miércoles, 21 de mayo de 2008

Justine


"Después de todo, Justine solo comprometía el lado más insignificante de mi vida: mi reputación"
Palabras de Nessim, "Justine" de Lawrence Durrell

"...Pese al nudo de cansancio en las pestañas hoy he llegado al final de la novela. Lágrimas, suspiros y la mirada perdida en el horizonte, desde donde seguro que parten las cartas de Clea, o se esconden las manos de campesina de Justine ya perdida el aura de demonio, ya vencida de tanta búsqueda. Odias ese libro. Te entiendo, yo lo amo.Y lo odio. Igual que siento como Melissa y sueño como Justine. Cuanta vida derramada por los callejones. Cuanto amor de verdad, sin calidades ni hipotecas..."
de un correo enviado desde San Petersburgo en agosto de 2006, "carta de navegación".
Aquella semana, antes de irme a dormir, siempre subía a ver a las Iwasakitas, cuatro gatas que me cabían en la palma de la mano y que aullaban a coro desde el otro lado de la habitación de invitados. Tres de ellas eran rubias- como las trillizas de Julio Iglesias, MªElena, MªLaura y...no recuerdo el tercer nombre- y una, la más cariñosa, la que siempre se me enredaba en el tobillo, era carey. El escritor la había bautizado Semele, pero yo desde el primer momento en que la ví la llamé Justine por cómo jugaba conmigo con la mirada.Las Iwasakitas eran tres minas de oro y una de carbón, correteaban por el cuarto, bailoteaban y se escapaban en cuanto abrías la puerta una rendija. Aquel verano la casa de Laura estaba llena de gatos- creo que éramos doce, contándonos las dos- y mientras ella se abanicaba entre estadísticas y conceptos de generación, yo me dormía leyendo el Cuarteto de Alejandría; por las mañanas me iba a escribir en el piso superior de la floristería de Marc y por la tarde, ya con Laura vestida de profesora, discutíamos en la calle San Bernardo sobre creación literaria.
Se fueron llevando a las rubias primero- Clea, MªElena...- regresé a Castellón y Justine al despedirse no bajó la mirada. Viajé hasta San Petersburgo y ya de vuelta a casa, ya metida en el estómago de otra novela- la que comenzaba a escribir entonces mi amigo Miguel- terminé el Cuarteto. De no haber sido porque los andamios de la novela de Miguel me tenían fascinada hubiera dicho que mi ánimo era, al terminar el libro, el paisaje de Nagasaki. Cada vez que llamaba a Laura preguntaba por Justine: se publicaba el ensayo, se agostaban las flores de Marc, se iban llevando a las otras gatas, se enamoraban los hombres que por allí pasaban- desde el portero hasta el último de sus amigos- de Semele, pero después de robarle el cariño, después de que la gata se durmiera en la palma de sus manos, se iban dejándola.Su belleza era- todos lo decían- demasiado extraña.
En octubre ya no me bastó con escucharla al teléfono y me la traje de contrabando. Frida y ella se pasaron una semana midiéndose las distancias, bufándose, batiéndose entre miedos y recelos. Hasta que Justine la besó y se cayeron las murallas. Frida la cogió y ahora duermen juntas, enroscadas en el símbolo del yin y el yan.
Justine enamora a todos. Desde mi padre hasta Jaffar- por el que la gata ha llegado a sentir celos- todos sucumben a su mirada copta. Justine se nos derrite a todos entre los brazos, maúlla, da la réplica, salta y a menudo se queda así, como está en la fotografía, sin llegar a tener la rigidez o el hieratismo de una gata egipcia, pero con el porte de una diosa de otro tiempo de otra época.
En esos momentos, yo imagino que ha vuelto a Alejandría, que sigue paseando por sus callejones y que a veces se pierde en algún cuarto, sin dejarse querer demasiado, para dormir con los ojos abiertos en algún abrazo.

7 comentarios:

Tierra Firme dijo...

Sí,debemos aprender a dormirnos en los abrazos, que nos quieran y dejarnos querer con esa pereza digníssima tan propia de los gatos, salvajes o domésticos, lo mismo, Gardfield es realismo puro.
A propósito, en mi pueblo, allá en américa, dicen que los Dioses nos vigilan a través de los ojos de los gatos, quién sabe?!!!

evamaring dijo...

A veces cuesta mucho dormirse en un abrazo, pero ojalá nos vigilen los gatos y si es cierto lo que dicen en tu tierra, ojalá también nos cuiden.

ninive drake dijo...

preciosa, es un amor para derretirse mirándola y la tercera era Mª Eugenia... a la que han hecho abuela hace poco...

un abrazo cánido y cándido para las 3.

muackaaaaaaaaa

evamaring dijo...

Ahhh...no me acordaba. Lo sabes todo nínive.Mil besos de las tres Frida, Justine and me.
Abrazos

Guaje Merucu dijo...

Qué guapa la gata. Mi hermana tiene uno muy parecido, al que siempre llamo el gato egipcio. Con lo vago que es, pero tan elegante...

evamaring dijo...

La verdad es que desde el principio la gente- los q querían adoptar- no se la llevaban porque decían encontrarla "fea". Y ella solo reclamaba amor y cariño. Yo creo que su belleza les soprepasaba y su generosidad también, y que por miedo a no estar a su altura no querían quedársela. Cuando llegó a casa un amigo me dijo que si había amadrinado un murciélago- cabrón;)-pero yo siempre la ví lindísima: mi gata copta. Ahora nos tiene a todos enamorados.Y eso sí no hay hombre que se le resista.Además la muy bruja tiene buen gusto y se derrite si son guapos.Es una buena directora de casting.Y sí, tiene una dignidad egipcia.En fín que me pongo a hablar de ellas y no paro...

Guaje Merucu dijo...

Mi hermana tiene dos gatos más (de raza) aparte del egipcio, que es callejero. Uno de ellos es siamés y el otro de una raza..., bueno ni idea, pero tiene un pelaje espectacular y es mogollón de cariñoso.
Aunque me quedo con el egipcio sin duda, me gusta mirar su porte, y tiene unos ojos que son pura vida.

p.d.: murciélago, jaja, qué cabrón. Y esa gata lo tiene todo como directora de casting :-)