Nunca me enamoré de mi profesor- bueno sí, una vez en Inglaterra en un curso de verano, pero es que él tenía veinticinco años y salía en un video de Comunnards- pero esta canción de Rufus me hipnotizó desde el principio. No sé porqué pero me veo a mí misma con un chubasquero- tampoco sé porqué imagino que llueve, si no lo dice la letra- haciendo cola frente al Metropolitan Museum.Y le veo a él, al que ni siquiera conozco, con el pelo mojado y las prisas por hacernos entrar en el edificio mientras mueve de un lado a otro un paraguas negro. No sé porqué le sigo por los pasillos, y enrojezco cada vez que me mira aunque solo sea de pasada, y le escucho mientras se detiene frente a un cuadro de Rubens o Rembrandt y me muerdo las uñas, cuando le veo confesar con una timidez mal escondida su pasión por Turner. Es alto, delgado y cuando se despista mueve de una forma muy particular el cuello, lo ladea como si se hubiera fugado a cualquier otro sitio.
Tampoco tengo un Turner. Ni estoy casada con un alto directivo. Ni vivo en Nueva York.Pero me veo tumbada en la desidia de una casa blanca frente a uno de esos paisajes que tanto me conmueven, tal vez haya un océano amarillo. Hay una cristalera enorme junto al sofá donde resposan mis pies, a la izquierda de esa sala. A través de ella observo cómo caen pequeños saltos de agua por las escaleras de incendios que conducen hasta el cielo del Soho.
Sin embargo cada vez que llueve siento nostalgia por todo el amor que nunca sentí por aquel profesor de arte.
4 comentarios:
plas, plas, plas, conmovida me hallo, porque nunca tuve ningún profesor del que enamorarme... en el colegio de monjas que estudiaba una vez contrataron un profesor de dibujo para primero y segundo de BUP guapísimo según muchas, tanto que sus clases era un suspiro continuo y poco trabajo (mi hermana estaba en primero), se armó tal revuelo en las alumnas que hasta hicieron una reunión de padres (mi madre asistió porque la llamaron también como a todos, aunque a mi madre siempre le pareció una nimiedad) y ante el estupor de los presentes una madre (borracha, desahogada o vete tú a saber con qué hervor de entrepierna) le espetó: "es que no me extraña que las niñas se distraigan con lo bueno que estás tú", no tardó ni 2 semanas en irse, no sé si porque las monjas querían detener la marabunta hormonal desatada o porque el profesor, recién licenciado, tímido y con una cara de ángel vió en aquel colegio la puerta del infierno y decidió ascender por otros lares. Además era un "art teacher" pero yo no lo recuerdo, porque nunca fue mi profesor, y además, los mayores estaban en el otro patio, con otras historias en sus cabezas.
Cuando he leído tu comentario se me ha escapado una carcajada de 7 grados en la escala Richter.La anécdota del profesor y la madre folkórica- parece Máximo valverde-me ha parecido un crack.¡Pobre chico! No sé si sería decisión suya o del consejo escolar, pero después de una reunión así lo de irse parece lo más sensato...´¡Ah! y me encanta imaginar a una nínive pequeñita en otro patio, escuchando el ruido de la marabunta (de hormonas, claro)
besitos,
eva
oooooh, y nuestra dosis diaria? espero que estés bien Eva y no te agobie mucho el calor ni las penas ajenas!
un beso
lo siento Níni, pero me he dormido...ayer me quedé hasta tarde viendo Matrix (no la había visto y me daba mucha vergüenza, pero ahora sí, ahora ya soy una más en la aldea global) y hoy se me han pegado las ganas.Pero vuelvo esta tarde- si puedo entre el gazpacho y el pilates- y sigo contando. Por cierto...me voy mañana a Sot de Ferrer a ver a Richi y a Fran, me lo acaba de confirmar Toni (mi amigo formentereño) y me hace mcuha ilusión verles otra vez y en pla concierto a domicilio en casita de campo.
¿cuándo iremos juntas a algún concierto Ni? Ya tengo ganas de conocerte y darte ese abrazo personalmente!!!
besos
eva
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