Un paréntesis que me resisto a cerrar porque huele a veranillo. A vacaciones sorpresa. Me hubiera quedado allí, en las copas de vino- por qué todas las botellas querían ser del 2007, cuando me apuntan que aquel no fue un buen año- de nuestra conversación del viernes. La escalera modernista del restaurante es un caracol que nos hace mirar atrás y seguimos las historias que dejamos a medias hace veinte años, en la universidad, mientras yo conseguía los apuntes y ella ponía la calma necesaria para pasar la noche en blanco el día antes de un examen. Cómo seremos en el futuro. Cómo somos en el presente. ¿Es este un momento de inflexión? ¿Tú qué crees?
Me hubiera quedado allí, en la playa, con los pies y el vestido dentro del agua, paseando como hacía mi abuela por la orilla. Los niños nos miran: llevamos veinticuatro horas hablando y no entienden las risas, ni que a estas alturas nos interrumpamos, ni que dejemos frases a medias. Ni que haya algo más importante que las olas de esta mañana o que el puente que acaban de construir. Ella me pasa las gafas, nos quedamos en bikini y vamos analizando- paseo arriba, paseo abajo- todos los vaivenes del último verano. Somos cirujanas de la tristeza y queremos extirpar ese tumor que late en el estómago de la otra.
- No puedo dormir- le digo- mis miedos son guionistas de pesadillas y cada noche me sorprenden con un nuevo capítulo. Las situaciones que imaginan son tan reales que me despierto agotada y con la sensación de que nunca podré apartarlos de mi cabeza. Son peores que las moscas.
Ella se detiene mira hacia el final de la playa, justo donde está el Cabo y toma aire antes de contestarme. Se ha convertido en una mujer más luminosa que Remedios la Bella, en el aire cualquiera de sus gestos tiene la forma de pirueta. Me coge del brazo y me tranquiliza,
- Vamos a salir de esta: tú y yo. Seremos mejores. Esto solo es un momento de cambio, verás.
Me hubiera quedado allí en su cocina. Latas de mejillones en escabeche, papas, unos pimientos del piquillo recalentados y música mientras los niños comen. Cerveza en copas heladas y las dos bailando, a punto de coreografía. Los niños nos hacen los coros entre bocado y sorbo de agua. Se saben algunas de nuestras canciones, las escuchan cada mañana mientras van al colegio. Las cantan mejor que nosotras. Ellos imitan nuestros gestos entre la rutina y el orden de comer sentado, la servilleta, la ensalada, el pollo y el postre. Nosotras, sin embargo, ponemos a volar los tenedores y cerramos los ojos fingiendo seguir los brillos de una bola de discoteca cuando escuchamos a Robert Smith o aquellos "Huesos" de los Burros.
Seguimos juntas, veinte años más tarde, que son muchos y mienten los que dicen que nada. Me regala la edición de Cátedra de "Cien años de soledad" y casi nos sentamos en el pasillo de la FNAC para pasar la tarde releyendo su novela.
- Esto es escribir, reina. Necesito que te pongas ya. Es tu momento.
Yo bajo los ojos, me escondo en José Aureliano Arcadio, miro a los lados. Cómo me hubiera gustado, cómo me gustaría regalarle mi primer libro, dedicárselo a ella que se ha convertido en mi hermana a fuerza de cuidarme, escucharme, reñirme- evamarín, olvídate de él, no es nada nuestro- y compartir la salud, la enfermedad, la riqueza y mi pobreza siempre con una sonrisa.
El sábado por la noche fingimos ser ricas y famosas, ejecutivas libertinas que viven en Nueva York y que invierten sus ahorros en tacones, secretarias insurrectas de Sterling y Cooper y nos acercamos a casa de Inés para emborracharnos de caviar con blinis, de salmón con champán, de anécdotas y planes de futuro. Nos pasamos información privilegiada de películas, series, productos de belleza y proyectos de leyes. Ninguna de las cuatro se cree que estemos con un pie en la cuarentena. Yo les explico
- He dejado de verme en el espejo. Ahora entiendo a Ana García Obregón. Hay días en los que me asomo al cuarto de baño y me encuentro con una niña de doce años que no deja de estirarse la coleta; otros una anciana que pasa del tinte, con una melena como Carmen Martín Gaite me sonríe e invita a pasar; las menos, una mujer que empieza a pelearse con las arrugas me pregunta qué se pone. Yo me encojo de hombros y evito los escaparates. El día que cuelgue un posado en trikini en la red, incapacitadme, por favor, no lo dudéis. Será el primer síntoma del fin.
Y ella interrumpe, se rie moviendo la cabeza y me dice:
- Ni de coña reina, Ana Obregón se ha pasado la vida haciendo lo que le sale de los cojones. Yo no pienso limitarte en eso.
Vuelve a tener razón y yo vuelvo a pensar que me quedaría allí, con las tres: Inés, Yolanda y ella. Porque los años nos han mejorado y se nota el cariño que nos liga a un árbol común, pero no pesa la confianza. Pienso que con todos los amigos debería pasar igual, que nos deberíamos sentir cercanos siempre, sin estar omnipresentes y sin sufrir cuando a temporadas nos olvidan o pasan al lado nuestro sin observarnos, porque en el fondo los que lo son están, solo que no les vemos. Hay noches más cerradas en las que cuesta distinguir algunas estrellas. Los que no lo son no merece la pena llorarlos.
