martes, 17 de junio de 2008

Las cartas que no te llegaron

Me desvelé el domingo con un reportaje sobre las guerrillas de las FARC. Gracias a dios lo pillé empezado y no ví si trataron el caso de Ingrid Betancourt, que es de los que más me impresionan. Hablaban familiares de secuestrados y algunos de los que consiguieron escaparse o fueron canjeados después de permanecer ocho, nueve, diez años en la selva. Las vivencias de todos eran sobrecogedoras. Cómo te acostumbras a pensar que tu marido duerme en el suelo de un bosque inhóspito, sin comida, enfermo y atado por el cuello a otro compañero, bajo un árbol. Cómo asumes ese hecho y sigues despertándote cada día, y continúas mirando tu reflejo en el café con leche. Muchos enseñaban a la cámara las cartas que ellos les enviaban, utilizadas por la guerrilla para demostrar que están vivos. Su correspondencia como un elemento más de tortura o esperanza. Algo íntimo que genera miedo: "qué quiere decir en esta línea", "no es propia de él aquella expresión" o "creo que me esconde algo porque no menciona...". Los fantasmas del sufrimiento bailando en nuestra imaginación. La sombra de los helicópteros-signo de un ataque militar- que pone en pie al pelotón de fusilamiento. "Los días nublados respiramos tranquilos, porque no se ve el cielo y si hay helicópteros sobrevolando la zona no los escuhamos, ni los vemos, así que no pensamos que ese día vamos a morir" como escribía uno de ellos.
Y después los grupos: los secuestrados políticos-cuarenta- los militares y los invisibles (más de trescientos). Estos últimos son pequeños comerciantes que no cedieron al chantaje económico o que no pudieron afrontar el pago. Las vidas más baratas. Las que menos espacio ocupan en los noticieros. Me pregunto si sus familiares recibirán pruebas de vida, si les llegarán sus cartas. Seguro que en ellas les cuentan que todo es fácil, que en la selva, bajo el cielo estrellado, es más fácil dormir.Que se acuerdan de los cuentos que les leían de pequeños y que se los susurran los unos a los otros.Que están bien.
A veces mentir vale más que la propia vida.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo pude ver todo el documental y te puedo decir que no trataron de manera específica el caso de Ingrid Betancourt. Su nombre, su imagen (la de ella, el pelo recogido atrás, el rostro alargado y vuelto de lado a la cámara, sus ojos clavados en el suelo, una camiseta de tirantes blanca y la selva que rodeaba ya sus hombros desnudos en un caricia extraña, fría en plena selva tropical), formó una pieza más en el puzzle de imágenes y nombres de representantes de la política colombiana secuestrados. Entrar en cuestiones políticas o revolucionarias aquí, sería largo y poco esclarecedor, creo. Los secuestros invisibles de las guerrillas y los rescates armados infructuosos por parte del ejército demuestran muy a las claras las intenciones de unos y otros. Y, en medio de todo ello, los hijos de los campesinos sin recursos de la cordillera y los niños de los barrios marginales de Bogotá, unos y otros, cuando lleguen a la adolescencia tomarán un bando u otro, sin ideologías políticas, tan sólo se matarán entre ellos con un arma y un deseo de supervivencia dentro de la violencia enquistada en otro punto del planeta: Colombia, Palestina, El Congo… La historia se repite: Un nombre, una imagen. La libertad secuestrada, y la selva que nos abraza cada vez más cuando clavamos nuestros ojos en el suelo.

ninive drake dijo...

Es escalofriante, con nosotros trabaja un repartidor colombiano (reparte y monta cosas de ortopedia, camas, sillas de ruedas, monta barandillas de cama y ducha, etc, etc) y la verdad es que no sé como ese hombre es bueno, porque ha crecido en medio de una violencia extrema, nos cuenta que en los barrios pobres siempre hay un padrino que presta dinero y claro, esas deudas hay que pagarlas después, cuando el dinero ha sido para una operación o poderse construir una casa, cosas esenciales y vitales;... si en el plazo tu no tienes el dinero te lo cargan de intereses de forma brutal, (cosa que aquí hacen los bancos de forma totalmente legal y amparada por la ley, pero bueno), el caso es que allí, si ven que tardas más de la cuenta empiezan a matar a gente de tu familia: un hermano, el otro, un padre, destrozan un negocio con el que subsiste una familia entera como una granja prendiéndole fuego con gente dentro, muy salvaje y dice que así se han llegado a extinguir familias enteras, padres hijos, hermanos, cuñados, allí no entra la policia, en esos pueblos no hay más ley que la de no necesitar nunca nada de nadie, si no, estás perdido, realmente duro, por eso allí hasta las mujeres beben sin pudor 3 o 4 vasos de aguardiente en una tarde, para poder sobrellevar esa cruda realidad... lo de las FARC es duro, pero si eximimos a la parte de la ciudadanía que se dedica a las operaciones de estética y concursos de misses, detalle en el que Colombia es punta de lanza, por debajo existe un país dividido entre terratenientes y pobres, la ley del préstamo pagado con vidas... sean secuestros o durmiendo en tu propia cama.

evamaring dijo...

Buf...todo es tan dramático, tan cruel y tan verdad que me sobrepasa. Cuando ví el reportaje quise dormir y apartar los ojos de los desparecidos de la cabeza, pero no pude. A veces la realidad pesa demasiado para ser superficial y desde ahí, feliz.
Es horrible Nínive lo que cuentas. Y sin embargo está sucediendo ahora mismo, mientras escribo este comment y hablamos de ello. Pero dentro de diez minutos lo olvidaré. Lo olvidaremos.Suspiraremos con alivio porque, tal y como tú apuntas, Garp, no nos tocó nacer en ninguno de los dos bandos.No somos campesinos ni colombianos. Y cuando nos cuesta digerir algo apagamos la tele y nos tumbamos en el sofá.
Poco más. Hasta el post es un ejemplo de frivolidad.