempre, porque creció entre sus mesas y cuando vuelve a encontrarse con su fantasma le cambia la expresión, se le llena de alegría. Pero ahora el sitio del Hook lo ocupa el Cabo Wabo, donde Carlos y Ana preparan mojitos al atardecer. Los mojitos de Carlos-sr.Mo- ocupan el primer lugar en el ranking de mojitos de este verano.En un pueblo como este, en el que la Caipirinha tiene más fuerza que la horchata, ser el mojito top of the pops es decir que eres un maestro. Carlos es un maestro jedi de los mojitos y de la barra, ahora está adquiriendo una tonalidad de papiro por las horas que se deja sirviendo boquerones y puntillas, mojitos y cañas, pero no pierde la sonrisa enredada tras un golpe de humor. El otro día lo ví conversando con una chica con coletas. La convenció de que era una princesa. La chica tendría tres años y se fue en brazos de su madre encantada: hay que dejar hablar a Carlos para sentirse especial. Incluso en las tardes en que se despierta de la siesta tiene gracia.
Tras la comida-con bañador y camiseta, eso siempre, no hay que perder las formas ni el buen gusto- vuelta a la playa y como los calamarets, vuelta- siesta-vuelta. Resumen de la jornada y planes para la noche. El sol a partir de las seis se convierte en caricia.Es la mejor hora para dormirse en la arena. Paula gime cuando le avisan de que tiene que subir a cocinar o a prepararse para abrir la Tramontana, le cuesta un mundo tener que renunciar a esos momentos, pero en diez minutos se convierte en voguecencienta con la scooter de Miguel como carroza. Antonio y yo subimos paseando hasta el castillo. Al pasar el arco de Santa María tropezamos con las suecas que siguen jugando a las cartas. El otro día Brigitte estaba triste, mohína. Tenía la cabeza ladeada y no seguía la partida. Me preocupó. Cuando volví a pasar por delante de su puerta le habían comprado un helado y se recuperaba entre barquillo, nata y fresa. Brigitte sabe que ya lo hacen las americanas: la tristeza con helado quema menos.
En casa comienza el turno de duchas y crema hidratante. La de aceite de oliva ha ganado el primer concurso de cremas hidratantes del mundo patrocinado por los habitantes de la calle del Engaño. Si entráis en nuestro foro podréis leer las opiniones de los usuarios: Superb! So smooth...trè bien...wow...fantástica.
Después colonia, paseito, calle y cena en la Tramontana (en el Garbí nos han seducido las tortillitas y aún nos queda por probar la moussaka y las pizzas de Manoli un poco más arriba). Las bombillas tilitan - no existe ese término en el diccionario- bajo el balcón. El eco de Neruda escondido en el Mediterráneo nos llega versioneado veinte veces:
"Puedo escribir los versos más felices esta noche.
Escribir, por ejemplo: " La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más felices esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito..."
En la calle del Solet, bajo la sombra del pisco, salta la liebre convertida en sesión aleatoria del ipod. Se despereza la desidia. Otro día más. Paula y Miguel no paran, mientras nosotros nos quedamos cerca, de grupo de apoyo. Cuando bajan las persianas naranja nos acercamos al Salabre, para tomar la última copa del día "donde Jesús". Huele a jazmín en sus sillones.
El eco de las olas choca con los hielos de la caipirinha o de la caipiroska.
De vuelta aún no han recogido la basura que está colgada de todas las puertas para q no se la coman los gatos. Aquí en Peñíscola es que hasta la basura tiene su rito, su costumbre deliciosa.
Las campanas están en silencio.Hasta las ocho el becario no se atreve a hacer prácticas de campanario.
Nos vamos a dormir.
Dicen que ha estado por aquí Belén Esteban.
Lo cuentan hasta en el "Hola" de Cayetano, cuerpazo de este agosto, por unanimidad.
De la Esteban no hemos tenido otra noticia, ni señal.
Yo me tumbo en mi diván rojo púrpura.
Se me escapan los sueños.
Saltan de balcón en balcón.
Disculpen la cursileria
el encriptamiento
los guiños
las caídas de ojos:
es por el calor
por los golpes de mar
por culpa del verano.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Cursilería?? no he encontrado ni una sola nota cursi.....sigue haciendo uso de tu diván color púrpura....porque leerte es una delicia......

Soony

evamaring dijo...

Confirmado Sonia, eres mi lectora incondicional. Gracias rubia!!
eva

lluna dijo...

hola guapa!
ya veo que te has convertido en una mas de la torre. A mi tb me suenan todos esos bares.

ya estamos de vuelta, a ver si nos vemos algun dia!

evamaring dijo...

Hola Anita,
Pues sí la Torre me ha engullido.Tanto tiempo escuchando las historias de Carmen y ahora dentro de ellas...qué ganas de verte. Y de comerme a besos a Lolilla.
Un abrazo
if