lunes, 7 de julio de 2008

Funámbula de tal

"Fuiste la niña de azul
en el colegio de monjas
calcetines y coletas..."
"Dolores se llamaba Lola", Los Suaves
"Once upon a time you dressed so fine
you threw the bums a dime in your prime
didn´t you?
People'd call, say
"Beware doll, you're bound to fall"...
You thought they were all kiddin'you
you used to laugh about
everybody that was hanging out..."
"Like a rolling stone", Bob Dylan
" Sobre el oscuro abismo en que meces
Sobre el oscuro abismo en que me mezco.
Sobre el oscuro abismo en que te meces.
Sobre el oscuro abismo en que me mezco."
"Sobre el oscuro abismo en que te meces" Manolo García
Ganaba Federer el set y el bar estaba en penumbra. Cuando entramos ella presidía la barra: tatuaje en el hombro izquierdo, gafas de sol al final de la tarde y la risa de vino cosechero. Me saludó sin saber bien a quién lo hacía y si me conoció, me saludó sin saber bien porqué lo hacía, de la misma forma que le dije "hola" yo, como solemos saludar aquí en las capitales-pueblos de provincia, por pura inercia. Nos sentamos a su espalda, mientras ella fumaba la pipa de la paz con los que ocupaban las otras mesas: era una hora inusual para un restaurante, solo estábamos los que adelantábamos la cena con una merienda impropia o los que se resistían a cerrar el fin de semana. Entre estos últimos los camareros del local, entre el sudor y la sepia, agarrados a botellines de agua y risueños, con ella al frente como capitana.
Le miré los pies y encontré arena, en lugar de los patines de cuero blanco y ruedas amarillas que tanto me fascinaban cuando la ví por primera vez. Era la niña más guapa del Rolling Skate, una pista de patinaje en la que trampeábamos el paso a la adolescencia, donde ella reinaba- tan rubia, tan dulce, tan muñeca- y yo me escondía tras las columnas, sujeta a las barras de seguridad para no perder el poco equilibrio que tenía con trece años. Los chicos, entre carreras le robaban besos, y ella, con sus lazos de Don Algodón los cambiaba como cromos- cada semana salía con uno, cada semana dejaba atrás a otro- sin perder el encanto, ni la sonrisa; sin que se le moviera el jersey anudado sobre los hombros, ni la carpeta apoyada sobre el pecho cuando la esperaban a la salida del colegio.
Se casó con prisas y diademas de flores, cuando yo acababa de terminar la carrera.Trabajaba a ratos y a otros continuaba aprendiendo inglés, haciendo la compra, yendo al gimnasio.Llevaba abrigos largos, de cashmere color caramelo, las mechas más rubias, la expresión de madurez sin ojeras.Tuvo una niña rubia y dulce, como ella.Nos cruzábamos cuando ella la llevaba al colegio y yo me arrastraba hacia el despacho. Después yo tuve que defender un asesinato y tomaba cafés a todas horas, a ella me la encontraba en los destiempos de cafetería: se había desprendido del aire de mujer casada y volvía a ser adolescente. Sonreía con fuerza, había recuperado los vaqueros y llevaba en el pelo mechones del mismo color que los lazos de las coletas de la infancia. Algún sábado la reconocí entre sorbos de gin-tonic, de la cintura de un antiguo novio, ahora motero con el que, febril, se besaba. Mi trabajo me ponía al borde de la crisis y mi vida sentimental se desdibujaba mientras ella organizaba una segunda ceremonia: recuperaba las listas de invitados, volvía al horario de las mechas y el cabello con puntas igualadas.
Ayer contaba la ruptura entre risas de cántaro roto y yo la miraba desde el alambre. Sumaba copas de vino sin que Fèderer le rompiera el servicio a Nadal, las palabras se quedaban entre la hierba y no pasaban por encima de la red y yo, tan perdida, buscaba el equilibrio.
Pagó la bebida, repartió besos a los camareros y se fue antes del quinto set. En cuanto cerró la puerta todos los judas que servían sepia, que bebían de sus botellines de agua comenzaron a reirse de ella: "¿Te has fijado en los ojos que llevaba?""Qué pintas..." Algunos eran del grupo que soñaba con llevarle la carpeta, de los que la esperaban a la salida del colegio cuando estábamos en octavo de egebé. Al oirlos se me atragantó la tortilla y la espuma de la cerveza. Miré hacia el suelo y ví al fondo del abismo, mis pies descalzos. Sentí vértigo y fingí prisas.Pagamos y sin despedirme nos fuimos.Nos dijeron adiós sonrientes los mismos camareros.Al cerrar la puerta me giré y no pude distinguirles entre las sombras. Aún no había ganado Nadal y la tarde de un domingo de verano apestaba a Vetusta.

2 comentarios:

ninive drake dijo...

Mis compañeras que entroncaban con ese perfil, rubias, monísimas, con brakets, y con las últimas zapatillas y carteras a la moda hoy son estupendas amas de casa casadas y con 3 niños, porque o no llegaron a estudiar, o estudiar una carrera de "contemplacion" arte, psicología o vete tú a a saber qué para nunca ejercer... hoy pasean a los niños con el último bolso de El Caballo, sus Geox y sólo compran a sus nenes tetina de silicona porque el látex es sucio y de pobres (ignorantes), eso sí, no sospechan que si marido llega a casa tarde no es siempre por una reunión de trabajo ni una cena con los compañeros de turno del hospital ni con clientes del estudio fotográfico, pero eso a ellas les da igual, nada puede desbaratar su "perfecta" vida cara a la galería...

al menos, tu rubia conocida vive la vida como ella cree, más acertada o menos, pero no se deja mangonear por el que dirán ni vivir una mentira.

PD: tienes un email partido en 3.

un besazo!

evamaring dijo...

Mi "rubia" conocida- como tú dices-no sé si es más valiente que el resto o más inconsciente o si se pregunta todos los días qué hace con la vida ahí, en ese punto.Lo que más me impresionó de ella es que pese a las grandes diferencias que siempre ha habido entre nosotras yo me veía reflejada en su desconcierto, muy cerca de ese caos.Y es que siempre pienso que la línea q nos separa del desastre es más delgada q el hilo de pescar.Lo que me pareció vomitivo fueron los comentarios de garrulo de pueblo...qué tipos...y hasta eso mismo lo he hecho yo alguna vez. De ahí la canción de M.García.
¡¡¡Y me ha encantado el mail Nínive!!!
Besos