
Mi abuela solía decirme que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Sentada junto al ventanal que daba a la avenida, con los labios pintados de rojo, arreglada y con la lucidez que deja el cansancio me lo repetía para que aprendiera. Yo era entonces, todavía, un torrente de emociones sin control. Mi abuela aprovechaba nuestros ratos sueltos o los días que me quedaba a comer en su casa- solian ser los jueves- para darme las clases de escepticismo y calma suficientes para afrontar la vida cuando ella no estuviera. A veces me queda la duda sobre si imaginaba lo que sucedería tras su muerte.
Mi abuela ha marcado mi forma de ser, mi carácter. Siempre lo digo. Era una mujer valiente, demasiado lista para su época, culta, curiosa y honesta. Tenía un sentido del humor especial- muy crítico consigo misma, a veces caústico- que desdramatizaba cualquier cosa. Sus noventa y tres años fueron una carrera de fondo, así que no perdía el tiempo ni la energía con aquellas personas que trataron de ponerle la zancadilla.
Ayer me acordé- una vez más- de ella, de esa frase del desprecio. Después de almorzar cuando mi padre y yo volvíamos al despacho nos dimos cuenta de que, durante este fin de semana, alguien se había entretenido en tachar o borrar con una llave mi nombre y parte del suyo del directorio que hay en el portal. No nos sorprendió, desde hace unos años esa misma persona se ha ocupado de rompernos varias veces el buzón (la cerradura, la plaquita de metal) el timbre de la puerta (sólo pueden acceder a nuestro los propietarios o, o, aquellas personas a los que los propietarios abran la puerta) las cartas que iban a nuestro nombre (partidas por la mitad aparecen en el suelo del descansillo, junto al ascensor) y creo que la placa de la calle. Yo ya he dado por perdida la batalla: sé quién quiere llamarnos la atención porque su torpeza y su rencor- hay personas que viven podridas- le delata, pero no me afecta, no malgasto ni un solo ápice de energía en entristecerme o molestarme. Eso sí, a veces, aún me sorprendo: yo ya he olvidado el cariño y el afecto que les tenía- nos han querido herir tanto que han conseguido borrar lo bueno que hubo- y no me une a su nombre ningún vínculo, pero se ve que a ellos no les ha pasado lo mismo y siguen disparando, y siguen entorpeciendo. Como decía un amigo mío, les gusta arrastrar bolas de mierda. Ya está.
Aplico lo que mi abuela me enseñó y sonrío. Que me llamen cobarde, gallina. Desde hoy me proclamo capitana de las sardinas. No me importa que me insulten ellos. Las palabras califican a aquel que las utiliza, al que las pervierte, al que desconoce su peso.
Yo sigo flotando.
Dentro de un rato, después de comer, tomaré un vuelo hasta Ibiza. Desde allí saltaré a Formentera con un ferri y esta noche dormiré acunada por el faro. Tengo la maleta llena de ganas, de ilusiones, bikinis, camisetas y algún libro. Mi equipo me estará esperando en el Puerto de la Savina. Si puedo escribiré alguna postal de cartón de esas en las que se desvanecen los colores. Mañana a estas horas pasearé por la arena rosa.
Nadie va a perturbar la calma ni la felicidad de esos momentos.
4 comentarios:
Obviaré la primera parte. Sólo diré que haces bien en vomitarlo y pasar página.
Me encanta tu abuela. Me la imagino perfectamente. Coqueta y a la vez lúcida.
Y sí, flotarás. Y sí soñarás. Y sí, nos darás envidia.
Tic-tac, tic-tac, ya queda menos.
q.Sr.Anónimo,
Te hubiera encantado mi abuela, os hubiérais reido mucho juntos. Te hubiera invitado a champán- lo decía así independientemente de que fuera cava, aunque siempre prefirió el de la veuve de clicquot- o a una "rúa" de tortilla con pan restregado (si me leyera ahora me mataría: "chica, no seas así, un buen restaurante con suflé de postre nunca está de más")e incluso te hablaría en francés. Cosas de ella, d la que no me canso de escribir.
Espero que lo veas en el 2012.
Mientras tanto ahí sigo, feelin' groovy...
Un beso
eva
A mí también me gusta tu abuela, pues a lo largo de este blog has dejado mucho de ella, de su esencia...con comentarios, anécdotas y demás.
Prefiero leerte escribir otras cosas, yo también obvio la primera parte y me quedo con la maleta llena de ganas, ilusiones y con tu equipo esperándote en el puerto de la Savina.
Soony
A mi abuela ya le encantabas tú, soon yi
mil besos
eva
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