
""Yo soy la que llega a tus sueños todas las noches y te dice esto: ojos de perro azul" Y dijo que iba a los restaurantes y les decía a los mozos, antes de ordenar el pedido:"Ojos de perro azul" Pero los mozos le hacían una respetuosa reverencia, sin que hubieran recordado haber dicho eso en sueños. Después escribía en las servilletas y rayaba con el cuchillo en el barniz de las mesas: "Ojos de perro azul".Y en los cristales empañados de los hoteles, de las estaciones, de todos los edificios públicos, escribía con el índice: "Ojos de perro azul" . Dijo que una vez llegó a una droguería y advirtió el mismo olor que había sentido en su habitación una noche, después de haber soñado conmigo. " Debe estar cerca"...."
Gabriel García Márquez, "Ojos de perro azul", 1950.
Mi primer cuento no tenía final.Un hombre y una mujer se conocían durante un viaje en un tren nocturno. Él tenía insomnio y ella se enamoraba de su timidez. Comenzaban a hablar y al cabo de las horas se quedaban dormidos. Al despedirse, ella sabía que no iba a poder conciliar el sueño nunca más porque le había regalado a él un lugar donde encontraría descanso. También sabía que, a cambio, ella pasaría el resto de sus noches despierta, pensando en él. Y que solo se encontrarían en ese momento del día, durante la noche, cuando él soñara con la mujer del tren y ella vagara por la oscuridad con el recuerdo de su viaje. Proyecté que no se iban a encontrar nunca más, que su amor sería intangible, irreal.Comencé a escribirlo pero no supe ponerle fín. El borrador se quedó con los apuntes de la carrera y nunca he vuelto a intentarlo.
Un par de años más tarde descubrí este cuento de García Márquez y al leerlo supe que era la misma historia que yo hubiera querido contar.Desde entonces cuando no puedo dormir trato de reescribirla y me vence el sueño con esa imagen en la retina: un hombre, una mujer y esa frase "Ojos de perro azul".
A menudo, cuando me despierto creo que la habitación huele a tí. Y húyo hasta de los cuentos.
3 comentarios:
Mi primer cuento no era un cuento. Lo escribí en esa época de la vida cuando la ficción y la realidad se arropan juntas debajo de tus sábanas. Allí, cuando me iba a dormir, mi pequeña mente de niño insomne de ocho años se ponía a imaginar que Luke, Han Solo y el resto de la banda de Mos Eisley, donde (por supuesto) me incluía yo, nos embarcábamos dentro del Halcón Milenario y… Bueno, había que liberar a una princesa, derrotar al malvado Darth Vader, restablecer el orden en la galaxia, aprender los caminos de la fuerza... y muchas otras aventuras más. Lo normal, supongo.
Y tanto.Creo q éramos unos cuantos los q soñábamos ser Jedis. Aunque he de decir q a mí me parecía guapo-¿¡guapo!?- Darth Vather y temía acabar en el lado oscuro de la fuerza, en el que, por cierto ¿había alguna mujer?
mis relatos que a me nudo me sorprende el buen uso que hacía de sustantivos y adverbios, trataban de campos y aldeas y domingos de playa, con catástrofes (influencia de Los Cinco) donde mi prota salía vencedora y astuta cual H. Poirot, ídolo del momento), lo importante es devorar literatura en una edad específica, creo que así la imaginación va hacia el infinito y más allá!!!
un abrazo Eva
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