lunes, 14 de julio de 2008

Tenemos que hablar

"Me autoinculpo.

Porque sí. Porque la vida sigue, y tú, como puedes vas detrás. Porque se te escapan las horas entre los dedos, y aunque corres, no ganas. Porque te derrumbas sobre la cama y las imágenes se agolpan en tu cabeza.Desfilan por detrás de la frente, deformadas. Si prestas atención, tomas consciencia de que respiras.Pero no siempre prestas atención.Por eso te tropiezas, te olvidas, apuntas mal el nombre o no recuerdas bien la conversación. La vida sigue, con su ruido, sus risas y sus cafés con leche.Con Faulkner, con mi padre y sin Dios.Y en esos pasos, un día como otro día cualquiera haces el amor y ése es el día en que tu cuerpo quiere, o no, cambiar el rumbo de las cosas.Embarazada.Sería un concepto abstracto si no fuera porque se pone el pecho duro y todo tu cuerpo empieza a ser una manera de vivir.
Ninguna mujer mira a los ojos a otra mujer que le pregunta "¿vienes a hacerte un legrado, no?", por frivolidad, o por placer. Por inconsciencia.Ninguna mujer se desnuda, se ata al cuello esa batita blanca, se descalza y se tumba en una cama de hospital sin sentir una larga punzada desde el corazón a la garganta, desde el sueño a la culpa, desde el latido a la agonía. Ninguna mujer recorre ese pasillo que separa su angustia del quirófano, sin sentirse más sola, más pequeña, más lejos y más sorda que nunca. Porque un día como otro día cualquiera hizo el amor con él, aunque él no tenga que ponerse la bata, ni perderse en las luces del techo del pasillo, ni nublar su conciencia entre los ojos de unos desconocidos que van a hurgar entre sus piernas hasta llegar al centro de la vida, allí donde hoy, termina todo.Pero sí puede estar ahí, a tu lado.
Y es que tener un hijo cambia cada segundo de tu vida, el color de tus alas, tu convivencia, la gestión de las cosas, la mirada de él, la relación con tu trabajo, con tus padres, con toda la telaraña que has tejido.Tener un hijo es una decisión irrevocable.Tu decisión.La única. ¿Pero cómo una sociedad cálida, avanzada, sincera, puede permitir que una mujer sienta el estigma del error, del mal, que tenga que mirarnos desde el otro lado de la legalidad, hoy, por abortar?¿Qué tipo de preguntas debieron responder todas esas mujeres que fueron obligadas a declarar?¿Qué noche eterna de insomnio sacudido por el frío del recuerdo tuvieron que pasar ante la pesadilla de verse señaladas, agrupadas en una lista negra que quien quería debería protegerte, se atreve a gritar a dos pulmones? De nuevo la pancarta, la justificación y la locura de recordar que el Cycotec te mata, te desgarra. Como todo lo que se hace en la sombra y a espaldas de la normalidad. Qué poco nos ayuda esa doble moral bien vestida y mejor peinada, que traga con lo peor de este mundo y mantien la calama.Que todos necesitamos amor y una mano que enrede la tuya cuando algo no va bien.Ya no valen respuestas tibias.Hoy no.Ya no.Dejemos el juicio y la verdad suprema para otra vida.por favor, comprensión."
Columna publicada por Cayetana Guillén-Cuervo en el diraio El Mundo el sábado 26 de enero de 2008.


....y la respuesta dada por Fernando Sánchez Dragó en su informativo nocturno de Telemadrid unos días más tarde:

"Y tu padre, por suerte para todos, no te abortó. Tu padre, digo, porque también los hombres abortamos, a fuer de cómplices o de instigadores, cada vez que por comisión o por omisión nos implicamos en el aborto de las mujeres a las que hemos dejado en cinta. Yo llevo sobre la conciencia el peso de cinco abortos. Todos ellos se remontan a los 60, cuando fui progre y tienen un rasgo en común: el de la frivolidad. Nosotros, los de entonces... ¡si yo te contara!. No dispongo aquí de espacio para hacerlo. Una de mis hijas -tú la conoces- nació porque fue concebida en un puerto de Taiwan y ni su madre ni yo éramos capacese organizar un aborto en chino. Cuando lo pienso... se me eriza el alma. Pero no es solo por eso por lo que ahora, Cayetana, yo también, como tú, me inculpo, en sentido contrario, y te digo, a cuento de esas cinco espinas y remedando a Bartleby, que preferiría no haberlo hecho. Entiendo, sin embargo, tus razones, hago mía la compasión que el problema exige y ni se me pasa por la cabeza la demoníaca idea de meter en la cárcel a quien aborta. No son sórdidas noticias policiales (Borges) lo que el asunto exige, sino alta filosofía. Filosofía, digo, y no, al menos en mi caso, teología"
Tenemos que hablar, con calma, con cuidado y con honestidad. Pero sobretodo con respeto hacia el dolor, que no puede ser incrementado por la justicia- a eso se le llama tortura- ni entiende de plazos. Ha llegado la hora de que hablemos del aborto y de que le perdamos el miedo a lo que algunos puedan pensar.

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