Esemese recibido a las 13:40 del día de ayer.
Todos nos acércabamos e inevitablemente todos caíamos en su red. A primera hora de la mañana él colocaba el caballete, el lienzo y sus bolsas de carrefour junto a la puerta de la catedral, se dirigía a la cafetería donde amanecían los que montaban los puestos del mercado ( el Star) y desayunaba con los oficinistas de la Caja de Ahorros. Después, como si él también tuviera que fichar, regresaba a su puesto de trabajo y orientaba su pantalla de tela hacia el Ayuntamiento y la Plaza Mayor. Era menudo como las monedas de cincuenta céntimos, hablador y risueño; tenía el rostro partido por un largo bigote horizontal, parecido al de Rompetechos, pero con él las similitudes no servían. Las cosas eran tal y como él las pintaba, pero nunca pintaba lo que sus ojos estaban mirando. Creíamos entonces que era una adivinanza, un juego en el que nosotros no sabíamos cómo hacer trampas, pero al cabo de un tiempo descubrimos que obedecía a un motivo más profundo.A él no le gustaba ser un espejo, no bucaba reproducciones idénticas de la realidad, falsas iglesias de Chanel en el topmanta, él intentaba contarnos cómo percibía lo que le rodeaba. De ahí que se escapara del lugar donde cada temporada se establecía para ir a buscar un modelo, una imagen dormida en su memoria. Y aunque él no lo supiera, miientras daba ese triple salto mortal sobre nuestros cabezas, nos despistaba.
Tal vez en los últimos años utilizara su habilidad de forma consciente: se detenía con el pincel en la mano, como si fallara algo, tomaba distancia del lienzo y miraba al frente, fruncía el ceño con preocupación, examinaba el edificio o el paisaje que le rodeaba y así pasaban unos minutos- que nosotros aprovechábamos para detenernosy acercarnos hasta él casi de puntillas- hasta que sus ojos se abrían, como si calibrara la intensidad de la luz y entonces parecía que encontraba la clave, regresaba a la pintura- ajeno a los rumores que esparcíamos a su espalda, apuestas de aficionado- ajustaba el color y entonces despertábamos del hechizo y descubríamos- golpe de varita mágica sobre su chistera- con estupor que nada de lo que había en el cuadro estaba en nuestro campo de visión.
Más de uno le dijo que lo suyo era una estafa, que las cosas no eran así, que no se podía jugar con la curiosidad (y la ingenuidad) de la gente...Buscábamos una explicación a sus trucos de ilusionista y solo encontrábamos las colillas de los cigarrillos por el suelo y su sonrisa imperturbable. Si nos poníamos pesados terminaba el cineforum con un golpe de trapo que borraba algo del lienzo que reivindicaba su sondición de trabajador y empresario : "pinto lo que me sale de los cojones". Y de allí mismo le salía el teatro, el estanque del Parque Ribalta, las barcas al atardecer en el Grao, la fachada del ermitorio...cualquiera de los lugares que todos teníamos en la memoria. Era capaz de recordar aquellos sitios que formaban el imaginario de la ciudad al milímetro y sin nostalgias: no azucaraba las luces, no corregía los errores de una rehabilitación, no ahorraba una sola de las palomas que invadían el único parque que teníamos.
Una mañana, cuando el mercado estaba más lleno, vimos como en el rincón del pintor había aparecido una alfombra de velas y mensajes y que, sobre la farola en la que él apoyaba el caballete, habían trenzado una guirnalda de flores. Así nos enteramos de que Juanjo- le bautizamos entonces- había muerto. Nos organizamos en seguida: hicimos listas para mantener frescas las ofrendas y los de los comercios cercanos mantenían el fuego de los cirios.
Ayer nuestros homenajes se interrumpieron. A la misma hora en la que el pintor colocaba sus bártulos apareció un chico con un lienzo por las inmediaciones del Star, se pidió un tercio y un bocadillo y cuando los empleados de la Caja de Ahorros regresaban a sus ventanillas en la oficina principal, salió y plantó su caballete junto a la farola. Nos detuvimos un instante al verlo y contuvimos la respiración, como si fuéramos testigos de la profanación de algo sagrado. Apoyó su paleta en el antebrazo y dió un par de pinceladas. Algo fallaba, lo notábamos en su expresión. Dejó de pintar y sin mirarnos, se echó un poco hacia atrás, frunció el ceño, examinó la fachada del Ayuntamiento, achicó los ojos como si tratara de ajustar la luz de un miércoles y al volverse hacia la tela tenía el semblante satisfecho, como si ya hubiera encontrado dónde estaba la clave del crucigrama. No sé cómo aparecimos allí, cómo le rodeamos, ni tampoco me explicó porqué lo hicimos, pero cuándo se apartó y pudimos observar lo que estaba pintando un escalofrío recorrió nuestras médulas.
Allí, sobre aquel lienzo, estaba el rostro de Juanjo, sonriente, tranquilo, con un cigarro.
"No somos nadie" nos dijimos.Y uno a uno regresamos a nuestra rutina en silencio.
(* Nota: esto es un borrador de un cuento; me da vergüenza colgarlo porque es una idea en la que llevo trabajando hace tiempo y que se llama "Espejo de ranas"- en contraposición a los "Espejos de príncipes" medievales- los personajes son reales, pero se mueven en la ficción.En realidad lo que ha originado esta serie de cuentos ha sido la fascinación que siempre he sentido por esas personas que vivían de una forma distinta en esta ciudad anclada en el tiempo y la admiración que me producen sus historias.)
6 comentarios:
recuerdo al pintor,c. seguro que también.recuerdo los cafes y las tertulias. lo que cuentas al final , ¿es verdad?.
Parece realismo mágico, pero es cierto.Ayer ví cómo retocaba el retrato del pintor.De todas maneras era solo un borrador..
besos
eva
es precioso, si nos auguras un libro así quiero ya mi copia dedicada!!!
un besazo!
Los que quieras Nínive: por el entusiasmo y el empujón para escribir que me diste - que me das-leyendo el blog.Si llegara a existir ese libro (juguemos a la lechera del cuento)tú tendrías mucho q ver por haberme empujado.Pero solo es un saco de ideas y de documentos en word...hay q trabajar mucho para escribir un cuento y aún no tengo ninguno- esto solo era un borrador- terminado.Así que, dejemos de soñar. Pero gracias por la ilusión!! Besos
eva
El relato me parece un acierto. Enhorabuena. Si es un borrador, deberías llegar hasta el final. Sin duda. Por cierto, acabo de leer la recopilación de cuentos de Murakami “Sauce ciego, mujer dormida” y sería una buena recomendación. Besos.
Gracias garp.Eres de las personas q conozco una de las q más sabe sobre cuentos- en el buen sentido, no te llamo mentiroso eh?;)- y sí, es un borrador y sí me apetece llegar hasta el final, así q ya te contaré.Además tenemos una conversación pendiente sobre los tuyos. Anoto los de Murakami.Mil besos
eva
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