domingo, 8 de junio de 2008

Mantequilla y azúcar



Los besos son a la vida lo que las tostadas con mantequilla y azúcar al desayuno: para algunos no es posible concebir una cosa sin la otra.
Ahora que nos escribimos esemeses ymails, siempre salpicamos los finales con besos, por lo que nos convendría hacer un diccionario o catálogo para determinar su significado exacto y no caer en confusiones. A mí los besos de película me saben a escuela, porque aprendí a besar desde una butaca, antes de que llegara un beso de calle: son variopintos y apasionados, cierro los ojos cuando pretendo dar alguno y me gustan desde el de Burt Lancaster en "De aquí a la eternidad" hasta el de "Match Point", pasando por una galería de momentos irrepetibles ("Oficial y caballero", Jack y Sally en "Pesadilla antes de navidad", Hans Solo y la princesa Leia, Bruce Willlis y Cybill Sheppherd en " Luz de luna"...) que es tan personal y prohibida como la de "Cinema Paradiso". Los besos pintados los relaciono con los de mariposa que mi padre me enseñó a dar moviendo las pestañas y es que el de Klimt, es delicado y lleno de oro como las alas de estos insectos. Los de Judas tienen mucho que ver con los protocolarios dos besos con los que sellamos las presentaciones: nunca se sabe a quién se los regalas y dónde acabará esa persona, así que suelo desconfiar de ellos, más aún, evitarlos. Los de agua me parecen cómplices, porque siempre van seguidos de risas. Los de esquimal los imagino debajo del nórdico y como en la canción de Facto de la fé y las flores azules, "Enero en la playa" , así que vamos a acurrucarnos para calentar el iglú... Los portugueses- beijinhos- arrastran fados y vinho verde, son pequeños y se suelen dar en tabernas portuarias al final de la noche. Los besos robados (Truffaud, Loquillo) saben a gloria y ponen la carne de gallina, aparecen por regla general antes de doblar una esquina cuando el resto de gente va delante y se dan a contracompás. Los besos con sal- antes de que los cantara Sabina -eran los de verano, intensos y crujientes, ahora los llevan escondidos en la orilla algunas minifaldas y hay hombres que los depositan en el ombligo. Los de callejón tienen multa de trescientos euros, porque de producirse a la luz del día alterarían el orden público y constituirían una falta (leve) a la autoridad, que los envidia. Los besos redondos son lisérgicos besos de espiral, salvo definición en contra de La Costa Brava que los llenó de música en su canción. Los besazos se me han quedado vacíos y carentes de contenido, aunque los veo en caligrafías desmadejadas y llenas de mechas, no sé porqué. Sin embargo los besillos los encuentro más personales, aunque poco comprometidos, para guardar debajo de la alfombra o entre las fotografías de un viaje. Los de colores son sinestésicos y por eso igual huelen a paella, que saben a jazmin o se derriten al apostar por el verde: son besos de probabilidad y combinatoria. Los besos de despedida deberían soltar vapor como si fueran un resquicio de los antiguos besos de estación, al borde de la escalerilla y con promesas de cartas largas y de "siempre tuya afectísima". Los besos de fotografía se los inventó un señor en Francia que colocó a un hombre con boina y anteojos en París como espía y hasta que no atrapó el mejor de todos ellos no se detuvo. Los besos en la frente tienen mucho que ver con la temperatura, pues o me bajan la fiebre por la tranquilidad y el cariño con el que se depositan o producen una explosión de mercurio de cómo me queman las ganas. Los picos son pequeñas dosis con las que soportamos mejor el mono, a veces hasta saben a metadona. Los de las españolas izan las banderas porque por culpa de la copla, las españolas cuando besan es que besan de verdad y se nos pone el patriotismo entre los labios, rojo y extraterrestre, como la muleta de José Tomás. Tengo debilidad por los besos en la nuca, que me parecen besos de murciélago, vampiro y kryptonita, amante y oscuridad; en el extremo opuesto adoro los besos en el hombro, que son inyecciones de cariño, vacunas contra las pesadillas. Favorezco los besos bajo el muérdago, aunque no crea en Balder ni el las tradiciones norteamericanas, pero es que nunca tengo un saldo excesivo en materia de afecto y no tengo los labios para apostatar. Y los de tornillo los busco en el asiento de atrás de una moto, escondidos en los bolsillos de una chupa de cuero y con "¡Muack" de chicle de menta.
De los míos apenas hablo y mucho meno opino. Aún así, siguen asaltándome las dudas: ¿Y los bersos del capitán, los besos doblados, los húmedos... que significan, dónde se esconden?
¿Cómo son los besos escritos?¿A qué saben los de tinta china?¿Se dan a vuelatecla los besos Underwood o Corona?¿Y los besos 2.0, son fugaces y variables como los cometas? ¿Tienen buena caligrafía los besos de colegio de monjas?...
¿Y los que nunca llegan?¿Y los que se guardan en la comisura de los labios?¿Y los que echamos al aire?¿Y los que se pierden entre lágrimas?¿Y los que nos resucitaron?
¿ Y el último beso?

7 comentarios:

Guaje Merucu dijo...

