
Menudo día. Esto de no ser una chica al uso, de las antiguas de Telva cuesta lo suyo.Pasa factura.
Han venido a cenar un amigo con sus hijos a casa y como apenas me he estrenado como anfitriona he dado la vara yo hasta que les he convencido para que dejaran la playa por un rato y se vinieran, informalmente, a Castellón.Entre otras razones, porque también me moría de ganas de estrenar la mesa de la terraza y colocar algunas velitas por allí, en plan chill out, aunque ya esté pasado, aunque todo sea tan pop...He de advertiros que yo no sé cocinar, que cada año que pasa se atrofian más mis movimientos frente a la vitrocerámica, que si se plantan delante de mí un puñadito de garbanzos me pongo a llorar como si fuera el Ministro de Trabajo y los sindicatos hubieran organizado una huelga general, que mis cenas- las unipersonales- se reducen a trocitos de queso y comida prefabricada, saaaaaaaalvo- y eso sí lo he de mencionar, aunque no tenga el éxito que merece- las noches en que tengo el ánimo más bajo y me regalo un revuelto (de mi invención) japonés. El resto del mundo culinario me parece apasionante siempre que lo haga otro y mi inseguridad en este aspecto crece tanto día a día que ya ni me atrevo a recordar que hubo un tiempo en que la necesidad hizo que yo fuera la reina del pollo al horno.Yo...qué tiempos...
Bueno, a lo de esta noche.Vale, me hago la chuliguay pandillera, digo que la cena será informal- he recalcado eso mucho- y llegadas las siete de la tarde (un poco después porque quería hacer unas llamadas de teléfono) entro en capilla.Me santiguo frente a la nevera que parece las bodegas del Titanic y antes de que caigan sobre mí un alud de quesos, rescato mi respiración más pausada del fondo de mi karma: si Arola es fengshui, yo dos tazas. Troceo la fruta para mi ensalada estrella (mango, palmito, queso danés, maiz, nueces...) de un inquieto amarillo; reservo el parmesano para luego añadirle, en el otro lado del cuenco las aceitunas negras (ese toque siciliano que yo siento al ver esa mezcla, no sé porqué) busco los manteles árabes para la mesa (ya no sé si organizo una cena o la Expo) y de repente caigo en la cuenta de que a mi menú lo que le falta- cómo no- es algún tipo de montadito con huevos de codorniz.Me viene a la memoria el exquipisto del que tanto hablo que hace Paula en la Tramontana y a contrarreloj me voy a mercadona en busca de esa delikatessen.De entrada confieso que ignoro el tamaño que tienen sin estrellarse contra el aceite, así que cuando una señorita me los muestra, como quien enseña el bic naranja, se me abren los ojos mucho como a las japonesas y junto las manos en una exclamación profunda:"ohhhh...si parecen un micromachine" .Me llevo un potosí, es decir, doce, una cajita de esas.
De camino a casa silbo, irradio satisfacción ,como Caperucita y su jarra de miel. En cuanto miro el reloj la sonrisa se repliega sobre sí misma y cunde el pánico en mi casa. Alerta roja: saltan las alarmas como en un bunker.Enciendo la vitro, pongo el aceite en la sartén y con la tenacidad de quien quiere ganar el Gran Prix- vaquilla incluída- rompo el primer huevo de codorniz, dándole el típico par de golpecitos secos en el canto de un plato. Clic, clac. Perfecto mi giro de muñeca, pero ahí queda un velo, una telita transparente, una membrana finísima entre la cáscara, la yema y yo, así que, cuando derramo el contenido del huevo sobre la sarten allí no cae nada. Repito la maniobra y al agitar el feto de la codorniz saltan chispitas de clara sobre el aceite que convierten la sarten en un castillo de fuegos artificiales.Me alboroto y suelto el huevecillo: medio cae dentro (con cáscara incluída) medio se resbala por la sartén.Bueno, es solo un comienzo, como otro cualquiera, una cáscara defectuosa la tenemos todos. Una vez frito mi primera incursión en la nouvelle cousine tiene forma de empanadilla y alma de...?¿tapón de témpera? ¿gominola en bote? No lo sé. Vamos con la segunda: en posición, levanto el huevo le arreo un castañazo contra el plato y se me quedan las manos llenas de comidita de la Barbie. Siguen saltando asteroides de masa no identificada sobre la sartén: saltan y se multiplican, como los Gremlins. Mis pulmones se inundan del fengshui y pienso lo mucho que hubiera sacado yo de quicio a Arola y Subijana con estas dotes de atista que tengo. Pero no pienso cuestionarme, así que me lanzo a la tercera, que por sabiduria popular la acepto como vencida, por el mero hecho de participar.Golpeo con precisión el micromachine oval-hasta con un buen swing-no me lo creo pero le parto la mebrana telúrica al bicho y como reacciono tarde, al dejarlo caer sobre la sartén por el camino pierdo la baba-¿dónde está la del caracol?- conservo la yema y me queda un huevo calvo, redondo y hermoso, pero calvo, sin una mala puntilla con que taparse la cabeza. Aunque sea calvo yo le quiero lo mismo, o más, si me pongo sentimental, de hecho cuando le miro creo que me mira y me sonríe en naranja. Naranja le sonrío y pienso si debo chutarme en estos momentos un lingotazo de Campari, será por asociación de ideas.
