domingo, 10 de julio de 2011

Música para murciélagos

La mujer que mira a través de la ventanilla del coche es Leonora Carrington. La imagen, supongo, fue tomada hace poco. Murió el 25 de abril de este año. Seix Barral ya había concedido entonces a Elena Poniatowska el Premio Biblioteca Breve 2011 por la novela sobre la vida de esta dama que vuela con los ojos: "Leonora". 
El libro-  496 páginas, 645 gramos- está a mi lado en este momento. Acabo de dejarlo y tengo la sensación de que he vuelto de un viaje larguísimo. Discúlpenme: México, Nueva York, Santander, Saint Martin d'Ardèche y Lancanshire hacen que me sienta un poco mareada. El surrealismo, la fuerza de sus imágenes y la tenacidad de esta pintora- mitad mujer, mitad yegua- me han emborrachado. Mi piso parece estar vacío, como si tres guerras lo hubieran deshabitado al cerrar las tapas de la novela. Ya no se escuchan las voces de Chiki, Max Ernst ni Remedios Varo. Habrá que pintar las paredes, poner lavadoras y cambiar las sábanas.

"Le entregué todo lo que yo era, me sumergí en él y me fue arrancado tan brutalmente que la vida que apenas iniciaba se me rompió; todos los cables de mi cerebro hicieron cortocircuito y me dieron electroshocks para volver a conectarlos."

Página 448, habla Leonora sobre Max Ernst, en la fotografía junto a sus ojos.

"Leonora abandona los gatos, los perros, los viñedos, las figuras esculpidas, el chal de campanitas, las pinturas de Max y las suyas; olvida los libros y el álbum donde empezó a pegar las fotografías. Toda su voluntad se centra en España y en la visa de Max"

Página 165, a la heredera del imperio farmacéutico Carrington la sacan de Francia al estallar la segunda guerra mundial. Max Ernst ha sido detenido por segunda vez. Leonora solo piensa en salvar a su amante-amor-maestro-enemigo (?)

Hay que sacarse algunas novelas de la garganta. En ocasiones, la vida que destilan sus palabras se enrosca en nuestra tráquea y nos impide continuar respirando sin ellas. Ocurre en ocasiones, existen numerosos estudios de universidades norteamericanas sobre el tema y la incidencia de los restos de tinta en nuestros alveolos pulmonares. El departamento de neurología de la facultad de Medicina Nuclear de Iowa concluyó, en 1999, que determinadas áreas del cerebro, en las que se localiza la fabricación de las memorias desdentadas y los falsos recuerdos presentaban conexiones nerviosas de idéntico color a las de los pulmones de personas lectoras que no habían fallecido en accidente. Con ayuda de la Fundación José Camacho- médico guatamalteco, propietario de grandes extensiones de cultivo del cardamomo, bosques de palo rosa y yacimientos de petróleo, que desarrolló su tesis "Literatura, especias y salud" entre los años 1978 y 1987 en la Universidad de San Carlos- y del departamento "Health and Spices, lots of readings" de Belize,  se han abierto nuevas lineas de investigación en los últimos años, con la colaboración desinteresada de los socios de la  Staatsbibliothek zu Berlin- probablemente una de las bibliotecas más hermosas e interesantes del planeta- quienes, de manera altruista, han donado sus cerebros y siguen las pautas de los expertos como si fueran cobayas.
   Hay que meterse en algunas novelas con el pie izquierdo, cerrando los ojos y conteniendo la respiración, como si nos adentráramos en el agua en mitad del invierno. Hay que dejarse llevar y aguantar los vaivenes, los cambios de temperatura, la irregularidad textual, los derroches de sintaxis y los giros dialectales del autor. Seguir leyendo y zambullirse, bajar con él hasta sus infiernos y derretirse al lado de sus metáforas. Continuar descendiendo, amar a sus personajes, olerlos, tener curiosidad, aburrirse de sus formas más enrevesadas, besarlos, brindarles la nuca para que nos pellizquen y consumirse   con su historia. Hay que desnudarse muchas veces para leer un cuento. O una novela, que es casi lo mismo, pero  visto a través de un microscopio. Y después regresar, salir del cuadro con los dedos y la boca llenas de pintura.
  

He doblado muchas de las esquinas del libro. De sus páginas, quiero decir. Hay tantas imágenes y frases para guardar que sé que no podré releerlo hasta dentro de un par de días o moriré de sobredosis. He buscado entrevistas a la autora, Elena Poniatowska en la que hablara sobre la construcción de la novela- ¿Cómo hace alguien para meterse en el cuerpo de una mujer viva?- y solo me ha inspirado desconfianza. Aquí le preguntan en un blog por ese salto de la amistad a la ficción: 

"Bueno, a través del tiempo la he entrevistado, la he seguido, hemos comido juntas, hemos cenado juntas. También me ha invitado a su casa porque hace unos moles buenísimos. Guisa muy bien Leonora, le gusta mucho. Interrumpe la pintura para pararse frente a la estufa y guisar. Entonces era lógico, casi, que yo me pusiera a escribir sobre ella. Además sin molestarla, sin hacerle preguntas, nada, porque nada más con escribir lo que yo veía, lo que yo sentía, lo que ella decía…" 

La desconfianza hacia los antropófagos es un sentimiento primigenio, pero no me lo pueden reprochar. De lo leído se deduce que Elena Poniatowska se comió a la pintora, hizo la digestión y parió un libro con pinceles. ¿Llegaría otra vez, en ese círculo de la vida, el alimento a la mujer vestida de azul que coge el teléfono?

"Jamás pensaría en matarme-interviene Leonora- Tengo demasiada curiosidad por saber lo que va suceder mañana."


Página 407.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta como tratas a los libros y cómo los desmenuces "derretirse al lado de sus metáforas", dice. Qué certero.

"Hay que desnudarse muchas veces para leer un cuento"...pue sí

Me gusta, me gusta

El chico que..

evamaring dijo...

Gracias chicoque, ayer estaba volando con el libro así q supongo q dejé de tocar suelo mientras escribía.
Por eso me alegra q te haya gustado.
Un abrazo,

eva