Hostias, muy guapo el post, me quedo con la referencia a "Enero en la playa", no paro de escucharla desde hace unos días (claro, aparte de "Mar el poder del mar"), es genial, y aunque no tenga mucho que ver con tu entrada este comment me acabo de quedar helado con la coincidencia. También añadir que tendrías que donarme un poquitín de tu caudal imaginativo, pues yo ya me repito más que no sé qué :-)

Respecto a los besos yo suelo ser reacio a cerrar un sms o e-mail con ellos, salvo cuando quisiera dar un beso de verdad si pudiera a la persona receptora, en general a alguna amiga que no tengo a mano, suelo ser sincero en esos momentos.

Pues eso quería decir, deslavazadamente.

evamaring dijo...

Me alegro de que te descuelgues y desordenes con el post. A mí me daba miedo pasarme de cursi, por eso el aviso con el título: "mantequilla y azúcar", para no engañar a nadie, que el contenido viene empalagoso y almibarado.Así que respiro aliviada.
"Enero en la playa" es uno de mis clásicos de los últimos años (claro, también me encantó "Mar el poder del mar") y se repite en todas mis recopilaciones para el coche.Es una caja china, una canción que guarda una historia en la que se cuenta un cuento y en la que se duerme una muñeca rusa. La voz de él es hipnótica y la fantasía de quedarse un martes de enero en casa, de gala homenaje al verano, me parece deliciosa.Yo lo he soñado mil veces.
Me gustan las coincidencias.
Respecto a los besos yo mando muchos cuando escribo y siempre he intentado que fueran distintos. Ahora cada vez me fijo menos en esos detalles, pero antes me lo pasaba bien pensando en inutilidades como esta. Con lo de la imaginación exageras y no eres justo- yo me repito mucho, más q tú seguro- así q no te hago caso. Y me alegro q digas.
Beso,
eva

Guaje Merucu dijo...

Qué de acuerdo estoy con lo que dices de la canción, una definición perfecta. Yo también me identifico con ésta y, salvando las distancias entre las canciones, con la de Miqui Puig "La xxxx canción de amor en la que el chico gana", excelente título, por cierto.

Con lo de los besos tampoco soy tan drástico ni rígido como pueda parecer con lo que dije, así que te mando otro ;-)

Tierra Firme dijo...

A mi, siempre peco de exceso de frivolidad, me encantan los besos gratuitos, los que no tienen consecuencias, son los más difíciles, cuanto más intensos y gratuitos mejor, pero más difíciles. Un beso enorme y profundo que no me cambie, que no cambie nada. Un besito guapa.

evamaring dijo...

No conozco la canción Guaje, aunque el título es fantástico.Pero es q Miqui Puig-¿es el de los programas de cuatro?- creo q me da un poco de grima y tengo q sacudirme los prejuicios.Y me pasa como a tí, q con nada soy tan drástica. Q elaboro un catálogo de besos y a la media hora podría hacerlo dándole a cada uno de ellos el significado contrario.Q soy pura contradicción.O demasiado laxa, como me dijeron el otro día en el gimnasio.Pero me encanta q me mandes un beso, lo cojo al aire y me lo llevo en la mejilla todo el día, para resguardarme de la lluvia. Te mando besos brumosos, para que tú les pongas la forma q quieras.Son como los anillos de humo, los reconocerás porque flotan.
Cómo me ha gustado Tierra, cómo me gustan los besos gratuitos, los que no tienen consecuencias y se desbordan de intensidad. Con los besos también hay q ser frívolo, si eso significa que hay q darlos sin esperar q sean trascendentes, es q hay q darlos y dejar q crezcan como quieran o como los reciban. Como me gusta q no cambien las cosas los besos, o q las cambien. Q haya besos para todo. Pero qué chulos los q describes. Así q mil gracias por el q me envías, otro sin rumbo para tí.

ninive drake dijo...

Uy Eva, esa cacnicón es preciosa, yo le cambio la letra como quiero, en el estribillo sobre todo, Miqui mola, cuando se sale del circuito televisivo, donde lleva peinados horrorosos y se emociona con canciones absurdas... a mí los besos me encantan, menos los de vieja desconocida cuando eres niño, que una desconocida te llene la cara de babas no es muy agradable...

un baggio enorme para tí

PD: no sabía que a la amntequilla se le ponía azúcar por encima para endulzarla, eres la segunda persona esta semana que me lo dice, siempre hay algo nuevo que aprender, tostadas con mantequilla y azucar, esos es nuevo para mí...

evamaring dijo...

¡¡¡A mí me chiflan las tostadas con mantequilla y azúcar!!! Nínive, ¿cómo has podido vivir sin conocerlas? ;) - es broma - pero ojo con el azúcar si te decides a probarlas, no hay que pasarse; mejor que hagas la prueba de darle la vuelta a la tostada cuando la tengas bien repartida y después me dices...La canción no la conozco y a Miqui Puig solo le he visto en televisión.Sigo apuntando en mi libreta la lista de canciones que me recomendáis para escucharlas pronto (esto no se acaba...)
Los besos de abuela tampoco me gustaban nada.Yo también era de esas niñas que se escondían tras la falda de su madre para evitarlos. o peor aún de las que se limpiaba la baba con el codo en cuanto la señora retiraba los labios de mi cara. Qué pesadilla. Con lo besucona que siempre he sido eso lo recuerdo con grima.
Besos con mantequilla y azúcar para tí, Nínive.