
La isla no cabe en blogger.
Lo sabía antes, pero me lo lleva confirmando a través de diferentes servidores desde ayer por la tarde. Llegué a casa con la maleta manchada de barro tras arrastrarla por Ibiza, Valencia y Benicàssim- paradas que me separaban de la playa de Migjorn, donde he vivido estos días-y llena de azules. Si fuera pintora hoy comenzaría una serie de lienzos en contra de Rothko (si fuera una pintora osada, claro): él ya ha atrapado miles de rojos, yo intentaría darle la réplica con el azul. A la tercera pincelada sabría que he fracasado (y no solo por mi falta de talento) sino porque la isla desborda: ni siquiera trayéndome agua del Mediterráneo- de ese Mediterráneo concreto- y haciendo como el pintor de "Océano mar" que mojaba las hebras de su pincel en ella podría conseguirlo.La isla se pinta sola y se despliega cuando quiere. No puedes atraparla, se resbala entre los dedos, como un pez. Pero no desparece sino que deja una estela rosa en la memoria, para que sientas la necesidad de volver a ella cada cierto tiempo.
Descubrí Formentera con Medem y viajé a ella con incredulidad, movida por la intención de convertirme, durante una semana, en Paz Vega. Comprobé que más allá del Faro de Barbaria con su agujero, existe un jardín de higueras, tancas de piedra y amapolas en el que el filtro de "Lucía y el sexo" no se había quemado. Me escapé allí queriendo curarme de un desamor- o lo que yo ya anticipaba que acabaría en desamor- y regresé hechizada con la isla. Soñaba que volvía a la iglesia de la Mola, que recorría andando la carretera que llega hasta el faro y me asomaba a sus límites para comprobar que todo flota.Que la ingravidez no solo pertenece a los sueños.
En esta ocasión buscaba el rumbo, uno pequeño, como mínimo, para ponerlo en la mesita de noche y saber hacia dónde me dirijo un lunes o un martes. Quería, además, "Poner mi mente al sol" - como en la canción -y que la playa de Illetes me la devolviera convertida en un folio en blanco.
Sin embargo la isla ha vuelto a ponerme del revés y me ha regalado distancia.
Distancia para ver las cosas, para desdramatizar mis caos que solo son puntos negros; ahora ni siquiera los distingo. Fue entrar en el Puerto de la Savina y comprobar que a medida que se acercaban sus formas- las casitas blancas, los apartahoteles donde solíamos desayunar- se iban alejando los miedos, las dudas y los problemas que se me enganchan entre las piernas como zarzas.
Así que lo mejor que podía hacer era dejarme llevar. Formentera impone su propio ritmo. La suya es una melodía apacible, serena, que marca las rutas para descubrirla y disfrutarla. No sirven las ideas anteriores, se desmontan los propósitos, es la isla la que toma las riendas y hay que dejarla hacer. En eso consiste el viaje.
Formentera me deja muda, sorda y manca.
Por mucho que haya intentado apresarla con fotos, moleskine y música- Nínive, no hay forma, goear se me resiste; intenté hacer un pequeño vídeo con windows movie maker y ni blogger, youtube o el maldito facebook me lo aceptan- se me ha vuelto a escapar. Miento: la isla me ha secuestrado el ala este del corazón.
Soy yo la que he quedado atrapada.
2 comentarios:
definitamvente la isla es esa persona aue siempre sale movida en la foto o apartándose una fictícia greña de la cara y hay que repetir la foto cientos de veces pero no hay manera, se resiste a ser plasmada para la posterioridad y a que ojos vacíos, insensibles y estúpidos de algunos la "hojeen" por encima sin conocerla sobre el terreno...
hay personas que son como esas islas, una vez se abren te atrapan y son maravillosas, eres tú el atrapado y no hay forma de liberarse, afortunadamente.
besos y abrazos
Sí, es tal y como tú lo dices Nínive. Pero hay q acercarse a conocerla, de verdad, para que no nos confunda lo q otros nos digan o las impresiones q tengamos de lejos. Aunque no coincida con lo que imaginammos, con lo que suponemos la experiencia es positiva, mejor.Hasta los secuestros se agradecen.
Besos
eva
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