jueves, 26 de junio de 2008

Cartografía y cifras de la separación

Tiene que comprarse un juego de sábanas. Cinco vasos . Una lámpara para leer en el rincón. Tiene que aprender a viajar en ascensores pequeños, como si fuera el hombre bala, lanzado al espacio en una cápsula. Tiene que dormir una siesta en el sofá, bajo la luna de neón que le desvela todas las noches. Tiene que hacer una lista de las cosas que poseey otra de las que debe hacer.
Pero todo da vueltas: los tejados, los calcetines, las ventanas y los gatos que se acurrucan en la escalera. Hasta su vida, plegada dentro de una concha, hace un giro de breakdance y él mismo, confuso y lento, perdido en este océano de calles, se ha convertido en un caracol caído del mismísmo Marte.Un sudoku lleno de letras en fila india, goteando por el embudo de una espiral.
Las horas le manchan las ganas como gotas de barro, después del temor. Los reproches saltan desde el otro lado del teléfono como enjambres de abejas. Ayer vió como desaparecía uno de sus recuerdos más queridos por el lavabo y no se asustó. Era lógico: desde hace unos meses su pasado parecía un galeón hundido en el fondo del mar.
Le hace daño pensar que las cartas arrebatadas, los proyectos comunes, el deseo, los viajes sorpresa y las caricias que a nadie se cuentan hayan terminado por reducirse a un prosaico ejercicio de contabilidad: un juego de sábanas, cinco vasos, seis toallas, un cuarto piso, dos llaves, treinta discusiones y setecientas lágrimas que terminarán por enmohecer su colchón.
No quiere volverse un número.
Ella decía que su amor era infinito. ¿Cómo pretende ahora ponerle fechas, marcar su precio, hacer un inventario? Se niega a hacer un balance con decimales de su relación. Tampoco va a ponerle etiquetas. No clasificará el aire de la primera noche que compartieron para que se duerma en una carpeta. No archivará la ilusión con la que hizo el equipaje para venir a buscarla. No. No piensa traducir sus sentimientos en términos de justicia, ni de contabilidad. Él no se embarcó en un proceso ni convocó una junta de accionistas cuando se enamoró, así que ahora tampoco va a hacerlo.
No se traicionará.
No es el doble al que señala su voz tras cada discusión. No habita en él un monstruo cargado de heridas. Es un marinero sin tabernas. Un pianista con miedo a la artrosis. Un hombre normal que teme quedarse solo.
Una persona herida por las arritmias de otro corazón.
Se asoma al ventanuco de su casa y comprueba que se ha calmado el mar de sábanas de los tejados ajenos. De repente ve en ellos su solución: se encarama por el agujero y consigue salir hasta la pendiente naranja de su edificio.
El cielo está mudo.
Se tumba entre las tejas y esta noche su pasado le sirve de almohada.
Mañana comprará los vasos, pero ahora, solo en mitad del horizonte, él navega.

4 comentarios:

Guaje Merucu dijo...

¿Definición? ¿Diccionario? ¡¡Gran post!!

evamaring dijo...

Me alegro de q te guste Guaje.Un beso fuerte,
eva

Guaje Merucu dijo...

Me venciste por identificación, if, una vez más. Besos

evamaring dijo...

¿Por identificación, Guaje? :( No me gusta ve(nce)rte así. Pero yo también he estado en esas circunstancias- con ganas de escaparme por los tejados- y no dura eternamente.Hoy un abrazo, fuerte.
eve