El ritual se repite hasta que alcanzamos las doce campanadas, con la misma intensidad y sin perder la fé en la simplicidad del perejil que proclama Arguiñano, al final triunfan las cosas sencillas y de la camada de huevos de codorniz sobreviven cuatro medianamente reconocibles y dos que salvo con reproducción asistida, es decir, disfrazándolos entre la sobrasada del montadito y mis ganas de que salgan adelante. Se acerca la hora en que deben llamar al timbre mis invitados y suenan clarines en mi cerebro. Cargada con platos, vasos y cubiertos como quien arrastra un rickshaw subo las escaleras, abro el ventanal de la terraza y cuando observo el cielo: tachaaaaaaaaaaaaaaaán!!! una redonda, hermosa, enorme y obesa nube azul cobalto ha decidido reposar sobre mi comedor balinés.Agggggggggggggggggggggggggggggg Caen algunas gotas.Maldigo a Murphy por certero, mal rayo te parta después de esto.
Pero como una karateka experta miro mi objetivo con la convicción de que si quiero puedo lograr mi objetivo, así que deposito los platos sobre el mantel marroquí, pongo un velón azul mate con arena de Formentera, cierro los ojos y desafío a los dioses. Ahora sí que suenan las alarmas, pero las del móvil: corro a la ducha, estoy a punto de abrir el grifo vestida y mientras coloco lonchas de jamón en un plato llaman al timbre....
No quiero abrir.No me atrevo.Recuerdo la sonrisa naranja del huevo calvo y mi brazo derecho mueve la puerta: doy pena. El pelo mojado, las ojeras descompuestas, una cuña sí otra perdida en mitad de la escalera, las gatas que se acaban de pasear por el arenero en ese instante con el consiguiente olor...Trato de sobreponerme al reconocer a mis amigos.Besos y abrazos.Los niños corren por la casa, mientras yo pregunto qué quieren tomar y mientras preparo un Campari- ahora sí- escucho un leve punteo en los cristales: llueve.Llueve poco, pero llueve.
Deshago mi movida ibicenca y me rindo, enredándome en mi vestido largo y floreado tan de los años setenta...tengo ganas de tumbarme en el suelo. Mis amigos me sonríen y su cariño me levanta. Campamento de combate: cenamos en el salón, escuchamos a Antonio Vega y obtengo dos tenedores- por simpatía- en la valoración de mi guía secreto Michelín. Yo ya he llegado a otro estado vital y como además hay que conducir y no hemos abierto el vino, tengo que diluirme entre la espuma de cerveza, parece difícil pero me diluyo. Acabamos bailando en la terraza, haciendo una competición de rock acrobático, en la que, cómo no si estoy más rígida que la raqueta de Nadal, pierdo.
Al despedirse mi inspector de la guía de Michelín favorito me susurra:"Los montaditos de huevo de codorniz lo mejor de la cena: un éxito". Frida y Just se han escapado al piso de la vecina. Yo hago magia negra con el retrato de Isabel Preysler.
6 comentarios:
SOPA DE TURRON
1 tableta de turrón blando
1 vaso de agua
helado de vainilla con nueces, o con chocolate..
Trocear el turrón y ponerlo en la batidora. Empezar a triturar y añadir agua poco a poco hasta que tenga consistencia de sopa.
Poner la sopa en un bol, plato, copa... y encima una bola de helado.
(versión baja en calorias, todos los ingredientes sin azúcar añadido)
¿Qué mejor que juntar lo bueno de la Navidad con lo bueno del Verano?
Quedarás como una reina... y sin complicaciones.
Besos desde mi nuevo despacho-casa
Alegrías del incendio.
Hola Al!!! qué ilusión verte otra vez!!! Enhorabuena por tu casa-despacho-conexión(?imagino, banda ancha) nueva. Gracias por la receta, la apunto en la moleskine y me aplico:"Helado AL" para mi próximo ágape ya tengo postre, aunque tardaré un poco en "recibir" en casa que hoy me siento agotada, como si mismamente hubiera jugado la Eurocopa. ah!! y la mezcla de Navidad y verano es perfecta. Contraste de delicias.Un beso
eva
Pero a graciosa contando anécdotas nadie te gana. ¡Y eso hace la mitad de la cena!
Pequeño truco: cortar la cáscara con un cuchillo de sierra, o volver a lo de toda la vida, hervidos con salsa rosa.
Un beso muy fuerte.
Gracias Magenta, por el piropo y Yaa por el consejo y los besos.Me los guardo todos!
Deliciosa crónica
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