martes, 15 de abril de 2008

Awake?


Muchos de mis amigos han trabajado o trabajan en el sector del azulejo, q es lo q más producimos en esta zona. Historias aparte de ese submundo, al que algunos de ellos bautizaron como el Valle de Tuscanny- triángulo, cuyos vértices serían Alcora, Onda y Vila-Real (Porcelanosa's place para situarnos mejor)- a mí se me abren mucho los ojos cuando me cuentan su experiencia los que viajan- fundamentalmente técnicos- y descubro cómo es su vida laboral. Y es que al escucharlos, algo tan placentero y lúdico como es viajar- sueño Nescafé para los restos- se convierte en un suplicio, que deja tras años en este sector, secuelas incurables (síndrome dóndesestámejorquencasa) entre las que destaca un inmovilismo difícil de medicar, un "nosinmisofá" que para mí resulta inconcebible.
La explicación es sencilla: "viajar" en los términos en los que yo lo imagino- los del turista básico, turista lack- no tiene nada que ver con el trabajo viajando de mis amigos. Normalmente pasan un setenta y cinco por ciento del año fuera, lo que significa que por aplicación directa del la ley de murphy siempre se pierden los acontecimientos más apetecibles, léase festivales, conciertos, cenas...; sus destinos son lugares tan remotos como China, El Cairo, India o Moscú, en los que el hecho de hablar inglés es un como tener un paraguas plegable, si llueve y lo llevas en la mochila va bien, pero no te sirve de mucho en el día a día;mantienen sus jornadas de ocho horas, es más, lo normal es incrementarlas hasta diez y casi siempre lo hacen sin posibilidades ni expectativas de descanso dominical: después de un viernes con azulejos y obreros extranjeros en la fábrica, viene la cena en el hotel y el sábado travestido en lunes que vuelve a recibir tu madrugón en el laboratorio con los mismos rostros fugaces, de serie.
Algunas empresas antes, cuando no había tanta crisis, mandaban a sus trabajadores a hoteles de lujo con tarjeta para gastos, como incentivo, qué digo, como consuelo. En aquellos tiempos la soledad se traducía en cenas pantagruélicas para calmar la ansiedad del que no habla con nadie conocido durante semanas. O en karaokees con azafatas de cóctel que sonreían a golpe de visamastercard y que luego, digo yo, habría q disimular al justificar las cuentas. Uno llegaba al hotel sin ganas de nada, salvo de dormir y soñar con una cama que quedaba lejos, y lo más que podía soportar era la visión de los días tachados en el calendario y la fugaz llamada del "¿cómo estás?todo bieen..." Ahora incluso se regatea con las estrellas y claro, siempre hay que tener en cuenta que en el lugar de destino no siempre existe un hotel de calidad global: no es fácil encontrar un Marriot en una región impensable de China, donde ni siquiera llegan las autopistas. Así q dependiendo de dónde tengan que implantar el esmalte, o trasladar su fórmula secreta del bizcocho sus viajes se convierten en una aventura o en una misión digna de agente secreto. Aún así ellos aguantan, se les queda un aire callado en ocasiones, ese punto nostálgico de los héroes del cómic, no cuentan demasiado sobre su rutina y se hacen los valientes, porque solo ellos saben lo que han tenido que lidiar para regresar a la pequeña aldea gala.
Para mayor complicación, lo del teléfono y el amor: yo no sé cómo se han podido forjar tantas relaciones de pareja en la distancia, si ya el bolero dice que es el olvido y con la de complicaciones y malentendidos que surgen a medida que se acumulan los kilómetros. El móvil desde el más allá apenas tiene cobertura y el cansancio al terminar el día te deja mudo.Qué haces cuando alguien espera esa llamada como algo especial.Qué te inventas. Ahora, al menos, está internet y siempre cabe la posibilidad de mandar un mensaje como en "Lost in translation": Awake? Y a partir de ahí que las dotes imaginativas o la creatividad de cada cual intervenga. Pero es que sucede, que aunque lo envíes y te mueras de ganas por guiñarle el emoticono a tu pareja, por culpa de la diferencia horaria lo normal es que Scarlett Johansson se haya dormido al otro lado de la puerta y adiós romanticismo.Adiós a la literatura epistolar.
Azulejos y hotel. Películas que hacen cola en el disco duro. Fábricas llenas de nombres que parecen series numéricas. Billetes de avión a última hora que no se quejan del síndrome de turista. Tortilla de patata y jamón serrano que te abrace en casa.Vértigo al hacer la maleta. Y al final, una nómina tan parecida a la de los que nos quedamos en nuestra ciudad y nos quejamos de la serie de televisión. Ni cervecita al salir del curro, ni cine el día del rata, ni quedamos que hace tanto que no nos vemos, ni me voy a casa de mi madre, ni sábados tirados entre el Babelia y el Yodona...nada.
Para mí es un trabajo de héroes, lo digo absolutamente en serio. Un trabajo que requiere grandes dosis de seguridad y estabilidad mental.Yo no podría soportarlo, a los dos días me volvería loca: cenaría en recepción, hablaría con los aparcacoches y me pondría a llorar cada mañana frente al esmalte, en la fábrica. O me llevaría todos los clicks de mi infancia en la maleta y cada noche llenaría la bañera del hotel hasta arriba y jugaría con ellos, bautizándolos con el nombre de mis amigos. Al cabo de seís meses estaría calva, o con el pulgar anclado en internet o en lugar de tripa tendría banda ancha y por supuesto, probablemente al final contaría con una legión de amigos imaginarios vestidos de pirata o de indios apache.
Por eso cuando vuelvan voy a hacerles firmar en los azulejos del baño de mi casa nueva, como si las paredes de mi comodidad fueran el Paseo de las Estrellas y ellos, Steve Mc Queen o Clint Estwood.

2 comentarios:

garp dijo...

El turista accidental siempre llevará en el bolsillo de su chaqueta una pequeña brújula. El turista accidental se detendrá frente a la mesa de recepción de un hotel en Beijing, o en Phoenix, o en Buenos Aires, y deberá colocar la pequeña brújula sobre la citada mesa. El turista accidental esperará a que la aguja se estabilice y señale de manera fiable el Norte, entonces averiguará el punto cardinal donde queda su hogar, el lugar donde nació, y se dirigirá a la recepcionista del hotel, ya sea en Bucarest, o en Rangún, o en Marrakech, para solicitar aquella habitación cuyas ventanas se encuentren orientadas en la dirección de dicho punto cardinal.


Minutos más tarde, la maleta deshecha sobre la cama, la ventana abierta de par en par, el turista accidental buscará el horizonte con su mirada, un trozo de cielo sobre los tejados de Bombay, o de Nápoles, o de Tokio… La mirada perdida allí, aquí.

evamaring dijo...

vuelves, y es un regalo después de tanto tiempo comprobar q sigues hablando con cuentos.Un abrazo, grap