Me despierto con la casa en silencio y un correo en la blackberry. Huelen a tristeza de domingo las frases que me envían saben a distancia y me encojo. Yo ya no soy la chica de hace un año, que miraba al disparador automático de la cámara con confianza, pensando que tal vez aquella era una segunda oportunidad para ser feliz. Él se disculpa y tiene el trazo más bonito, palabras delicadas, imágenes punzantes. Yo solo tengo una camiseta blanca, la cama deshecha en un hotel antiguo lejos del aeropuerto y un libro dedicado con el que él vaticinó nuestra ruptura.
- Dedícaselo a ella, para que cuando no estemos juntos no haya peleas por los libros.
A mí no me hizo gracia la broma. Me hubiera quedado en la ilusión de un viernes por la tarde en otra ciudad, aguardando a que cambiara de color el semáforo, mientras escuchaba su proyectos y los aplaudía. Me hubiera quedado leyendo la prensa un sábado por la tarde, con la ventana abierta y sin tener prisas por salir a cenar porque todo lo que empezaba a querer estaba dentro de aquella habitación. El correo se deshace entre mis manos. Se apaga la pantalla y ella entra, me espera con el desayuno. Ponemos nescafé, hablamos del amor, leche semidesnatada, lágrimas, la etiqueta de denominación de orígen- ¿existe el amor de tu vida?-las noches en blanco, ¿mantequilla o aceite?, él ya no llamará nunca, mira hacia delante, desayuna, voy a poner música, qué ganas de que escribas, me debes una novela.
Date prisa.
Me quedaría siempre muy cerca de ella, de mi mejor amiga. La reconocería otra vez en cualquier lugar, vestida de actriz de los años cuarenta, de abogada urbanista que no cede ante un plazo, de mamá cariñosa en la parada del autobús. Me quedaré siempre a su lado cuando me necesite. No me moveré un ápice. Seré un perro que duerme a los pies de su cama si es necesario. Porque es capaz de ver y entender lo que nadie conoce, lo que aún escondo, y le gusta. Porque solo me pide tiempo para compartir y lugares para que sigamos teniendo nuestro espacio. Porque con ella se sincronizan dos velocidades, la de los acontecimientos y la de nuestra capacidad de vivirlos.
Porque con ella, cualquier tiempo, por difícil que sea, está nuevo, pendiente de estrenar, lleno de luz. Siempre es septiembre.
Y cada envite huele a veranillo.
14 comentarios:
Saludos, vengo de parte de Raúl, que recomienda tu blog, así que como es un chico listo, y sabe lo que dice, me quedo, no haré ruído :)
Cris, haz todo el ruído que quieras, puedes gritar, reirte, cantar...será un placer escucharte1
Y sí, raúl es un chico listo y un buen amigo.
Millones de besos!
eva
Uis, si me das un dedo, me tomaré el brazo, tú misma :) Un placer "conocerte" guapa! Besos!!
Princesita!!!estoy con ella...ponte a escribir ya!!!! Lo q acabo de leer es precioso...la misma suerte tienes tu que ella!!! escríbela todo lo que quieras y mas porque se lo merece pero ella ya lo sabe todo...
Mil besos!!!
Lu.
Como quieras, Cris, yo encantada.
Lu,
Sé que lo sabe, q lo sabéis los pocos q estáis dentro de mi vestidor de grandísisimos afectos, pero a veces no basta con saberlo, hay q decirlo y celebrarlo.
Lo d ponerme a escribir llegará, si dejo de ser miedosa y vaga.Si encuentro la manera.
Mientras tanto seguiremos sumando días, nombres y pájaros en la cabeza!
Un beso enorme, lleno de ganas de verte
eva
Este post huele a cariño y a marea, a olas que nos mecen en la orilla. Nunca un final de verano me había deslumbrado tanto.
Mi enhorabuena a Rosa y a Eva por hacer real y tangible algo tan manido y abstracto (y en ocasiones vacío) como la amistad
Gracias Anónimo, tu comentario me ha emocionado. Acabo de llamar a Rosa. Como las dos somos unas blandas acabarenos el día entre lagrimones brindando por habernos conocido.
(Disculpa el exhibicionismo, Rosa, pero es q me ha gustado de verdad.)
Un abrazo anónimo.
Y muchas gracias,
eva
Me uno a los que reclaman la novela debida.
Hasta entonces, sigue regalándonos tus posts, ¿me lo prometes?
Eva, que preciosidad.que afortunadas sois por tener lo que tenéis. Os admiro y os quiero mucho a las dos. Gracias por compartirlo . Un beso enorme. Charo
Simultaneidad magenta, eso es lo q pedía yo el sábado para estar en alicante y al mismo tiempo hacer juego con vosotros en la plaza Dos de mayo. Simultaneidad, pero sé que tenemos en proyecto un viaje por la Mancha y me entusiasma la idea. Las tres a la busca de la croqueta perfecta, con Chus+ Nachete, poniendo cintas petardas on the way to Almagro.
Qué ganas de volver a reunirnos pronto.
Te lo prometo, Magenta.
Palabra de blog.
Y besos
Charo,
Sigues al lado. Me extraña q a las once no suene el timbre y seas tú, que me pides un libro para el insomnio. Le leo tu comentario a Rosa y moquea, suspira, pone pestañas de Escarlata O' Hara y hace cri-cri por el teléfono. Yo también te quiero mucho. Y Rosa. Lo sabes. Hágamos algo para volver a pasar la noche en vela juntas, en plan colegio mayor, con larraco y reyitas, venga. No nos quedemos metiendo en tuppers la risa.
Un abrazo fuerte,
eva
Deja atrás tus miedos y la pereza: venga esa novela YA.
Precioso post, gran amistad.
Soony
Gracias Sonia, un beso muy fuerte
eva
Y luego tendremos un post del viaje ;)
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