"Bebiendo y charlando
riendo y bailando,
bailando y bailando,
va pasando el tiempo
no hay nada como
las noches de verano..."
Pereza & C.Rossenvige, "Madrid", una de las canciones que forman la banda sonora de la Tramontana .
No sé quién es más feliz este verano, las suecas o yo. Al comienzo de la estación, cuando aún nos costaba retener los nombres de los vecinos de la calle del Solet (donde está the local- como les gusta llamar a los ingleses al pub donde acuden diariamente- la Tramontana, the Tramontaine, como la llamamos cuando nos hacemos pasar por los ingleses) Antonio y Juan soñaban- esta última palabra es fruto de mi escritura exagerada e hiperbólica; "soñaban" es un decir, soñaban igual que yo sueño con Gregory Peck, Cary Grant, Marlon Brando o Bogart( lo de Woody Allen es una perversión muy personal) es decir sin urgencias sin mayores pretensiones que la fantasía estética, sin más-con la llegada de las suecas a la capital de la Sierra de Irta. "Soñaban" con el alunizaje de grupos de suecas, rubias, dulces, pizpiretas tan deliciosas como Brigitte Bardot a finales de los sesenta. Mientras ellos soñaban el resto brindábamos con pisco por sus sueños. El equipo es así: uno para todos, todos para uno. Si soñamos suecas nos concentramos todos en ese espejismo, para que se haga carne, después ya llegará el verbo. Pues bien, ha llegado agosto y de las suecas apenas hay débiles reflejos en la playa. El día que no nos acercamos a nuestra casita medieval nos llegan rumores de bandadas de francesas, delicadas como ruiseñores que suben y bajan escaleras del castillo.Pero yo creo que son leyendas. En cuanto ponemos un pie en el muelle de tan queridas señoritas no queda ni el gorjeo.
Así que mientras esperamos- ya digo que es tarea de equipo y la empatía hace que nuestros poderes telepáticos anden a una- yo he bautizado a un grupo de peñiscolanas como "las suecas", porque sin duda alguna son las que mejor se lo pasan este verano. Brigitte- que se llamará Brigida en la realidad- roza los noventa y luce en la foto, moño en la nuca, pelo blanco, vestido provenzal y mandil. Brigitte es el alma de las suecas, sin ella no hay savoir faire, cuando pasas por delante de ellas te saluda y te mira de reojo, con esa picardía del que atesora muchas noches de agosto. Brigitte suele sacar la silla y el taburete en el que aparca sus antes deseables piernas- ahora deseosas de masajes de cariño, con nivea o colonia de bebés- antes del mediodia. Organiza el puesto de tomates con la eficacia del director de mercadona y se pone a vivir lo que el presente le ponga por delante, que suele ser la calle, una calle transitada, zurcida con geranios y en la que sofocan su ansia de turismo miles de cámaras de ocasionales fotógrafos. Por la tarde, como si de un saloncito dieciochesco se tratara, Brigitte organiza partida de cartas. Baraja española: pintan oros, espadas, bastos o copas. Las vecinas la jalean. "ay brigitte, cómo andas esta tarde...". Las vecinas le envidian hasta las derrotas: "ay Brigitte, cómo sabes tú de amores..." y yo quiero envejecer como ella, con una silla, taburete, la melena blanca y la sonrisa llena de viento.
Pues si estas, las suecas, "mis suecas" se lo están pasando no bien y disfrutando del verano- having fun- no os quiero contar lo feliz que soy yo. Es pagar el tique de la autopista y notar un calambre en la espalda. Cojo el atajo hasta la entrada del pueblo para revisar el estado de los campos de melones y sandías- es cool, las sandías, dear sir, son so cool...- me encomiendo a nuestra señora del parking gratuito para encontrar un hueco en el muelle, entre el eco de viajes la golondrina y los restos de cajas de pescado; subo corriendo -y eso que aún no he contado los escalones que me separan de la casa, que deben ser unos cuantos- me escondo en el bikini, salto a las hawaianas (indiespensables para la veraneante que llevo dentro) y con el móvil doy el grito de guerra a Paula, que suele estar en la playa. En diez minutos ya he entrado el la República Federal de la Torre, epicentro de la memoria de Carmen, Migue y Paula, núcleo de nuestra actividad lúdica diaria. Desde allí se suceden nuestros viajes: chiringuito-playa-d'tapeo (el bar de Roberto y Carlos va más allá del concepto bar o chiringuito, d' tapeo es otra cosa, una filosofía de vida...otro día le dedico un post porque ya se lo han ganado por el cariño entre la fideuá, las meriendas de pincho de tortilla y las cañitas sueltas)-playa-siesta-playa-risas-playa-piruletas de corazón-playa-playa...
Cómo no voy a disfrutar, entregada como estoy a la buena vida, al no pensar nada más que cuánto me apetece que sean felices los demás. A vernos felices. Felices sueltos, felices como equipo. Felices. Cuántas olas caben en esa palabra, no me canso de repetirla. Felices.Tan felices como me están enseñando las suecas.
Y es que ellas sí que saben.
Las suecas, queramos o no, lo han vivido todo.
Por eso nos hemos hecho de su equipo.
Si ganamos cantamos las cuarenta.
4 comentarios:
bueno, sin rastro de suecas y con las francesas desconectadas o fuera de cobertura, bienvenido agosto!!!
Me encanta lo de soñar en equipo.......todos para uno, y uno para todos.........desde aquí, yo, que valgo por dos, prometo también hacer fuerza para que el sueño, sea cual fuere, si es del equipo, se materialice.
Besos........de Soony
Tú ya eres del equipo, boba!!!!
Un abrazo enorme
eva
y sí Toni, bienvenido agosto!!!
besos compiii
eva
Publicar un comentario