lunes, 2 de junio de 2008

Sapos y culebras



Rayos y centellas. Qué ganas de ponerme a maldecir en todos los idiomas y convertirme en Regan, la niña de "El exorcista". Recién llegada de la isla, con el karma más luminoso que nunca y mientras dejaba una estela de incienso a mi paso me he tenido que cruzar- y menos mal que solo ha sido una conversación telefónica y no cara a cara- con un tipo dispuesto a descargar toda su ira del lunes sobre mis muertos. La cuestión era de lo más sencilla: yo llamaba a su oficina para preguntarle a qué correspondía una provisión de fondos que había impuesto su gestoría a mi cliente casi sin consultarle. Además también llamaba para informarle de que su gestoría había tirado por lo alto en los cálculos y en dos de las partidas que se presupuestaban (de un total de cinco) existía, con el costo real, una diferencia de cuatrocientos euros a favor de mi cliente. Es decir, que amenazaba un pequeño conflicto, pero yo le llamaba de buen rollo , con la visión de la playa de Illetes al fondo. Ya que estábamos entre números le iba a facilitar la cuenta de este para que le ingresaran el exceso, después de liquidarlo todo. Mi cliente había tenido que morir en esta gestoría no por mi capricho, eso hay que matizarlo, sino por culpa del banco.

(Abro paréntesis: Los bancos ultimamente solo dan miedo, en cuanto hablas te disparan una nube de piedras. Nunca se sabe qué mano negra se esconde detrás de la hipoteca, pero se ha demostrado mediante estudios científicos que en la mayoría de casos esa mano termina por cogerte del cuello. Mi amigo Óscar dice que le dan miedo los Mickys (los mickysmouse, aclaro) porque hay gente dentro. A mí los bancos me asustan justo por lo contrario: no sé si hay personas al otro lado. Supongo que es un ordenador gigante sin corazón ni sobrinos quien se encarga de la concesión de los préstamos, el que dispone que se impongan cargan los intereses en las tarjetas. Cierro y vuelvo al incidente de esta mañana.Corto y cambio)

Yo llamaba para confirmar la información que necesitaba mi cliente. Mi cliente, que, para más detalle también es el suyo, puesto que les va a tener que pagar doscientos euros casi por la cara. Creo que esto último el tipejo no lo tenía muy claro, porque en una de sus respuestas me ha dicho con el mayor de los desprecios "que si mi cliente no era imbécil sabría que...." le he dicho que no solo no era imbécil, sino que como también era su cliente debía, como mínimo respetarle y no insultarme ni a mí- a quien estaba tratando como a una subnormal profunda- ni a él. Me ha dicho que él simplemente me estaba explicando algo muy sencillo pero que yo no sabía- con retintín- le he dicho que bien, que le agradecía la amabilidad pero que era abogada y podía explicármelo con menos condescendencia porque sabía de lo que me hablaba, cuando él se ha reido de lo de abogada, con un "¿abogada? ¡pues qué mayor!" ( yo que huyo de mi profesión, del gremio y que no soporto a los que van de título, para una vez que me autodefino así y se me ríen en la cara, hay que joderse...) y que además no tenía porqué aguantar los ataques de nervios de una histérica. Me han dado ganas de decirle que yo tampoco tenía porqué soportar la mierda de carácter de un hijo de puta, pero se me ha ocurrido tarde. Cuando he escuchado lo de "histérica" y en vistas de que iba a seguir con lo de "si tienes la regla " o un lindísimo "malfollada"- que por el tono y la inicial de la palabra, es lo que venía- le he dicho que era un gilipollas y como si me hubiera tirado de la coleta en el recreo, le he colgado mientras gritaba. Después se me han ocurrido miles de insultos, de maldiciones, de amenazas con las que obsequiarle pero aún estaba roja de ira y de vergüenza. De ira, por haber llegado hasta ese punto sin haber reconducido antes la situación; de vergüenza por haber perdido, al final, los nervios.

