martes, 25 de mayo de 2010

La última fila del autobús

En el colegio entraba en estado de shock la noche antes de la excursión de fin de curso. Mis mayores preocupaciones la víspera eran:
1. Ponerme enferma.
2. Llegar tarde.
3. Olvidarme de la bolsa de chuches (en la que había invertido mi paga de tres domingos).
4. Que mi madre no me hiciera el bocadillo, y no uno cualquiera, sino mi favorito.
5. No tener sitio en la última fila del autobús (la de cinco asientos, zona vip de la egebé).
6. Que mi compañera ( ahora me pregunto...¿por qué secreta razón en el colegio de monjas nos hacían elegir a una compañera de excursión?) se enfadara conmigo y me dejara sola en la fila.
7. Perderme por ser la única de la clase que estaba sola. Peor aún, que me diera la mano la señorita, o la madre Elvira.
8.Vomitar en el viaje y no tener bolsa de plástico (y pringarme los bolsillos).
9. Dejar en cualquier rincón al que no volviéramos mi mochila.

Tanta preocupación me tenía la noche entera rezando- si con tres avemarías antes de dormir te aseguraban la entrada al cielo, me decía yo, con setecientas quince que puedo rezar hasta mañana a las nueve y media, calculaba miniyo, podré ver el Safari Park de Vergel, ¿no?- y bebiendo agua- mamaaá tengo sed, pasillo arriba, pasillo abajo- con lo que al día siguiente estaba a punto de hacerse realidad el primero y el segundo de mis miedos de tanto pis como hacía. Al borde de la cistitis llegábamos mi madre y yo, armadas de bocata de tortilla( pan restregado con tomate )quesito el caserío, fanta de limón (cocacola no porque solo me faltaban excitantes y colorantes a mí para llegar a la entrada de la autopista violeta) regaliz en cantidades de alijo y- se me olvidaba- la cinta de grandes éxitos de Parchís, a la puerta de autobuses del colegio. Los padres hacían comentarios sobre la seguridad de aquellos bichos, nosotras dábamos un salto de emoción karateka cuando abrían el maletero y una vez que nos dejaron uno que tenía- flipad- cuarto de baño, casi nos pegamos por ir a Barcelona dentro. Después las carreras hasta el final del pasillo (ser mediocre, crecer gris, tener alguna influencia yasí lograr que la sosa a la que se le daba bien el baloncesto te cambie su sitio, junto a la barandilla de la segunda puerta, por una fila chunga del centro) cantar a voz en grito, ponerte roja cuando griten que te gusta "Cheeeeete de los escolapios" aunque el pobre niño te de grima, coger un ciego de regaliz roja, pasarte de vueltas con la negra o darte un chungo con la de palo y creer que te va a dar una subida de azúcar de las ganas que tienes de hacer pis.
En resumen: a las doce horas en casa, con la coleta deshecha, empacho, medio bocadillo envuelto en papel de plata, la camiseta por fuera del vaquero, una sonrisa ausente y mucho sueño entre las cejas. Entonces:

- ¿Y cómo te lo has pasado cariño?
Yo nunca confesé ,

pero debía haber dicho:

- Bien, pero a mí no me da el cuerpo para tanto nervio.

Mañana me voy a Formentera. Ahora mismo mis mayores preocupaciones son:

1. Ponerme enferma.

2. Llegar tarde al aeropuerto.

3. Olvidarme el ipod.

4. Que al cabo de dos días no me quede saldo en la tarjeta.

5. Que no haya sitio para dormir en la casa (mis amigos ya están instalados allí desde el domingo)

6.

7. Perderme la isla por sentirme sola.

8. Vomitar en el viaje y no tener bolsa de plástico.

9. Dejarme en cualquier rincón al que no volvamos mi libreta.

Aquí lo dejo, que no me da el cuerpo.



5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha hechizado la frase "Perderme la isla por sentirme sola". La soledad entre la gente, la soledad que acompaña el ruido...No te preocupes, la soledad volverá en el momento menos pensado, cuando más la necesites. Ya habrá tiempo para ella. Ahora, tienes que sentir Formentera.

Comparto casi todas las sensaciones previas al día de excursión. Esos días eran una oportunidad para ser otra persona. Más allá del pupitres, alejados de la rutina, surgían complicidades imposibles, batallas por convencer al profesor de turno para que pusiera tu cinta y no la de Babiloni.

Y regresar exhausto a casa, con la mochila cargada de sueños y promesas de amistad eterna. El papel de plata como símbolo de una infancia que nunca termina de irse. Me sigue pasando, un bocata con el pan restregado con tomate y tortilla. Un viaje en el tiempo que por suerte Youtube no podrá matar (ese es el origen de mi odio, que algún día explicaré, pero que resumiría con el título de "Youtube, el asesino de los recuerdos")

Raúl dijo...

Veo que nadie te ha dicho que pensar antes de disfrutar, es algo malo malísimo.

evamaring dijo...

q.Sr. Anónimo (supongo q es Ud, por la escritura y la hora),
El miedo a la soledad se ha desvanecido hace cinco minutos, con un esemese remitido por m.bisbal: "solo nos faltas tú, tramontanateam se convierte en sargantanateam!!! Waiting 4U"
La otra soledad tiene las puertas abiertas.
La cinta de babiloni me encanta, pero hay una frase de tu comentario que te robaría sin escrúpulos:"El papel de plata como símbolo de una infancia que nunca termina de irse".
Bruffff...
Y lo del youtube queda pendiente.Lo anoto en mi moleskine.
Novecientos treinta y nueve besos Sr. Anónimo, y no redondee.

¡Ay Raúl! Tienes razón, no, nadie me lo ha dicho o sí, no sé, ya no lo sé, debo haberlo obviado. Pero tienes razón no es bueno para nada, así que debería sacar la silla a la puerta de mi casa y ver cómo transcurren las cosas, disfrutándolas sin adelantar nada.
Las sorpresas así saben mejor.
Miles y miles de besos
eva

Anónimo dijo...

Y el 6...qué te preocupaba en sexto lugar??

Soony

evamaring dijo...

El sexto original lo omití por imposible, Soon yi, ya te lo contaré.Mil besos, eres la única q se ha dado cuenta
eva