Yo quisiera ser malvada, fría y calculadora para en momentos así soltar una frase corta pero contundente que deje a mi enemigo por los suelos. Pero no sé. Quisiera tener lengua de esparto, vocabulario carcelario, nocturnidad de callejón, saliva de cloaca para lanzar a quien me perturba- con lo espiritual y etérea que me sentía yo está mañana- mi frase inmovilizadora y paralizante. Quisiera perder las buenas maneras para escupirle en los ojos, eructarle en la nariz, mostrarle mi desdén y mi desprecio sin límites. Pero llegada la situación y si soy yo la que está contra las cuerdas ( porque si es otro el atacado me posee una fuerza tan kamikaze que parezco Agustina de Aragón o Juana de Arco) no puedo hacerlo. Cuando pierdo la calma luego me siento peor y los insultos, las subidas de tono se vuelven contra mí como un búmerang. No me gustan nada las peleas, las discusiones, la falta de inteligencia. No soporto los comportamientos ni las actitudes violentas. Parece que me hayan aplicado el mismo tratamiento de choque que en "La Naranja mecánica", cuando alguien es agresivo me dan arcadas.Después me quedo temblando, encendida, con la vena tensa , la mandíbula bloqueada y ganas de saber hacer vudú. Pero soy incapaz de sacar todo eso al exterior, así que suelen asaltarme durante el sueño las pesadillas de "The warriors" y yo siempre aparezco en ellas como la jefa de la banda, pegando patadas y con un puño americano...

Bueno, en realidad no es para tanto, pero si que es cierto que en mis pesadillas suele salir toda esa violencia acumulada y entonces resulta peor, porque ni de día ni de noche me quedo tranquila. Así que preferiría que como en los cómics, cuando la mala leche de un lunes se colara en mi burbuja la respuesta estuviera llena de sapos y culebras.O de algo pegajoso como el blandibú. Y que se le jodiera el expediente al tipo que hoy me ha dado la mañana.

3 comentarios:

ninive drake dijo...

Capitan Haddock de Castellón: cuidado que eso llega a producir cantidades ingentes de bilis, la cual, bien controlada y almacenada podría cegar a su contrincante en fututros ataques de saber usar bien el reflejo, lo ensayaremos para próximas rencillas... también aumenta la insulina en sangre, desciende el azúcar y sube la presión, no vea como actúa el cortisol! que no, no es un chiringuito de playa, es la típica hormona que segregan las suprarrenales que nos alteran el body y nos preparan para el ataque, veo que usted corresponde al perfil de estrés postraumático! deberá aprender a desahogar en el momento los sapos y la culebras que se quedan después horadándole las tripas y haciéndose hueco entre sus glándulas mínimas... no hay problema, cuestión de training... todos los días mírese al espejo, ponga una cara fea, imagine que es la del peor enemigo, y escúpale todas las verdades a la cara, la práctica hace milagros! Robert de Niro lo intentó previamente, sólo que él llevaba un taxi y usted tienen un puesto de mayor responsabilidad, es calcular la justa medida de jarabe para el adversario, y a por ellos!!!

un besazo

evamaring dijo...

Gracias Nínive,me tranquilizas.Realmente es un lujo tenerte cerca, con tu química poética.Me gusta mucho. Además tienes razón.Seguiré la fórmula de De Niro en "Taxidriver", pero espero no pasarme con la dosis y acabar como "Toro Salvaje" o en plan "El cabo del miedo". Ni menciono "El Padrino". Asertividad, esa es la plabra.Asertividad, la repito ante el espejo.Y sí, hubo mucho de estrés postraumático al escribir el post, así que la próxima vez intentaré no almacenar bilis, por el bien de todos. Cuando se posa demasiado tiempo en un organismo creo q conduce a la amargura, y nada más lejos de mi intención.El Capitán Haddock a mi lado esta mañana hubiera parecido Beth la de Mujercitas. En fin...ensayo caras feas.Se lo prometo. Ya sabe que sigo sus prescripciones al pie de la letra.
Un abrazo fuerte
eva

towearin dijo...

hemos hablado a veces de la necesidad de crearnos ese escudo emocional y químico, que nos proteja de la agresividad y toxicidad de muchas de las personas que nos rodean...

sabemos que no merecen nuestro disgusto y dolor... pero si seguimos percibiéndolo al coincidir con esos bichos malos, es necesario hacer ese escudo más fuerte y poderoso...

un beso